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Xavier Díez de Urdanivia
Xavier Díez de Urdanivia
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Xavier Díez de Urdanivia es abogado (por la Escuela Libre de Derecho) Maestro en Administración Pública (por la Universidad Iberoamericana) y Doctor en Derecho (por la Universidad Complutense, Madrid). Ha ejercido diversas funciones públicas, entre las que destacan la de Magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Coahuila, del que fue Presidente entre 1996 y 1999, y Abogado General de Pemex. Ha publicado varios libros y muy diversos artículos en las materias que constituyen su línea de investigación, e impartido conferencias, seminarios y cursos sobre las mismas. Actualmente es profesor de tiempo completo en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, donde imparte cátedra e investiga en materia de Derecho Constitucional, Teoría y Filosofía del Derecho y Teoría Política. También es colaborador de la página editorial de Zócalo y de Cuatro Columnas (de la Ciudad de Puebla), y lo ha sido del Sol del Norte y El Diario de Coahuila, así como de los noticieros del Canal 7 de televisión de Saltillo, Coah.

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03 Junio 2018 04:01:00
El nuevo entorno global de política y negocios
Se oyen, en uno y otro bando electoral, promesas de campaña que parecen a ratos surrealistas, exorbitadas, irrealizables o todo ello.

En el trasfondo del escenario aparece un panorama que a nadie se oculta ya, aunque sus causas y derroteros permanezcan ocultos para los más.

Por eso hecreído importante volver la cara, así sea panorámica y sucintamente, a una serie de eventos ocurridos hacia fines del siglo 20 que pueden arrojar alguna luz a la cuestión.

En primer lugar, hay que decir que el proceso de globalización se ha manifestado muy intensamente en la economía, especialmente en su sector financiero.

Para entender mejor el fenómeno es necesario remontarse al periodo de la posguerra, a partir del cual se inicia una época de bonanza producida por el Plan Marshall, implantado por los Estados Unidos de América para reactivar las economías de Europa, que se habían convertido en un lastre.

El modelo prevalecientepara las políticas públicas fue, durante esa época, el del Estado benefactor, que mantuvo la estabilidad hasta las crisis del petróleo en 1973 y 1979, mismas que produjeron a la par, paradójicamente, un constreñimiento de las economías más desarrolladas y un cuantioso flujo de capitales provenientes de los excedentes producidos por los ingresos petroleros de los países productores, que optaron por las instituciones bancarias de los Estados Unidos e Inglaterra, principalmente, para su depósito.

Esta coincidencia dedisponibilidad financiera con la constricción económica de las economías desarrolladas viró el destino de los recursos hacia las economías menos desarrolladas del hemisferio sur, que por lo regular los dedicaron al gasto y no sustancialmente a la inversión, sobre todo porque los requerimientos sociales del modelo benefactor y paternalista en boga propiciaron un esquema asistencial del que no fueron en general capaces de sustraerse.

Al llegar el momento de liquidar los adeudos –incluida la suerte principal y su servicio– se produjo un efecto inflacionario que impactó en los intereses acumulados, provocando una crisis de la deuda que requirió la intervención del Fondo Monetario Internacional, quien promovió una serie de medidas que permitieron a los acreedores contener la proliferación entre los países deudores de declaraciones de insolvencia y someter a aquellos que ya estaban en tal situación a regímenes de protección, fuertemente condicionados, para restablecer sus capacidades de pago –México fue el primer país sometido a este régimen– y a partir de entonces el FMI adquirió la responsabilidad especializada de recuperar créditos.

Las crisis recurrentes del sistema financiero diseñado en Bretton Woods hicieron que el mundo adoptara sistemas de flotación frente a la moneda más fuerte y de uso más extendido, el dólar de los Estados Unidos, país que acabó, por tanto, por imponer su hegemonía.

Joseph Stiglitz ha dicho que quienes viven –y trabajan– en los países en vías de desarrollo, saben que algo está mal cuando ven que las crisis financieras se vuelven más comunes y el número de pobres se incrementa, pero no tienen manera de cambiar las reglas o de influir en las instituciones financieras internacionales que las hacen.

Por eso, en parte, se explica que no sólo la economía, sino también la política, tenga hoy en día tintes de innegable globalidad, con un acento indiscutible en la importancia del capital financiero sobre el productivo, tanto como se explica la incidencia en el precio de las divisas en un mercado flotante, dominado por el dólar.

Esees el entorno en el que se desarrolla –y desarrollará– la vida social mexicana –incluidas la economía y la política– en adelante. Si no es tenido en cuenta en el futuro próximo sólo se aplazará la acometida inteligente y viable que falta para enfilar a México en la ruta del desarrollo humanístico que tanto se echa en falta.

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