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JC Mena Suárez
JC Mena Suárez
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14 Enero 2017 03:00:00
El muro de enero
Anteriormente se le llamaba cuesta al primer mes del año en el que los gastos decembrinos de las posadas y las reuniones por Navidad y Año Nuevo causan estragos en nuestro bolsillo; lapso en el que más sufrimos por no poder, en ocasiones, adquirir nuestro surtido de despensa básico por falta de dinero.

El impacto de la cuesta se está viendo claramente en los diferentes negocios de le ciudad, sin importar cuál sea su giro. Hagamos un recorrido y veamos lo que está pasando en los negocios de Saltillo.

El primer lugar que visitamos fue el centro comercial, en el que las tiendas lucían vacías. Durante el verano se podía ver circulación de personas que acudían aunque fuera a disfrutar del aire acondicionado, pero a falta de este ¿qué razón les queda para ir?

En una tienda departamental nos comentó una persona que el aumento en el restaurante de la misma lo habían hecho desde el 15 de diciembre, adelantándose a lo que ya venía, pues muchas cosas que compran están en dólares.

¡Los clubes de precios y los supermercados están solos!  Llenos de artículos que no se vendieron y sin clientes, sólo dos cajeras para toda la tienda; ni siquiera las grandes ofertas y paquetes logran el objetivo.

En las tiendas de ropa se pueden ver ofertas hasta de 70% en ropa de invierno que no se vendió y que tienen que sacar aunque sea al costo, pues ya viene la moda de primavera y no pueden guardar la que no se vendió.

En los restaurantes, una mesera nos comentó que a las 2:30 de la tarde apenas había recibido su primera propina y que lo único que atrae clientes son los desayunos de huevos con café a 50 pesos.

Un gerente comentó que se encuentra muy nervioso y vive con gran angustia por las ventas: él tiene que reportar cierta cantidad al mes y si no la cumple, lo despiden; ya no sabe qué hacer, no puede salir y obligar a los transeúntes a comer en su restaurante cuando ellos no tienen dinero, pero eso no lo entienden sus jefes.

El conductor de un camión distribuidor comentó que él normalmente llenaba el camión para aprovechar la vuelta, pero ahora no lo completa y gasta mucho más ante el encarecimiento del combustible porque tiene que dar más vueltas para distribuir la misma cantidad.

La señora que vende tortas en la esquina tuvo que realizar un ajuste de precios: de 30 a 35 pesos por pieza: toda su materia prima subió y el tanque de gas que llenaba con 390, ahora lo llena con 500 pesos. Resistió tanto como pudo al aumento, pues decía “si subo el precio, menos me compran”.

El mismo bolero que se encuentra cerca de la casa mencionó que en toda la mañana no había boleado ni un solo par de zapatos y se preguntaba: “¿Mejorará esto para febrero?”.

Más que una cuesta, nos enfrentamos a un muro de escalar sin cuerda de seguridad; no estamos acostumbrados a subir de esta manera y un mal paso nos podría hacer caer. Hay que cuidar más el negocio y evitar decisiones precipitadas para poder salir adelante.
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