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Alejandro Irigoyen Ponce
Alejandro Irigoyen Ponce
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10 Noviembre 2014 05:08:17
El palacete de Peña
En el número 150 de la calle Sierra Gorda, en Lomas de Chapultepec, justo el sector más exclusivo del Distrito Federal, se ubica una residencia valuada en 86 millones de pesos. Es un verdadero palacete, hermoso sin duda, y si no fuera por su alto nivel de refinamiento y sofisticación, se podría proyectar como la morada de alguna estrella de rap, de esas que de no tener absolutamente nada, lo tienen todo y en la lance se encuentran urgidos de gritarlo a los cuatro vientos.

El tema es que esa residencia aparece como propiedad de una empresa, Ingeniería Inmobiliaria del Centro, una filial del Grupo Higa, que a su vez, a través de otra filial, la Constructora Teya, integra el consorcio de empresas nacionales y extranjeras al que fue revocado la licitación para construir el tren de alta velocidad México-Querétaro.

Sin embargo, esa es la residencia que la familia de Enrique Peña Nieto presume como propia, tal como lo afirmó la propia Angélica Rivera en esa entrevista que concedió a la revista “Hola!” y en la que aparece posando en varias de las habitaciones… y precisamente por eso hoy es custodiada por elementos del Estado Mayor Presidencial.

Esto lo sabemos gracias a una impecable investigación periodística del grupo que dirige Carmen Aristegui. Se unieron puntos, se utilizaron las herramientas disponibles en nuestra legislación, como las solicitudes vía transparencia, y sin gratuitas caracterizaciones, se expuso en forma lineal una narrativa de hechos que no dejan duda.

El hoy presidente de la República mandó construir la residencia de Sierra Gorda en 2008, con la empresa Ingeniería Inmobiliaria del Centro, que se constituyó apenas en noviembre de ese año, con un grupo de empresarios muy cercanos, a los que en su administración en Edomex favoreció con varios e importante proyectos de obra pública y que, obviamente, no está en su listado de bienes reportados en su declaración patrimonial.

Los detalles están ampliamente expuestos en el reportaje que publicó ayer Aristegui Noticias y que replicaron varios medios. En el fondo, son las graves implicaciones de la red de complicidades y contubernios entre gobernantes y grandes empresarios —el Mandatario y sus consentidos, mancuerna que se renueva cada sexenio— lo que debe alertar a la sociedad.

Hay que recordar que Enrique Peña Nieto es dado a las ambigüedades y a la “transparencia a medias”, tal como lo demostró en su tristísima declaración patrimonial, en la que reconoce haber recibido “donaciones” de terrenos, casas y hasta joyas, justo en el periodo en el que fue gobernador.

Dice una vieja máxima que “la mujer del César no sólo debe ser honesta, sino también parecerlo”. Refiere a la necesidad de que el gobernante extreme cuidados en la forma para no abrir una sola ventana a la sospecha, ya que por tener acceso a las arcas, al dinero que finalmente es de todos, no puede permitirse el lujo de que alguien ponga en duda su honorabilidad.

Por desgracia no es el caso de los gobernantes mexicanos, que por el contrario parecen tener la vocación a la estridencia, a la obscena exhibición de su riqueza, aunque ésta se ubique estrechamente ligada en tiempo a su gestión pública.

El hilo de la investigación parte de un arrebato innecesario, francamente narcisista de la hoy primera dama. Pareciera que había cierta urgencia de gritar que la casa, diseñada por el arquitecto Miguel Ángel Aragonés —y de la que se pueden encontrar fotos de sus interiores en www.aragones.com.mx, con el título “Casa La Palma” — era una suerte de confirmación de una historia de amor propia de telenovela. Los planos tienen una fecha: octubre de 2010, un mes antes de que Peña Nieto y Rivera se casaran.

Ayer por la tarde, Los Pinos emitió un comunicado en el que, en síntesis, reconoce que la residencia es de la familia Peña Nieto, afirma que es de Angélica y que se casaron por el régimen de separación de bienes.

“Angélica Rivera Hurtado, quien contrajo matrimonio con el Lic. Enrique Peña Nieto el 27 de noviembre de 2010, bajo el régimen de separación de bienes, es económicamente solvente y contaba con recursos suficientes para adquirir estos inmuebles. La larga carrera profesional de la señora Rivera Hurtado le ha permitido consolidar su patrimonio personal”.

Quién sabe, demasiado tibio para el contexto de extrema suspicacia ciudadana… pero lo importante hoy es que quedó demostrada, más allá de cualquier duda o interpretación, la estrecha vinculación entre las empresas mexicanas asociadas con el consorcio chino que ganó (como proyecto único) la licitación para construir el Tren de Alta Velocidad México-Querétaro, que luego fue revocado, con la familia presidencial y estas empresas se postularán nuevamente. 

En fin, por lo menos y tras la exhibida, quedaría esperar que las autoridades jueguen a las formas y se anclen en eso de “parecerlo”. Los mexicanos, en términos de honestidad, ya no esperaríamos eso de “serlo”… sería de una ingenuidad impropia de un pueblo tan castigado por la corrupción, simulación, impunidad e ineficiencia, como el nuestro.
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