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Alejandro Irigoyen Ponce
Alejandro Irigoyen Ponce
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20 Noviembre 2014 05:08:29
El poder del silencio
Circula desde ayer en YouTube y otras plataformas de la Web e incluso en noticieros nacionales e internacionales, un video contundente y aleccionador. Durante dos minutos, una cámara enfoca el rostro, no más de 10 segundos, de un cantante o actor de Hollywood. Luego pasa a otro y a otro más, son casi 20.

Los actores y músicos, con el rostro serio, frío, voltean los ojos directamente a la lente, en evidente señal de reclamo. Es la campaña en la que urgen a los líderes mundiales a combatir el ébola. Desde la perspectiva de los activistas ya todo está dicho, ahora queda esperar a que de los discursos se pase a las acciones concretas. Tienen razón.

Que poderoso puede ser un rostro, una mirada, en la que se puede encontrar, sin duda, un reclamo, la evidencia del hartazgo, a un ciudadano que grita “ya basta de simulación, aquí estoy esperando que hagas algo concreto”. Todo sin abrir la boca, sin pronunciar palabra.

Los mexicanos atravesamos por un momento de desesperanza, de rabia, de impotencia ante la evidencia de la colusión entre criminales y delincuentes; ante el hecho de que las autoridades están rebasadas y dan tumbos, que se encuentran expuestas en la red de corrupción e ineptitud en que navegan, y que aún así, son erráticas.

Los ciudadanos de este vapuleado país somos testigos de que la clase gobernante ni siquiera es capaz de instrumentar una estrategia de control de daños y mucho menos de articular un discurso creíble ante la crisis social -derivada de la inseguridad- que estalló desde hace semanas.

Las protestas son eclipsadas por los grupos que buscan en cualquier resquicio de la inconformidad social, una vía para expresar con violencia su resentimiento. Los bárbaros que no creen en nadie y en nada, se confunden y amalgaman con aquellos que con justicia y total legitimidad exigen al Estado combatir con eficiencia el actual orden de las cosas.

El vandalismo, la rapiña, el lastimar aún más a la sociedad que dicen representar, terminará tarde o temprano por inhibir a quienes apuestan por la vía pacífica. El hecho de que se haya suspendido el tradicional desfile del 20 de noviembre en el DF, Guerrero y Michoacán, por temor a los infiltrados, a los radicales y a los anarquistas, es un paso contundente en esa vía.

La campaña “ya me cansé” pierde impulso y los padres de los 43 normalistas desaparecidos y presuntamente asesinados por narcotraficantes ya no encuentran el mismo eco a su reclamo. Ahora son los empresarios los que ganan espacios reclamando que se imponga la ley a los violentos. Ya no quieren más protestas en el tono en que el registran, y en el lance piden que el Gobierno haga lo que tiene que hacer, imponer la ley.

Así pasa en este nuestro México. La indignación social tiene la vida de un cerillo, una llamarada que se consume rápidamente.

Que interesante sería que los ciudadanos, todos, aprendiéramos de la lección de los actores y músicos estadounidenses. Sería otra trinchera, otra forma pacífica de expresar nuestro malestar e inconformidad.

Que el Presidente diga que será su esposa la que dará la cara y explicará lo del escándalo por su residencia familiar; que ésta salga a decir que es multimillonaria, que su trabajo como actriz de Televisa le redituó ingresos, por ejemplo en 2010, de 131 millones de pesos y que literalmente nadie le crea, puede ser una oportunidad para fijar una mirada en los que ocupan Los Pinos, más poderosa que las estridentes mentadas (a las que a fuerza de recibirlas, parecen ya inocuas) y dejarles claro que no nos chupamos el dedo.

Un rostro serio, frío, contundente que les grite en silencio que dejen de decir y empiecen a hacer. Que ya no salgan con eso de que harán valer la ley, que mejor empiecen por cumplirla; que ya no digan que combatirán a la delincuencia, que la combatan y que jamás vuelvan a decir que la tragedia de Ayotzinapa los conmueve e indigna. Mejor pidan perdón por ser tan torpes y omisos, que renuncien a los que les queda algo de pudor y dignidad y que el resto (la inmensa mayoría, sino es que todos) hagan por fin lo que tengan que hacer para que no vuelva a ocurrir.

Por favor, ya no digan que el futuro pinta prometedor gracias a las reformas estructurales. Mejor trabajen para componer el presente.

Los mexicanos sufrimos una clase gobernante corrupta e inepta. Los Pinos nos demostró en la actual coyuntura que ni siquiera sabe cómo contener daños, administrar conflictos. Ya estamos hartos y otra forma de dejarlo en claro, aún para los de corta entendedera, es un rostro frío, sereno, pero firme, con una mirada implacable, de esas que se avientan a la cámara los actores y cantantes, y que se traduce en un contundente: Aquí estamos, esperando que hagas lo que debes hacer, cumplir y hace valer el estado de derecho.
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