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Francisco Aguirre Perales
Francisco Aguirre Perales
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20 Noviembre 2017 04:00:00
El ocaso de los dioses
No es el apocalipsis que antecede al fin del mundo, es solo el final de un espacio que con su estridencia nos envolvió a todos y en donde el establishment oficial logró un estado de confort que les aseguró el porvenir.

Quedan pocos días para el final de un periodo que fue acompañado por el sonido que producen los aturdidores martillazos de un régimen que impuso su criterio como único e irrefutable, sin réplica, pues la voz dominante fue recipiendaria del principio medieval que dicta que reinar es un trabajo que no admite debilidades y que si no se gobierna con las entrañas, tampoco se puede gobernar sin ellas.

Esas palabras nos recuerdan otras que fueron enarboladas en el siglo 17 donde se repetía con frecuencia por los cuatro costados la frase el Estado soy yo, atribuible a Luis XIV el Rey Sol y que en contrapartida dijo antes de morir, me marcho, pero el Estado siempre permanecerá.

Cuando esta columna se esté publicado faltarán escasas horas para que este sexenio estatal esté viviendo los últimos minutos de una vida, cuya trascendencia será calificada por la ciudadanía con opiniones que la avalarán o la condenarán.

Coahuila tiene tres millones de habitantes y está dividida por regiones cuyas manos benevolentes del que disponía, trató a algunas con más cariño que otras, pues las prioridades se ordenaron de acuerdo a intereses, de manera que formaran una coraza impenetrable que ayudara a que la salida del mecenas fuera expedita.

Por vía de comprobación basta un ejemplo ¿por qué hubo inconformidades en otras regiones argumentando que no tuvieron, de acuerdo a lo recaudado, el regreso en obras a pesar de que el ingreso por concepto de impuestos fue en mayor cantidad que las beneficiadas?

En fin la historia se encargará de ubicar a cada quién en su lugar. Nada más que lo hecho, hecho está.

Se lo digo EN SERIO.

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