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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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14 Diciembre 2018 04:06:00
El mesié
En días pasados asistí al informe del alcalde de Saltillo, Manolo Jiménez, una de las nuevas figuras en el firmamento político del estado. El acto pareció más un predestape para la sucesión de 2023 (distinto al de Humberto Moreira en 2005, en Parras, pero destape al fin), avalado por el gobernador Miguel Riquelme, saltillense adoptivo, según se declaró en el auditorio del museo de los dinosaurios. A la ceremonia asistieron dos exgobernadores (Eliseo Mendoza y Enrique Martínez), varios expresidentes municipales del PRI y uno del PAN, y la oligarquía local. A escala nacional, AMLO ha empezado a separar el poder público del político, por ser una de las fuentes de mayor corrupción. El tema lo desarrollaré en otro espacio.

Cada vez me sorprende la cantidad de medios de comunicación y periodistas de la fuente política. En mis pininos como reportero (principios de los 70 del siglo pasado), quienes cubríamos las actividades del alcalde Juan Abusaíd Ríos y del gobernador Eulalio Gutiérrez Treviño, éramos: Arturo Cadivich Michelena (La Opinión), Carlos Robles Nava (El Siglo de Torreón) y yo, del vespertino Noticias de Hoy, simiente el tercer diario lagunero (Noticias). Don Eulalio citaba a las 7:00 de la mañana en el hotel Río Nazas; y de ahí al Apolo Palacio, donde se servían los mejores desayunos.

He tenido el privilegio de formarme entre hombres de mayor edad, dentro y fuera del periodismo. Con el gobernador Flores Tapia tuve varios roces, pero después construimos una amistad imperecedera. Una de mis mayores y mejores experiencias fue la de colaborar en la Administración de Eliseo Mendoza Berrueto, cuya calidad humana enaltece la política; más en estos tiempos en los cuales la vocación de servicio ha sido suplantada por la conveniencia y el apetito desordenado de riqueza. Hoy no importa el nombre. La profecía de López Portillo se cumplió con creces: somos un país de cínicos. Y los cínicos, nos recuerda permanentemente Ryszard Kapuscinski, “no sirven para este oficio”.

Una de las características de Carlos Robles (el bueno) en sus 60 años o más de carrera, es su amor, entrega y respeto por el oficio. Ha sido uno de los periodistas más influyentes del estado. En El Siglo fue el hombre de confianza de don Antonio de Juambelz. Entrevistó a presidentes, gobernadores, secretarios de Estado. Es una institución. Después sirvió en el comité estatal del PRI y en el gobierno de José de las Fuentes ocupó la dirección de Comunicación Social. Fundó la agencia SIP y colaboró en la Universidad Autónoma de Coahuila en el área de su especialidad: el trato con los medios.

La adversidad jamás ha arredrado a este mesié –como le digo y me dice por uno de los personajes de Los Polivoces–. Juntos cubrimos giras dentro y fuera del país. Recuerdo una, en Guadalajara, con motivo de la Primera Reunión de Alcaldes Latinoamericanos y del Caribe, en plena efervescencia por la sucesión presidencial de 1976. Tiempos difíciles para el país –¿cuándo no lo han sido?–. La guerrilla estaba en su apogeo. Entre septiembre y octubre de 1973 habían asesinado a los empresarios Eugenio Garza Sada (Monterrey) y Fernando Aranguren (Guadalajara). La capital tapatía estaba virtualmente tomada por el Ejército. Como hoy muchas ciudades del país.

Es un honor ser amigo del mesié, cuya fe y gusto por la vida, “más importante que el miedo” (Ángeles Mastretta dixit) lo revisten de grandeza.
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