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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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27 Enero 2017 04:00:00
El muro de Trump
Cobrar un arancel a las exportaciones de un solo país, para castigarlo o para financiar una obra de infraestructura indeseada, es ilegal. Lo prohíben las reglas del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y de la Organización Mundial de Comercio. Pero Donald Trump no se ha preocupado nunca por obedecer las reglas o las leyes. Impone su voluntad porque siente que es el más fuerte. Hoy, que es el Presidente de la nación más poderosa del mundo, se ha convertido en un peligro no sólo para su vecino sino para el planeta entero.

Preocupa la velocidad con la que se están desarrollando los acontecimientos. Hemos pasado de la inauguración, con un discurso populista para poner a “Estados Unidos primero”, al vértigo de un Presidente enloquecido que busca cambiar el país y el modelo económico con una serie diaria de decretos presidenciales –para no pasar por el Congreso– y de anuncios y amenazas por Twitter. Es difícil pensar que sólo han transcurrido siete días desde la inauguración. Si hubo un momento en que una Presidencia de Trump parecía un chiste, hoy se está convirtiendo en una película de terror. Es difícil imaginar lo que puede ocurrir en cuatro años de este gobierno.

El trato a México es una señal a otros países del mundo. Hasta ayer por la mañana yo mantenía la posición de que el presidente Enrique Peña Nieto debía hacer el intento de negociar y viajar a Washington el martes 31 de enero para la prevista reunión en la Casa Blanca. Trump lo hizo imposible, sin embargo, con su tuit de ayer por la mañana en que decía: “Si México no está dispuesto a pagar por el muro que tanto se necesita, entonces sería mejor cancelar la próxima reunión”. Ante esta nueva provocación, el presidente Peña Nieto no tenía más opción que cancelar el viaje.

La cancelación, sin embargo, dio pie a una nueva provocación. La gran inquietud de Trump hasta este momento no es cómo construir el muro, sino cómo obligar a México a pagar por él. Una posible fórmula la reveló ayer el portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer: “El plan que está tomando forma en este momento es usar una reforma fiscal integral como medio para gravar las importaciones de los países con los que tenemos un déficit comercial, como México”. Según Spicer, un “impuesto de ajuste fronterizo”, o BAT, se usa en 160 países del mundo, incluido México.

Esta última afirmación, sin embargo, es uno más de esos “hechos alternos” a los que recurre el Gobierno de Trump para construir su propia realidad. No existen esos impuestos de ajuste fronterizo. De hecho, los países miembros de la OMC no pueden aplicar aranceles para castigar a un país sólo porque tiene un superávit comercial.

Ajustarse a las reglas internacionales, sin embargo, no ha sido una gran preocupación de un Presidente que tampoco cree en las pruebas de la ciencia en temas como el calentamiento global. Seguramente tomará cualquier decisión para crear un nuevo impuesto sobre las importaciones, las visas o las remesas para pagar por el muro sin importar que sea ilegal. Trump parece decidido a llevar hasta sus últimas consecuencias el inaceptable concepto de la excepcionalidad de Estados Unidos y los estadunidenses en el derecho internacional.

En realidad, lo que quiere Trump es regresar a la ley del más fuerte; y como Estados Unidos es el país más fuerte del mundo en lo económico y en lo militar, tiene derecho a hacer lo que quiera, sin importar los deseos o derechos de los demás países.

QUE SE CALLEN

Los “medios” de comunicación son “el partido de oposición”, “deben estar avergonzados y humillados y mantener la boca cerrada y simplemente escuchar por un rato”. No, la declaración no es de un dictador latinoamericano, sino de Stephen Bannon, estratega de la Casa Blanca.

Ático:

Las leyes no le interesan a Trump. Para él, al ser Estados Unidos la nación más poderosa, puede hacer su voluntad.
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