×
Agencias
Agencias
ver +

" Comentar Imprimir
09 Agosto 2012 03:00:07
El oscurantismo de Guanajuato
Club de articulistas
Arturo Magaña Duplancher
Twitter: @duplancher

 
Viernes a las nueve de la noche. En la Plaza Expiatorio de la ciudad de León, capital del estado de Guanajuato, el profesor de ética Manuel Berumen besa a su esposa. A continuación, una mujer se escandaliza y les increpa: “¡Hay niños presentes, esas cosas se hacen en una casa o en un hotel!”. La mujer y el profesor, acusándose mutuamente por insultos, acuden a la estación de policía más cercana. A continuación un policía le coloca las esposas, sube a ambos a una patrulla y los lleva ante el juez calificador, quien determina imponerle a Berumen una sanción administrativa de 12 horas de arresto o el pago de una multa de 850 pesos por incurrir en tres faltas: insultar a la autoridad, perturbar el orden y faltar a la moral pública. Luego de pasar 12 horas privado de su libertad, el profesor Berumen se convierte en líder de una manifestación que, al siguiente día, congregan en la Plaza Expiatorio a 20 parejas que se besan apasionadamente y en abierto desafío al artículo 15 del Reglamento de la Policía Municipal.

El artículo enumera una serie de conductas “que atentan contra la integridad moral del individuo o de la familia” y que conducen necesariamente a una infracción. Destacan las de “hacer señas o gestos obscenos” así como la de “faltar en lugar público el respeto a cualquier persona”. El Besotón, al que convocó también el movimiento YoSoy 32 León, fue precedido por la audiencia que el Alcalde concedió a Berumen y donde le ofreció una disculpa por la arbitrariedad y por “la falta de criterio” con que actuaron los policías y el juez calificador. El desafortunado evento tuvo la habilidad de, incluso, escandalizar a las buenas conciencias, como las llamara Carlos Fuentes, puesto que el profesor Berumen besaba nada menos que a su esposa.

Sin duda, esta historia forma parte de un fenómeno ampliamente conocido que involucra a gobiernos filopanistas de profundas convicciones bajomedievales. No hace mucho, un buen amigo me ponía al tanto del caso de una señora que recibió una sentencia de más de 20 años por abortar, también en Guanajuato, y en la prensa abundan las historias que involucran la censura y el ataque a minifaldas, condones, homosexualidad, entre muchos otros rasgos esenciales de las sociedades modernas aquí y en China.

Afortunadamente, y a pesar de ese islote de oscurantismo que es Guanajuato, las sociedades cambian a tono con los tiempos. Basta recordar que en Jalisco el electorado castigó la homofobia del panismo gobernante, así como la intolerancia del candidato Fernando Guzmán, una especie de inquisidor neocristero en tiempos de Felipe II. Tómese en cuenta también el escándalo reciente y el posible impacto electoral que tuvieron las declaraciones de Juan Pablo Castro, un presunto integrante de las juventudes panistas, quien en marzo pasado acusó al Gobierno del Distrito Federal de aprobar leyes que promueven “el matrimonio entre jotos”.

En todo caso, me alivia saber que vivo en la Ciudad de México. Una ciudad que con todos sus problemas, algunos por cierto muy graves, no se ocupa de la preferencia sexual, de las expresiones de afecto y del derecho de hombres y mujeres a decidir libremente, como dijera Carlos Castillo Peraza, “la forma de vestirse y la de desvestirse”. 
Imprimir
COMENTARIOS



5 6 7 8 9 0 1 2