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Carlos Gutiérrez Montenegro
Carlos Gutiérrez Montenegro
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Psicólogo, Maestro en Enseñanza Superior por la Universidad Autónoma de Nuevo León, actualmente desarrolla su campo en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Saltillo, como coordinador de investigación; en el Centro de Asesorías, A.C. como psicoterapeuta psicoanalítico; Asesor técnico del Centro de Investigaciones Psicopedagógicas, de la Dirección de Educación Especial de la Secretaría de Educación y Cultura del Gobierno de Coahuila; Productor de contenido del programa “De Frente” y editorialista del canal 7 RCG de televisión, además de articulista del periódico “Zócalo” de Saltillo. Algunos de sus escritos e investigaciones son: "PSICOANALISIS Y SOCIEDAD", publicado por la Universidad Veracruzana en 1982, el 'ESQUEMA DE LA PUBLICIDAD', también publicada por la Universidad Veracruzana en 1984, la 'ESCUELA PARA PADRES", publicada por la Secretaría de Educación Pública de Coahuila y el Instituto de Servicios Educativos del Estado de Coahuila, en 1993 (primera edición) y en 1994 (segunda edición). Además, la investigación llamada ‘ESTUDIO EXPLORATORIO Y PROSPECTIVA DEL PROGRAMA MECED EN EL ESTADO DE COAHUILA’, realizada en una colaboración conjunta de la UPN con el DIF Estatal y la Secretaría de Educación Publica de Coahuila y la investigación “ESTUDIO DE LAS CONDICIONES DETERMINANTES DE LA REPROBACIÓN EN LA UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE COAHUILA”, de reciente publicación.

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27 Junio 2017 04:00:00
El placer del linchamiento
“Poetisa es golpeada por su expareja en Saltillo; pide auxilio en Facebook Live”. Así inicia el encabezado de la noticia en El Heraldo de Saltillo del 19 de junio de 2017 y a continuación da la información breve del evento en el que fue agredida Esther M. García.

Otros medios retoman la información o la amplían, pero la iniciativa la mantuvo Facebook, en donde las cosas llegaron hasta la incitación al linchamiento para el presunto futuro asesino, haciendo los honores a Minority Report, en donde una serie de (asumo) feministas integraron el escuadrón del Precrimen, de una manera que hubiera dejado satisfecho al mismísimo Steven Spielberg.

La información con la que contaban las personas que integraron el escuadrón del Precrimen no era mucha: un video subido por la afectada en el que pide se le denuncie, luego un cartel al estilo de “se busca” al que son tan afectos nuestros vecinos norteamericanos y una serie de comentarios derivados de la indignación de un muy añejo problema no resuelto de maltrato a las mujeres.

En el video se ve a la escritora con golpes y sangre en el rostro. Lo que la premiada poeta (dato que no es relevante, porque pudo ser una trabajadora doméstica o una dama de alta sociedad) pedía en el video era una cierta incitación imprecisa a la acción violenta contra su atacante.

Dijo: “Alguien por favor que me ayude a encontrar a Pedro Alberto Silva Campos, me agarró a golpes, a puñetazos hace un rato, cuando le pedí que llevara al doctor al niño, destruyó el teléfono de mi casa y me siguió, quiso seguir golpeando (sic) y dijo que no avisara a mi mamá ni a la Policía. Por favor, si alguien lo ve, si conocen dónde está, para que lo denuncien a la Policía, por favor”. Inútil.

¿Por qué?, porque ese delito requiere que ella misma haga la denuncia y como quien acusa tiene la carga de la prueba, en términos jurídicos no sirve que ella llame a las redes sociales a que lo denuncien. No hay modo de evitar el dolor que viene si demanda.

Poco después, alguien, un hombre cercano a ella, quitó el video de su muro argumentando que un grupo feminista había aconsejado que se eliminara para evitar la revictimización, pero perdiendo la necesaria visibilidad que movió en principio la opinión pública, lo que no permite llegar a mejores negociaciones en un momento dado.

Sin embargo, una vez que empieza a rodar la bola de nieve es imposible detenerla. La petición generó el ya mencionado cartel, agresivo e incitador, a la toma de justicia por propia mano. El cartel, mostrando dos fotografías del presunto agresor, decía:

“#AlbertoSilvaPrófugo SE BUSCA ¡POTENCIAL FEMINICIDA! Su nombre completo es Pedro Alberto Silva Campos, el 19 de junio agredió físicamente a su expareja Esther en Saltillo, Coahuila. Enfrenta cargos, es buscado por las autoridades y ESTÁ PRÓFUGO. Trabaja para UBER, maneja un SPARK BLANCO de reciente modelo. SI LO VES, DENÚNCIALO AL 911 0 A CJEMS (442)4340089. Hagamos justicia. Evitemos que agreda a otras mujeres #VivasNosQueremos #NoEstásSolaEsther”.

Y de entre todo, lo que más resalta es la incitación al linchamiento en esas dos frases: “Hagamos justicia. Evitemos que agreda a otras mujeres” porque, usted o yo, ¿cómo vamos a hacer justicia?

Entiendo que podemos ayudar a que se haga justicia, pero eso solamente le corresponde a las instancias judiciales. Podremos contactarnos con Esther y darle nuestro apoyo moral o económico para que lleve adelante un juicio. Podremos ser testigos si conocemos a Pedro Alberto y tenemos datos que apoyen la idea de su potencial trastorno antisocial (o lo que sea), podremos incluso movilizar fuerzas para realizar eventos de apoyo a ella y a todas las mujeres maltratadas (y créanme, yo las apoyaría), pero lo que no podemos es incitar a nadie para tomar la justicia en propia mano.

Porque Pedro Alberto podrá ser un presunto golpeador, incluso un presunto potencial asesino, pero mientras no se tengan pruebas, un juicio, vinculación a proceso, una orden de restricción, una orden de detención, sigue siendo inocente y ni usted ni yo podremos tocarle ni siquiera un pelo de su ya no tan abundante cabellera.

Porque ni Pedro es un negro esclavo ni Esther es una blanca sureña. No estamos en los tiempos del esclavismo norteamericano ni podemos erigir un tribunal irregular para dar respuesta expedita a la agresión sufrida.

El espíritu de Lynch no debe apoderarse de las redes sociales porque vamos a cometer injusticias mayores a las que pretenderíamos solucionar. Pedro puede ser una alma perdida, pero la pena debe ser siempre del tamaño del delito cometido, y eso solamente un tribunal puede determinarlo. Aunque no le guste.
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