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Ricardo Raphael
Ricardo Raphael
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Licenciado en Derecho por la UNAM. Maestro en Ciencias Políticas por el Instituto de Estudios Políticos de París, Francia. Maestría en Administración Pública por la Escuela Nacional de Administración (ENA) de la República Francesa. Estudios Doctorales en Economía Política y Políticas Comparadas por la Escuela para Graduados de Claremont, California, EU. Secretario General de Democracia Social, Partido Político Nacional. Representante ante el Consejo General del IFE del partido México Posible. Coordinador de la Comisión Ciudadana de Estudios para Eliminar y Prevenir la Discriminación. Actualmente es profesor afiliado a la División de Administración Pública del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Conductor del Espiral, programa de análisis político dominical del Canal 11. Analista Político cotidiano del Noticiero Enfoque de Núcleo Radio Mil. Analista semanal del noticiero nocturno de Proyecto 40. Co-conductor del programa Claves, también de Proyecto 40. Integrante de la mesa editorial de la Revista Nexos. Miembro del Consejo Consultivo de Conapo. Cuenta con diversas publicaciones en temas relativos a: La transición democrática. La función pública. El sistema de partidos. Los derechos. La ciudadanía.

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09 Febrero 2017 04:00:00
El peligroso espejismo de la unidad
¡Qué paradojas! La propuesta de unidad convocada por el presidente Enrique Peña Nieto divide las opiniones. Lo mismo sucede con el llamado a marchar que varias organizaciones sociales han hecho para este domingo bajo la consigna Mexicanos Unidos.

No son pocos los liderazgos, grupos y ciudadanos que se han negado a participar. En principio, parece mezquino negarle al país la urgente solidaridad que se requiere para enfrentar un desafío exterior tan grave como el encabezado por el gobierno de Donald Trump.

¿Quién con un mínimo de decencia puede decir que no al llamado del Presidente?

Ayuda como clave para responder a esta interrogante una frase que Isabel Miranda de Wallace, excandidata panista al Gobierno de la capital, pronunció con gran convicción el día de ayer: “¡Qué se llene todo el Paseo de la Reforma, no es momento de cuestionarnos dentro de nuestro país!”.

¿Para salir adelante necesitamos los mexicanos someternos a un esfuerzo de unidad incondicional, sumisa, acrítica, ciega –sin cuestionamientos– sin conciencia ni argumento?

En estos días me parece equivocado renunciar a la inteligencia propia para sumarse a un movimiento convocado sólo por el miedo o por el odio que despiertan las políticas del país extranjero.

Así como no debemos permitirnos responder con xenofobia a su xenofobia, con mentiras a sus mentiras o con nacionalismo infantil al suyo, tampoco habríamos de renunciar al cuestionamiento cuando el habitante de la Casa Blanca utiliza la estupidez masiva como su principal parlamento de poder.

Los mexicanos no merecemos convertirnos en el espejo de nadie: contra la negación de la conciencia que la fe trumpista promueve en el país vecino, México debe afirmar conciencia crítica a la hora de mirarse y mirar al resto del globo.

La historia humana es abundante en llamados intolerantes a la unidad y todos han resultado un desastre. En unos años Estados Unidos habrá de recordar este penoso pasaje de su biografía como un trance absurdo de histeria colectiva.

Mientras esto ocurre, en México no podemos permitirnos jugar como imitadores de su locura. Al revés, lo deseable sería tomar distancia sincera de la epidemia social que aqueja a los vecinos.

Temo que la unidad nacional convocada por mis compatriotas pueda ser un espejismo peligroso, sobre todo si con ella se pretende ocultar la naturaleza diversa de las identidades mexicanas.

Lo que nuestro país requiere hoy es solidaridad, mucha solidaridad, y no la impostura de una visión homogénea –unificadora– dispuesta sin reflexión para darle la espalda a lo múltiple, en vez de reconocer que es en el acomodo generoso y fraterno de nuestras diferencias dónde se halla el mejor emplazamiento para sobrevivir la temida amenaza geopolítica.

En su discurso del domingo pasado, a propósito del aniversario de la Constitución, el presidente Peña Nieto hizo referencia a los valores de la soberanía, la libertad, la justicia, la democracia y la igualdad. Sin embargo, olvidó mencionar el valor de la diversidad –el único que Donald Trump no podría pronunciar sin que la lengua se le atorase en la tráquea.

Este es el momento justo para combatir la supremacía unitaria del magnate neoyorquino con una visión que sepa abrazar genuinamente lo plural y lo diverso. Presumamos la naturaleza múltiple de México; hoy valen más que nunca nuestros contrastes regionales, sociales, económicos, identitarios, ideológicos, éticos o religiosos. No enmascaremos la diferencia con la pretendida unidad.

Al revés, habríamos de sostener una robusta inteligencia crítica sobre lo que somos y lo que queremos ser. No hay diversidad que pueda vivirse pacíficamente sin conciencia, argumento y razón; sin crítica en todo momento y a toda hora: en los medios, en la academia, en la calle, en el espacio público y también en el privado.

Un México crítico será gigante. En cambio, un México diseñado a la imagen y semejanza de Donald Trump sería miserable.

ZOOM: No asistiré a la marcha convocada por Mexicanos Unidos para este fin de semana porque prefiero la solidaridad del México diverso a la sumisión de la impostura unificante.
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