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Carlos Gutiérrez Montenegro
Carlos Gutiérrez Montenegro
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Psicólogo, Maestro en Enseñanza Superior por la Universidad Autónoma de Nuevo León, actualmente desarrolla su campo en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Saltillo, como coordinador de investigación; en el Centro de Asesorías, A.C. como psicoterapeuta psicoanalítico; Asesor técnico del Centro de Investigaciones Psicopedagógicas, de la Dirección de Educación Especial de la Secretaría de Educación y Cultura del Gobierno de Coahuila; Productor de contenido del programa “De Frente” y editorialista del canal 7 RCG de televisión, además de articulista del periódico “Zócalo” de Saltillo. Algunos de sus escritos e investigaciones son: "PSICOANALISIS Y SOCIEDAD", publicado por la Universidad Veracruzana en 1982, el 'ESQUEMA DE LA PUBLICIDAD', también publicada por la Universidad Veracruzana en 1984, la 'ESCUELA PARA PADRES", publicada por la Secretaría de Educación Pública de Coahuila y el Instituto de Servicios Educativos del Estado de Coahuila, en 1993 (primera edición) y en 1994 (segunda edición). Además, la investigación llamada ‘ESTUDIO EXPLORATORIO Y PROSPECTIVA DEL PROGRAMA MECED EN EL ESTADO DE COAHUILA’, realizada en una colaboración conjunta de la UPN con el DIF Estatal y la Secretaría de Educación Publica de Coahuila y la investigación “ESTUDIO DE LAS CONDICIONES DETERMINANTES DE LA REPROBACIÓN EN LA UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE COAHUILA”, de reciente publicación.

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12 Septiembre 2017 04:00:00
El niño del dedo amputado
Todo indica que hemos avanzado enormemente como país en el aspecto de la protección civil. Ese enorme temblor de la semana que pasó, que en el 85 hubiera todavía causado más destrozos, porque fue de una potencia superior; en esta ocasión solamente ocasionó una tremenda alarma en la Ciudad de México.

Ahí y en muchas partes de nuestro país se notó la curva de aprendizaje positivo en cuanto al manejo de las contingencias ocasionadas por desastres naturales de enorme proporción, como los recientes, terremoto y huracanes, que asolaron las partes más vulnerables, pero no las desarrolladas.

Sin embargo, es una lástima el contraste entre los logros de la implementación de las políticas en el Sistema Nacional de Protección Civil y en las instrumentadas en los centros escolares y esa pequeña tragedia, también de la semana anterior, en donde un niño de 2 años estuvo a punto de perder un dedo en un accidente en un colegio, lo que nos da un lastimoso ejemplo.

Aunque la información ha sido bastante imprecisa, sucedió en la escuela privada Instituto Galileo Galilei, cuando según la directora del plantel, Emily Sánchez, 10 minutos antes de salir de clases el niño, que no debía estar en preescolar, aunque ahí lo inscribió la escuela (pues no tiene maternal), cerró la puerta, machucándose él mismo, según las maestras (el cirujano plástico que lo atendió dijo que debido a las características de la herida, un adulto tuvo que haber sido el responsable), y se supone que le hablaron inmediatamente a sus papás.

Luego que llegaron, les entregaron al niño con el dedo envuelto en un papel higiénico y dicen que la directora les propuso atenderlo por el seguro de responsabilidad civil del colegio, pero bajo la condición de que ellos declararan que el menor no estudia en la institución, lo cual invalida automáticamente el seguro.

Dicen que se le habló a la ambulancia del supuesto seguro del colegio, pero que nunca llegó y los padres decidieron trasladarlo a la Clínica 2 para que lo valorara el cirujano plástico, pero luego comentan que los gastos ascendieron a 9 mil pesos.

Lo cierto de todo esto es que el personal del colegio no estaba preparado para responder a una emergencia. Y no es que sea un pésimo colegio, aunque tampoco es de los primeros en su clase, pues ocupa el lugar 353 de mil 569 en el Estado y se supone que tiene Asociación de Padres de Familia y Consejo de Participación Social.

Además, declaran contar con los elementos de seguridad básicos, lo cual o no es cierto, o no los activaron en este caso, porque los protocolos de actuación de Primer Respondiente en Atención de Urgencias Médicas indica claramente que debe haber personal capacitado que cuente con los conocimientos, habilidades y destrezas para brindar ayuda a las personas que han sufrido un accidente o una enfermedad repentina, y realmente nadie tenía la menor idea de qué hacer en este caso.

Con miembros del Consejo Escolar de Participación Social, que el colegio declaró haber formado y es integrado con maestros y padres de familia, debieron constituir el Comité de Protección Civil y Seguridad Escolar.

Estos comités tienen como responsabilidad diseñar e implementar el plan de seguridad escolar, para prevenir y reaccionar adecuadamente ante situaciones de emergencia como esta, realizando simulacros para aprender las reacciones debidas, teniendo capacitación en primeros auxilios, entrenamiento que puede ser fundamental para salvar vidas y que obviamente este colegio no tiene, aunque lo más probable es que haya una alta cantidad de planteles educativos (públicos o privados) que tampoco lo tengan.

La directora del plantel ya fue requerida por el Departamento Jurídico de la Secretaría de Educación para responder por el accidente, pero debemos preguntarnos cuántos colegios más están en la misma situación de falta de supervisión respecto a la prevención de accidentes y cuántos de ellos no han constituido su Comité de Protección Civil y Seguridad Escolar.

En este caso, el personal del colegio no entendió que el tiempo entre un accidente y el tratamiento médico inicial es de vital importancia, poniendo al niño en peligro de perder la parte del dedo mutilada por su tardanza.

Este accidente muestra, a gritos, la urgencia de promover la construcción de una cultura de prevención en todos los colegios y todas las escuelas de Coahuila. Prevenir es salvar vidas y eso vale cualquier esfuerzo.

Es importante trasladar la experiencia de la protección civil de los grandes acontecimientos sociales a los más limitados espacios de las escuelas, de los colegios, en donde las tragedias también pueden ser evitadas, y debe ser cuidadosamente supervisado por las secretarías estatales.
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