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Ricardo Raphael
Ricardo Raphael
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Licenciado en Derecho por la UNAM. Maestro en Ciencias Políticas por el Instituto de Estudios Políticos de París, Francia. Maestría en Administración Pública por la Escuela Nacional de Administración (ENA) de la República Francesa. Estudios Doctorales en Economía Política y Políticas Comparadas por la Escuela para Graduados de Claremont, California, EU. Secretario General de Democracia Social, Partido Político Nacional. Representante ante el Consejo General del IFE del partido México Posible. Coordinador de la Comisión Ciudadana de Estudios para Eliminar y Prevenir la Discriminación. Actualmente es profesor afiliado a la División de Administración Pública del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Conductor del Espiral, programa de análisis político dominical del Canal 11. Analista Político cotidiano del Noticiero Enfoque de Núcleo Radio Mil. Analista semanal del noticiero nocturno de Proyecto 40. Co-conductor del programa Claves, también de Proyecto 40. Integrante de la mesa editorial de la Revista Nexos. Miembro del Consejo Consultivo de Conapo. Cuenta con diversas publicaciones en temas relativos a: La transición democrática. La función pública. El sistema de partidos. Los derechos. La ciudadanía.

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27 Julio 2017 04:00:00
‘El Ojos’, criminal arreglado
Sopla en las calles de la Ciudad de México una gran mentira. Que aquí no hay cárteles mafiosos ni organizaciones criminales grandes. Marketing ralo para maquillar una urbe tan corrupta como el resto del país.

Es falso que las organizaciones ilegales que dominan México no tengan presencia en la capital. En la realidad todas están presentes. Si alguna no lo estuviera querría decir que no es un cártel, sino una red menor y sin importancia.

La Familia Michoacana, el Cártel Jalisco Nueva Generación, la Federación de Sinaloa, Los Zetas, Los Rojos o cualquier otra expresión delictiva –para ser relevante– necesita tener presencia en la Ciudad de México.

Hace tiempo ya que Animal Político publicó Narcodata, para exhibir la presencia de los cárteles nacionales en la capital del país. Su fuente fue la Secretaría de la Defensa Nacional y la información ofrecida al público no dejó dudas: en la CDMX cohabitan todas las mafias que gobiernan algún territorio mexicano.

Es falso que en la Ciudad de México no haya presencia de cárteles; todos tienen un pie en la antigua Tenochtitlán, y si no lo tuvieran, perderían el estatus de cártel.

Pero el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, afirma que en la ciudad no hay cárteles, sino asociaciones delictuosas.

¿Cuál es la diferencia entre un cártel y una asociación de delincuentes? A propósito de la mafia que opera en Tláhuac, el jefe de Gobierno insiste: “el grupo de ‘El Ojos’ era amplio, violento y operaba fuera de Tláhuac, pero no era un cártel”.

¿Por qué no era un cártel? Mancera se equivoca y probablemente lo hace con conciencia. La organización que hasta hace poco lideraba Jesús Pérez Lara, “La Mano con Ojos”, tiene presencia no sólo en Tláhuac, sino también en Iztapalapa, Milpa Alta, Chalco, Los Reyes la Paz y Ciudad Nezahualcóyotl.

Podría no ser un cártel, pero la jefatura de estas plazas la tuvo “El Ojos” hasta que la Marina lo eliminó del mapa. Es impreciso el jefe de Gobierno al decir que la mafia de Tláhuac no es un cártel, pero tiene razón al colocarla como una estructura criminal que juega en las ligas menores.

Un cártel es una organización criminal que tiene bajo su férula varias plazas. Por ejemplo, el viejo cártel del Golfo fue una empresa que tuvo bajo su axila las plazas de Reynosa, Nuevo Laredo, Miguel Alemán, Victoria o Camargo. Bajo la misma definición, el cártel de Juárez logró asociar a los jefes de plaza del valle de Juárez, Ciudad Juárez y Casas Grandes.

La definición de cartel tiene que ver con la magnitud. Cuando Mancera dice que el cártel de Tláhuac no existe, quiere decir que no hay jefes de plaza que gobiernen toda la urbe.

En la Ciudad de México La Familia Michoacana nombra a los jefes de plaza en Iztapalapa. Lo mismo hace La Federación de Sinaloa en Tláhuac, Milpa Alta, Valle de Chalco y también parte de Iztapalapa.

No hay un solo cártel en la CDMX, sino varios, que han aprendido a cohabitar.

Ser jefe de plaza significa estar arreglado con la autoridad y, a la vez, ofrecer protección para los negocios ilegales. Las cuotas que se cobran producen ingresos cuando se tiene un negocio relacionado con la apuesta, la prostitución, el consumo de bebidas alcohólicas, el secuestro, el robo de vehículos o el tráfico de migrantes.

Todos esos negocios, más la venta de estupefacientes, son boyantes en la CDMX y tienen mayor éxito que en el resto del país. Su éxito depende de la presencia de cárteles en la capital del país, que cobran derecho de piso a los jefes de plaza, mientras ellos exigen –a su vez– impuestos informales a quienes operan y se enriquecen fuera de la ley.

Nos engañamos los habitantes de la ciudad. En la CDMX operan cárteles muy poderosos y también jefes de plaza que no están dispuestos a ceder poder frente a las autoridades.

ZOOM: en la CDMX existen cárteles –es decir empresas que agrupan a un número extendido de jefes de plaza que, para operar, están arreglados con el Gobierno porque, de otra manera, no podrían proteger los negocios delictivos que florecen dentro de su territorio.
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