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Ricardo Alemán
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23 Diciembre 2016 04:00:00
¿El narco provocó la tragedia en Tultepec?
Parece una necedad –si no es que un homenaje a la estupidez-–, culpar de la tragedia de Tultepec a las autoridades municipales o estatales, cuando es de orden federal la legislación que regula la producción, distribución y venta de explosivos.

Es evidente que voces interesadas en la renta política –en los tiempos electorales mexiquenses–, buscan traducir los muertos de Tultepec en votos a favor de tal o cual causa. Lo curioso es que pretenden culpar al PRI, cuando en los últimos 15 años, Tultepec ha sido gobernado por el PRD.

Por eso recurren al viejo y maniqueo expediente de que la sociedad no se equivoca y que “papá Gobierno” es responsable no sólo de la manutención de sus hijos –los ciudadanos–, sino de cuidar hasta sus malos pasos.

Y es que –según el homenaje a la estupidez–, cuando el ciudadano provoca una tragedia por sus torpezas, ambiciones sin límite o por su “valemadrismo”, entonces la culpa es “de papá Gobierno”. De esa manera, los ciudadanos nunca se equivocan.

Lo cierto, sin embargo, es que muchos indicios apuntan a que tras el estallido de pirotecnia en Tultepec –que hasta anoche había costado la vida a 35 personas–, asoma de nuevo el crimen organizado.

Y abundan los testimonios de fabricantes y vendedores de pirotecnia que apuntan en esa dirección –incluso el del alcalde Armando Portuguez, del PRD–, quien ratificó denuncias de distintos comerciantes del mercado de San Pablito, que dijeron ser víctimas de extorsión por parte de bandas del crimen organizado.

Es decir, la autoridad respectiva no descarta que las peleas por el control del rentable negocios de petardos, y la ambición que esa renta desató en grupos criminales, hayan motivado una suerte de venganza, con el resultado ya conocido.

Y es que según especialistas en pirotecnia, lo ocurrido en el mercado de petardos no tiene características de tratarse de un accidente. Más bien existen muchas evidencias de que se trató de un acto deliberado.

Por lo demás, no sería extraño que el narco y la extorsión ataquen a sus enemigos, sin importar “el daño colateral”. Y si lo dudan, van algunos ejemplos.

El 15 de septiembre de 2008, una bomba de fragmentación explotó en la plaza Melchor Ocampo de Morelia, en medio de un grupo de gente que se reunió para el tradicional grito. Murieron ocho personas y más de 100 resultaron heridas. Los responsables fueron Los Zetas.

El 23 de enero de 2009 autoridades detuvieron en Tijuana al sinaloense Santiago Meza López, “El Pozolero”, quien aseguró que disolvió en ácido a al menos a “300 enemigos” en la guerra entre los cárteles de Sinaloa y Tijuana. El 31 de enero de 2010 asesinaron a 10 alumnos del plantel 9 del Colegio de Bachilleres, en la colonia Villas de Salvárcar en Ciudad Juárez, Chihuahua. Se presume que los criminales buscaban a un sujeto vinculado al narcotráfico.

El 13 de marzo de 2010 un grupo de sicarios mató a tres personas vinculadas al Consulado de Estados Unidos en Ciudad Juárez, ante el hecho el presidente Barack Obama repudió el crimen.

En marzo de 2010, hombres armados asesinaron a 10 personas que viajaban a bordo de una camioneta que cruzó un bloqueo realizado en una autopista del Triángulo Dorado. El 11 de junio de 2010, unos 20 hombres armados irrumpieron en una clínica de rehabilitación para drogadictos y asesinaron a 19 internos en Chihuahua.

El 28 de junio de 2010 sicarios asesinaron al candidato a gobernador del estado de Tamaulipas, Rodolfo Torre Cantú, y a cuatro de sus colaboradores cuando los emboscaron camino a un evento de campaña para las elecciones del 4 de julio. El 15 de julio de 2010 integrantes de La Línea, vinculado al cártel de Juárez, mataron a cuatro personas con un coche bomba. Entre el 22 y 23 de agosto de 2010, en San Fernando, Tamaulipas, 72 migrantes murieron ejecutados a manos de los Zetas.

En marzo de 2011 en Allende, Coahuila, donde integrantes de los Zetas desaparecieron a más de 300 personas en ese municipio. El 25 de agosto de 2011 un comando presuntamente de Zetas prendió fuego al casino Royale, en Monterrey. El resultado, 52 personas muertas. El 20 de septiembre de 2011, dos camionetas de redilas, con 35 cadáveres aparecieron debajo de un puente en la avenida Ruiz Cortines, cerca de la Plaza Américas en Boca del Río. Se trató de un ajuste de cuentas entre Zetas y el cártel del Pacífico.

El 26 de mayo de 2013, en el bar Heaven, ubicado en la Zona Rosa de la CDMX, hombres armados se llevaron a 13 jóvenes, quienes aparecieron muertos en una fosa clandestina en Tlalmanalco, Estado de México.

Muchos indicios apuntan a que de nuevo el crimen organizado habría atentado contra inocentes.

Al tiempo.
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