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Ricardo Torres
Ricardo Torres
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13 Enero 2017 04:00:00
El neoliberalismo en México y gasolinazo (Parte 2)
Como es de verse, el régimen político económico neoliberal y capitalista que rige la política pública en México, impuesto por el Gobierno mexicano desde la época de Miguel de la Madrid Hurtado en 1982, tiene como uno de sus principios básicos las privatizaciones y el endiosamiento del mercado en todos los aspectos de la vida nacional, por lo que es el principal causante del desmantelamiento de los activos de nuestro estado, los cuales fueron cedidos a los capitales nacionales y extranjeros, bajo el argumento de que las empresas estatales “no eran estratégicas ni prioritarias para el desarrollo nacional”, en franca concordancia con los criterios globalizadores.

Una vez que Carlos Salinas de Gortari en 1988 asumió la Presidencia de México, después de haber dejado la Secretaría de Programación y Presupuesto en el Gobierno de Miguel de la Madrid, así como durante el Gobierno de Ernesto Zedillo (1994-2000), el proyecto neoliberal fue profundizado y se dejó ver con mayor claridad los principales criterios de la política económica gubernamental neoliberal.

Al Igual que hoy, para adecuar el sistema político mexicano a las exigencias que la globalización impone, en aquel tiempo se efectuaron severas reformas a nuestra Constitución, las cuales cambiaron radicalmente la naturaleza de nuestro Estado mexicano. Desde entonces y con el único propósito de entregar los bienes nacionales a capitales extranjeros, los gobiernos salinista y zedillista, a través de la modificación de los artículos 27 y 28, constitucionales lograron reprivatizar la Banca y abrir la posibilidad para que los ejidatarios pudieran vender sus parcelas a capitalistas nacionales y extranjeros, lo que trajo como consecuencia la casi extinción de los ejidos.

Otro de los principios fundamentales del neoliberalismo y los programas de ajustes estructurales a los que tanto se ha referido nuestro flamante Presidente, es el que exige una máxima apertura externa a través del fomento de las exportaciones y del trato favorable a las inversiones extranjeras, conforme a las exigencias del mercado mundial. Bajo esta premisa tenemos que los argumentos vertidos por el mandatario Peña Nieto respecto a que las políticas capitalistas mundiales urgían cada día más la liberalización de los precios de los combustibles, a fin de quedar en aptitud plena de competir con precios internacionales no es del todo erróneo, ya que si bien es cierto que la reforma energética contempla la liberalización de los combustibles para el 2018 y que el Gobierno federal propuso adelantarla para 2017, esto avalado por el Congreso de la Unión, también lo es que esta medida sigue formando parte de las exigencias que impone la globalización en la cual nos encontramos inmersos, por lo que el soltar los precios de las gasolinas y el diésel, era necesario para que los mismos fueran desde ahora determinados por los precios internacionales del petróleo, los costos de refinación, del transporte y almacenamiento, el margen comercial de la estación de servicio, los impuestos y el tipo de cambio vigente.

Hasta aquí pudiéramos esperanzarnos con lo que dice el Presidente y que es que tarde o temprano llegarán los beneficios del capitalismo, sin embargo al revisar los resultados de esta política globalizadora en países con similares condiciones que el nuestro y que la han aplicando, tenemos que los mismos de manera invariable han estado por debajo de las expectativas, es decir, ha producido efectos perversos: el empobrecimiento de los pueblos, la eliminación o reducción alarmante de los gastos sociales, devaluaciones constantes y la disminución de las inversiones públicas esto, en el mejor de los casos…(continuará)
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