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Jorge A. Meléndez
Jorge A. Meléndez
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01 Abril 2017 04:00:00
El mono procrastinador
“El cerebro del procrastinador es distinto. Como cualquiera, tiene dentro un tomador racional de decisiones, pero también existe un mono que quiere gratificación instantánea. Y el mono siempre gana”.

Parte de la simpática y práctica charla de TED de Tim Urban (no se la pierda, véala en nuestros sitios).

Habría que familiarizarse con el verbo, que según el diccionario Webster significa “posponer algo intencional y habitualmente”. Todos lo hemos hecho en mayor o menor medida y frecuencia.

Y claro, en un mundo lleno de distracciones es muy fácil que el mono tome el control, convirtiendo a cualquiera en un procrastinador crónico. Según Urban, un tercer personaje es su única posible defensa.

“El procrastinador tiene un ángel guardián que siempre lo vigila: el monstruo del pánico, que despierta al acercarse una fecha límite y ver el riesgo de un gran fracaso. Al mono le aterroriza y se va”, explica.

El bloggero y escritor asegura que la procrastinación tiene “solución” cuando hay una fecha (hora) límite, pues el “monstruo del pánico” interviene y el proyecto se termina. Mmm, yo diría: solución a medias.

A fin de cuentas, la calidad de cualquier trabajo sufre cuando todo se deja para última hora. Una verdad universal que no admite atajos.

La bronca real del procrastinador crónico es cuando no hay fecha límite. Por ejemplo, con metas de vida: voy a ahorrar más, a bajar de peso, etc. El efecto adverso es enorme: “Terminan sintiéndose espectadores de su propia vida. No es que no puedan perseguir sus sueños, es que ni siquiera pueden empezar a hacerlo”, concluye.

Una teoría interesante, simpática y triste. Y, ¿sabe qué? Urban tiene razón. Revisemos ahora un enfoque un poco más científico.

“Cuando te pones una meta (perder peso) estás haciendo planes para tu “yo” futuro. Pero cuando decides actuar lo haces sobre tu “yo” presente. E investigadores han descubierto que tu “yo” presente prefiere la gratificación instantánea”, explica el autor James Clear.

Por eso diversos experimentos han descubierto que la habilidad de retrasar la gratificación (hacia el futuro) es uno de los mejores predictores del éxito personal. Mucho más que la inteligencia, por ejemplo (relea la columna Firmeza de Carácter).

Perfecto, pero ¿qué hacer? Clear sugiere tres estrategias:

a) Cree “dispositivos de compromiso”. Acciones específicas que suban el costo del mal comportamiento y premien el bueno. Ejemplo: compre comida en paquetes chicos, borre apps de juegos de su móvil, esconda el control remoto de la TV, etc.

b) Reducir el costo de “empezar”. Crear una rutina de hábitos pequeños para iniciar. Relea Minihábito = Macroéxito”.

c) Implementar intenciones. Enunciados específicos: haré “x” en “y lugar” a “z hora”. Calendarizar pequeñas acciones futuras.

Respecto a los dispositivos de compromiso, Clear cuenta una anécdota buenísima sobre Victor Hugo, que por un año no escribió ni una página del Jorobado de Notre Dame. Su casa editorial le puso una fecha límite que parecía imposible: terminar en 6 meses.

¿Sabe qué hizo el famoso escritor? ¡Guardó toda su ropa bajo candado! Sin nada que ponerse, eliminó la tentación de salir de casa y terminó una de sus novelas más populares.

Buenísimo. Veamos ahora siete tips de la consultora Margie Warrell:

1. Establecer una fecha límite.

2. Romper la meta en pequeñas partes.

3. Visualizar el futuro deseado (que sea de forma específica).

4. Controlar el temor (enfoque a negativos de no hacer nada).

5. Equipo de soporte. Mecanismos de seguimiento y rodearse de personas que apoyen (ah, y que no sean procastinadores).

6. Recompensar el progreso.

7. Salir de la zona de confort todos los días.

Le confieso que no sufro demasiado de este mal, pero me ha tocado verlo en acción y es terrible. Procrastinar en un mundo que se mueve a mil por hora es equivalente a quedarse atrás, muy atrás.

Ojalá le sirva alguno de estos consejos para guardar al mono en la jaula. A fin de cuentas, hay tiempo para todo en la vida, ¿no cree?

Posdata. Buenas noticias para el TLC: Trump no propondrá grandes cambios. La razón se impondrá, tal como anticipé hace unos meses en la columna El Bluff de Trump.

En pocas palabras: “La paciencia y el tiempo son los dos guerreros más poderosos”, León Tolstoi.
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