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Juan Latapí
Juan Latapí
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28 Octubre 2018 03:10:00
El peor de los robos
NO, NO SE TRATA DE alguna de las fechorías típicas de la clase gobernante y su insaciable voracidad. Tampoco se trata de una perversa maniobra de ciertos empresarios acostumbrados a llevar agua a su molino y que no les importa llevarse entre las patas a quien sea.

NO. EL PEOR DE LOS robos es ese que sin el más mínimo recato, y contra nuestra voluntad, nos despojan de nuestro tiempo, de ese mismo tiempo que le podríamos dedicar a la familia, que afecta severamente la productividad laboral, las actividades académicas, de esparcimiento, deportivas y prácticamente todo. Robar tiempo es robarse parte de la vida de alguien.

Y LO QUE ES PEOR, ya nos hemos ido acostumbrado a ver ese tipo de robo como algo normal. Por ejemplo, cuando uno tiene que acudir al Seguro Social, ya sea para consultar, hacer un trámite administrativo, visitar a un paciente o ir por un medicamento, sabemos con resignación que nuestro tiempo ya no será nuestro. De la misma manera, cuando uno es víctima de un delito y acude a presentar la denuncia ante la autoridad sabemos de antemano que seremos víctimas del descarado robo de nuestro tiempo, además de ser revictimizados con toda impunidad.

TENER PROBLEMAS DE SALUD O legales es algo que nadie desea, pero cuando llega ese penoso momento, además del coraje y la frustración, sabemos que la pérdida de tiempo será una calamidad inevitable. Pero más coraje ocasiona ver al personal que debe atender al público llegando tarde, que se la pasa perdiendo el tiempo con el celular, chacoteando, vendiendo y comprando mercancías y un largo etcétera.

Y MÁS HUMILLANTE AÚN ES cuando se acude a las oficinas públicas para realizar algún trámite o cumplir con alguna obligación, porque además de perder tiempo, habrá que tolerar el trato déspota, como ciudadano de tercera. La carencia de información en estas oficinas se suma al mal trato que ahí se padece. Pero cuando uno no cumple con sus obligaciones es tratado como vil delincuente, y ay de aquel que se queje o reclame porque entonces los malos modos se convierten en insultos.

OTRO CRUEL ROBO DE TIEMPO que padecemos a diario es el inevitable tráfico vehicular producto de conductores gandallas, mala planeación vial, la incapacidad de los funcionarios encargados y el pésimo servicio del transporte público que en conjunto ocasionan millones de horas hombre perdidas diariamente. Pero eso sí, ahí están los funcionarios encargados del transporte y vialidad disfrutando su cargo obtenido por mero compromiso político y sin mérito alguno.

EN LAS EMPRESAS TAMBIÉN LA pérdida de tiempo resulta criminal, donde reinan los departamentos saboteadores de la productividad, como el de personal con su tramitología, burocracia e indolencia; o los departamentos de sistemas, donde a base de pretextos e informalidad son expertos en ocasionar la pérdida de tiempo; y ni qué decir los departamentos de vigilancia, donde los guardias sin criterio y políticas absurdas entorpecen la operación, todos ellos expertos en el robo de tiempo.

Y EL COLMO DE LA pérdida de tiempo es cuando se tiene una falla en el teléfono. Reportarla por vía telefónica es como jugar serpientes y escaleras para finalmente ser derrotados por cansancio y desistir. Al acudir a las oficinas habrá que hacer largas filas, esperar, perder el tiempo y aferrarse a la esperanza que la falla sea arreglada. Lo mismo sucede en los bancos, expertos en robarse el tiempo de quienes les dan su dinero a guardar.

ROBAR TIEMPO ES UN CRIMEN que no se castiga, despojar a nuestros semejantes de su tiempo es quitarles parte de su vida. A final de cuentas robar el tiempo es falta de educación, como lo es la impuntualidad tan arraigada entre nosotros. Pero el peor robo de tiempo que puede haber es el que nos hacemos a nosotros mismos, desperdiciándolo y perdiéndolo en nimiedades, olvidándonos que solo se vive una vez.

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