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Carlos Gutiérrez Montenegro
Carlos Gutiérrez Montenegro
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Psicólogo, Maestro en Enseñanza Superior por la Universidad Autónoma de Nuevo León, actualmente desarrolla su campo en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Saltillo, como coordinador de investigación; en el Centro de Asesorías, A.C. como psicoterapeuta psicoanalítico; Asesor técnico del Centro de Investigaciones Psicopedagógicas, de la Dirección de Educación Especial de la Secretaría de Educación y Cultura del Gobierno de Coahuila; Productor de contenido del programa “De Frente” y editorialista del canal 7 RCG de televisión, además de articulista del periódico “Zócalo” de Saltillo. Algunos de sus escritos e investigaciones son: "PSICOANALISIS Y SOCIEDAD", publicado por la Universidad Veracruzana en 1982, el 'ESQUEMA DE LA PUBLICIDAD', también publicada por la Universidad Veracruzana en 1984, la 'ESCUELA PARA PADRES", publicada por la Secretaría de Educación Pública de Coahuila y el Instituto de Servicios Educativos del Estado de Coahuila, en 1993 (primera edición) y en 1994 (segunda edición). Además, la investigación llamada ‘ESTUDIO EXPLORATORIO Y PROSPECTIVA DEL PROGRAMA MECED EN EL ESTADO DE COAHUILA’, realizada en una colaboración conjunta de la UPN con el DIF Estatal y la Secretaría de Educación Publica de Coahuila y la investigación “ESTUDIO DE LAS CONDICIONES DETERMINANTES DE LA REPROBACIÓN EN LA UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE COAHUILA”, de reciente publicación.

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13 Febrero 2017 03:00:00
El perro humanizado
Los perros son, sin duda, la especie que más cerca hemos tenido, con la que se han establecido mejores y más significativos lazos. A pesar de que aún existen opiniones con poca información científica, al estilo de que los perros no tienen verdadera inteligencia o de que los perros pueden sentirse humanos y eso termina siendo peligroso y dar riesgos a la salud, proyectan una ignorancia clara sobre la construcción de la realidad tanto en el ser humano como en los animales, puesto que su realidad ya está socializada, construida históricamente. Si el ser humano, para serlo, requiere de construirse en sociedad, el perro que lo acompaña modifica su comportamiento innato para adaptarse, con excelentes posibilidades, a todo tipo de construcción cultural porque, señores veterinarios, en la integración del perro desde cachorro, pero también en su edad adulta, gracias a la función de la impronta, del aprendizaje biológicamente condicionado, el animal absorbe ciertas características de la personalidad humana, especialmente en el área de los afectos. Aprende a querer de la misma manera en que lo quieren a él y entiende el significado de variedad de emociones y sentimientos humanos debido a las neuronas espejo, con las cuales puede sentir empatía por su compañero humano. Esta empatía, con base biológicamente determinada, le permite entender el comportamiento humano y anticiparse a él.

Para los humanos, esta relación ha sido sumamente fructífera. Aprovechando sus extraordinarias cualidades sensoriales, se han podido educar para hacer de ellos unos guardianes excepcionales, detectores de sustancias y persecutores de señales y pistas que ninguna máquina moderna puede superar. Y como compañía familiar también se han destacado. A lo largo de siglos, se ha tratado a los perros como integrantes de la familia, como un elemento más del clan, porque con esa especie se ha establecido una estrecha simbiosis productiva que ha ido evolucionando con el tiempo.

El perro no es, de ninguna manera, una especie de esclavo, de dependiente, ni nada parecido. Al perro no lo domesticó el humano, sino que se aceptaron para sobrevivir con mayores posibilidades, acompañándose, cuidándose y protegiéndose por igual. La historia de esta relación es antigua: según recientes descubrimientos, hace aproximadamente 18 mil años, los humanos eran seguidos por manadas de lobos grises, menos agresivos que otras subespecies y tanto humanos como lobos aprendieron a cazar en conjunto, redundando en beneficio de nuestra especie, pues los lobos ya en ese momento eran cazadores refinados, con estrategias muy efectivas. El humano, cuya mejor aptitud evolutiva es el aprendizaje, aumentó mucho la calidad de la caza y sus despojos quedaron para el lobo evolucionado. Después, con la cercanía y familiaridad del trabajo conjunto, este tipo de lobo se introdujo en las aldeas para mantener seguros a sus cachorros, convirtiéndose en una eficaz ayuda para defender la aldea. El lobo se transformó en perro y el perro en la mejor compañía interespecífica del humano. Pero no solamente le ayudaba a cazar, a cuidar el ganado, a guiarlo, sino que lo empezó a acompañar en sus momentos de soledad y tanto el perro como el humano empezaron a tener fuertes vínculos de apego entre sí.

El perro, en su proceso de aculturación con la sociedad humana, ha aprendido a leer con facilidad las emociones, tanto las básicas (la ira, el miedo o la alegría), como las secundarias (amor, simpatía, optimismo). Esas lecturas lo van educando a reaccionar acorde con el humano, pero ante las disfunciones de comportamiento de este, el animal construirá mecanismos de control sobre esos trastornos emocionales y puede actuar como factor curativo que permite equilibrar a su familia de acogida. Es por eso que en los países desarrollados a los perros se les permite la entrada en hospitales, hoteles y casas de reposo, pues se ha comprobado que aceleran la recuperación en la enfermedad, prolongan la vida y disminuyen la soledad, acelerando la eficacia del sistema inmunológico y ayudando a vencer la depresión. Trate usted al perro con cariño y respeto y si quiere vístalo y trátelo como hijo: ni usted ni él se enfermarán.
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