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Abdel Robles
Abdel Robles
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Licenciado en Ciencias de la Comunicación egresado de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Reportero sección policiaca en Editora El Sol, reportero sección local El Norte, coeditor del vespertino Extra de Multimedios, director editorial del Periódico La Voz de Monclova, director Editorial de El Diario de Coahuila, Comunicación del Municipio de San Nicolás de los Garza, NL, director editorial de Zócalo Piedras Negras, y actualmente editor en jefe de Zócalo Monclova

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29 Marzo 2015 03:10:28
El milagroso pan
El Negrón llegó bufando… Derechito al fondo del tejabán sin palabra de por medio.

Mi Ma Linda lo siguió en silencio, pero echando una mirada para que nadie la siguiera.

Éramos apenas tres, de los ocho que llegaríamos a ser…

Nos miramos.

Pollito, que era la mayor nos exigió silencio e hizo recomendación…

“No vayan a pedir pan de dulce”.

Ella sabía bien lo que significaba aquello, tenía seis largos años de experiencia para saber cuándo la cosa estaba fea.

Al rato, salieron con una sonrisa forzada… “

¿Quién quiere cafecito?” Miramos a Pollito, que levantó la mano… Y alborozados la levantamos Yayito y yo.

¡Cafecito!

Con leche, claro…

Estaba mi Ma linda sirviéndolo, cuando tocaron a la puerta, o mejor dicho, tocaron y se metieron.

Un hombre enorme, calado con un impermeable amarillo…

“¿Cómo está la negriza?”

El tío Lolo… José Dolores Román… Con una enorme bolsa de pan, y una sonrisa blanca enmarcada en esos cachetes negros.

¡Pan!… Instintivo estiré la mano para solicitar uno, y un manazo me hirió en el camino, mirada de madre-niña de Pollito.

Nadie lo notó…

“Aquí les traje esto”…

-¡Ay, tío!, dijo Ma Linda, orita nos van a traer una bolsa que mandamos a pedir a la Reynosa… Estamos esperándolo, muchas gracias, pero se nos va a echar a perder.

¡¿Quéeeeeeeee?!

Las tripas crujiendo y esa mujer se pone digna…

¡Nada de andar pidiendo!, decía mi abuela Felisa, la matriarca…

“¡Aquí se come lo que se gana!”

El tío Lolo se encogió de hombros, tomó la bolsa, pidió cafecito y se echó uno, platicó de lo feo que estaba el asunto del trabajo, de lo que se veía en los campos petroleros…

Luego le dijo al Negrón… “Vente mañana, hay chamba, es de abrir zanjas, pero peor es nada” Al Negrón se le olvidó la pena y dibujó una amplia sonrisa, mi Ma Linda sonrió aliviada.

Se acabó tío Lolo su café y pasó a retirarse, dijo que vio un lagarto entre el breñal y dejó la bolsa en la silla del corredor, salió corriendo… “¡Éste me lo voy a cenar!”

¡Carancho!… Se le olvidó su pan.

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