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Salvador García Soto
Salvador García Soto
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Salvador García Soto es periodista. Nació en Guadalajara Jalisco, donde cursó la licenciatura en Ciencias y Técnicas de la Comunicación en la Universidad del Valle de Atemajac. En Guadalajara colaboró en varios medios locales y en oficinas de los gobiernos estatal y federal. Fue reportero de la fuente política en El Heraldo de México y en el diario La Crónica de Hoy. Desde 1998 escribe la columna política Serpientes y Escaleras que se ha publicado en los periódicos La Crónica, El Independiente y actualmente en el Universal Gráfico. Fue director general de Crónica y ha colaborado en revistas como Vértigo y Cambio. Durante dos años fue conductor del programa Cambio y Poder que se transmite por Cadena Raza y desde noviembre 2003 colabora en W Radio como comentarista del noticiario Hoy por Hoy tercera emisión y en el programa El Weso.

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28 Mayo 2018 04:00:00
El ‘nuevo Diego’ o el ministro que no fue
Entre los nombres de los colaboradores más influyentes que tuvo Peña Nieto en su gobierno, el de Humberto Castillejos es sin duda de los de mayor influencia. El poderoso exconsejero jurídico que dejó Los Pinos hace casi un año, en junio de 2017, luego de haber sido el autor, operador y cabildero en el Congreso de todas las iniciativas y reformas importantes del Presidente, también manejó y manipuló toda el área de la justicia federal en este sexenio, donde impuso desde procuradores y magistrados, hasta ministros de la Corte, decidió renunciar a su cargo en busca de lograr, para él mismo, su máximo sueño: una silla entre los máximos jueces de la Suprema Corte, algo que finalmente no pudo alcanzar.

Pretextando su boda con Paulina Landa el pasado 8 de octubre, de la que Peña fue testigo, el exconsejero jurídico dejó su oficina en la residencia presidencial, en donde también impuso sucesor con su cercano colaborador Misha León Granados Fernández. Pero aunque ya no estaba en el gabinete, mantuvo intacta no sólo su influencia y cercanía, sino su comunicación directa y personal con el presidente, a pesar de que en estos últimos meses, ya había puesto un lujoso despacho de abogados en la colonia Condesa –donde antes estuvo el de su padre, el abogado Marcos Castillejos–.

“Humberto ve y habla más con el presidente, aun cuando ya no es consejero, que muchos secretarios del gabinete”, comentó un peñista cercano, quien asegura que el exabogado presidencial seguía “operando asuntos delicados y políticos por encargo de Peña”, entre los que mencionaba el reciente fallo de cuatro magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial federal que terminaron por validar la candidatura independiente de “El Bronco”, en buena medida por “peticiones y presiones” que realizó el mencionado Castillejos.

Pero a pesar de que su poder e influencia siguen intactos y de que ahora, en su lujoso despacho ha llegado a comentar a sus gentes de confianza: “yo voy a ser el nuevo Diego (Fernández de Cevallos)” por aquello de que también recibe y litiga casos de conflictos territoriales o agrarios de grandes superficies, además de otros casos que resuelve moviendo sus influencias lo mismo entre su “empleado” actual de la PGR, Alberto Elías Beltrán, que entre jueces, ministros y magistrados del Poder Judicial, hay algo que se propuso como objetivo y que no ha podido lograr: ser ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Cuando anunció su salida de la consejería Jurídica, Castillejos diseñó un plan que lo llevaría, según sus cálculos, a la Corte. Con el apoyo del Presidente, de quien ya era uno de los consejeros más influyentes –rivalizando incluso con Luis Videgaray y Aurelio Nuño– había ideado “promover” a la ministra Margarita Luna Ramos para que el gobierno la propusiera como jueza de la Corte Penal Internacional de La Haya, el cargo más alto al que puede aspirar cualquier jurista. Con esa “honrosa distinción”, Castillejos buscaba que la ministra abandonara su cargo antes de noviembre de 2018, cuando concluye su periodo, para que el Presidente tuviera que enviar una terna al Senado, en la que, por supuesto, él sería el futuro ministro.

Luna en principio se entusiasmó y ofreció que lo pensaría. Era un plan casi perfecto: la ministra iría a la Corte Internacional, Castillejos cumpliría su gran sueño de ser ministro y el presidente garantizaba un voto más en la SCJN que lo “blindara” de cualquier intento futuro por enjuiciar o investigar su gestión. Pero ocurrió que la ministra finalmente dijo “no, gracias”, y el plan se vino abajo.

El joven abogado trazó otra ruta y vendió un nuevo plan a Peña Nieto: proponer al ministro José Ramón Cossío como el primer fiscal general de la República. Pero tampoco Cossío se dejó seducir y respondió que ni le interesaba, ni constitucionalmente podía porque tendría el impedimento de no haber ocupado un cargo durante dos años.

Ahí fue cuando el ministerio de la Corte pareció írsele definitivamente al poderoso exconsejero que hoy tiene derecho de picaporte en Los Pinos y opera asuntos, mientras se esfuerza en consolidar, con sus influencias y contactos del más alto nivel en los circuitos judiciales, su despacho de abogados y su nueva meta profesional y política de convertirse en “el nuevo Diego” de la justicia mexicana.
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