×
Abdel Robles
Abdel Robles
ver +
Licenciado en Ciencias de la Comunicación egresado de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Reportero sección policiaca en Editora El Sol, reportero sección local El Norte, coeditor del vespertino Extra de Multimedios, director editorial del Periódico La Voz de Monclova, director Editorial de El Diario de Coahuila, Comunicación del Municipio de San Nicolás de los Garza, NL, director editorial de Zócalo Piedras Negras, y actualmente editor en jefe de Zócalo Monclova

" Comentar Imprimir
13 Diciembre 2015 04:10:27
El perro verijero
“¡Chamaco jijo del hule… déjese esas verijas, o se las voy a cortar para dárselas al perro!” Quizá hubiera mejores formas para explicarle a un niño de cuatro años que explorar su cuerpecito frente a la gente era desagradable, o al menos, visto como una “maña”.

Bolillo Sánchez, hermano del Espinilla, tenía esa costumbre…

Se notaba más porque andaba encuerado todo el día.

Le escurría la mugre por el abultado vientre en aquellos agobiantes días del verano.

Chupón en boca, para que tuviera algo con qué entretenerse en esos días en que les daba por pedir algo más que los fideos con frijol en bola.

Es que no hay peor delito que ser pobre y tragón, decía su padre, Catarino, quien se ganaba la vida en los billares.

Pero Bolillo tenía la única costumbre capaz de escandalizar a María la Puerquera…

“Mira ese chamaco jijueputa… no deja de sobarse las verijas, lo dejan así para que al rato sea un degenerado”.

Y en buen castellano, ella pretendía evitar que en el futuro, Bolillo engalanara alguna de las páginas policiacas de La Opinión.

Pero no entendía… así que decidió asustarlo con el cuento de que si seguía agarrándose los testículos o el pene mismo, un perro se los arrancaría.

Jamás quiso entender el buen chamaco… que pelaba los ojotes y succionaba con más fuerza al chuponcito.

El día menos pensado, María lo volvió a sorprender y trajo al Canelo, su perro de cuatro cruzas y lo acercó a Bolillo… “Cómele las verijas”, le dijo.

Claro, era de juego… era para inspirarle miedo…

Y Canelo se le acercó… adelantó el hocico hacia la zona genital de Bolillo que se quedó helado…

Espinillas iba saliendo de la casa de carrizo… yo estaba mirando con el trompo listo para dar su baile y me quedé petrificado.

María se dio cuenta de que el susto había ido demasiado lejos…

“¡Espérate Canelo… espérate animal!” Demasiado tarde, Canelo ya estaba sobre ello…

Pero no para arrancarlo… estiró la lengua y en cuestión de segundos, el rostro de Bolillo tenía una sonrisota… por primera vez se quitó el chupón… y de la nada salieron como cuatro encuerados pidiéndole a Canelo que les hiciera también la misma gracia.

María la Puerquera se llevó a su perro a garrotazos y lo amarró en el patio de atrás para no soltarlo nunca.

Ni Bolillo ni el resto de los encuerados se hicieron degenerados…

en realidad, María solucionó el problema regalándoles calzones.

.(Javascript debe estar habilitado para ver esta direccion de correo)
Imprimir
COMENTARIOS



  • 0
5 6 7 8 9 0 1 2