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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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21 Julio 2018 04:08:00
El precio de la soberbia (II)
Los actos de corrupción y la violencia eran el pan nuestro de cada día” en el gobierno de los hermanos Humberto y Rubén Moreira, dice el reportaje Líderes Alertaron con Tiempo sobre Hundimiento del PRI; los Ignoran, de Édgar London (http://www.espacio4.com).

Advierte que “En ese periodo, el penal de Piedras Negras funcionaba como un centro al servicio del crimen organizado, donde se comercializaban drogas y se resguardaban personas que habían sido secuestradas fuera del centro penitenciario para negociar sus rescates. Se calcula que, desde finales de 2009 hasta septiembre de 2012, los Zetas asesinaron e incineraron al menos a 150 personas en los talleres de este Centro de Readaptación Social.

“Otra afrenta a los coahuilenses fue la contratación de la llamada megadeuda –por más de 36 mil millones de pesos–, utilizando documentos apócrifos, firmas falsas y con la venia del Congreso, entonces rendido a los pies de Humberto y de su seguidor, Jorge Torres López, gobernador interino en 2011 y actualmente uno de los más buscados por la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés).

“Guardar complicidad ante estos actos de corrupción no fue opción para algunos priistas, entre ellos Armando Guadiana, que renunció a su militancia en 2012, para apoyar a Andrés Manuel López Obrador, en ese entonces dentro de las filas del PRD y contrincante de Enrique Peña Nieto.

“‘En el PRI me han amagado con expulsarme por criticar los excesos de Humberto Moreira y de otros funcionarios públicos; la verdad, no hay razón más digna por la que me puedan acusar, me quieren expulsar por señalar por corruptos a los corruptos y de ineficientes a los ineficientes. Pero mi formación no me permite callar y ser su cómplice’, expresó Guadiana durante su renuncia.

“‘No seré cómplice otorgando el silencio, sé que lo que digo es la voz de muchos y sé que lo que hago lo harán otros, porque aún tenemos oportunidad de cambiar el rumbo de nuestro país y la buscaremos siempre como antes, por el bien de México, por la concordia y por la reivindicación de los valores de la vida pública’, agregó.

“El empresario –excandidato al gobierno y hoy senador electo por Morena– ya alertaba, desde esa fecha, sobre la concentración del poder alrededor de una familia y el destierro político de cualquiera que se opusiera a sus intereses. ‘Hoy renuncio al PRI, pues ha dado muestra desde Coahuila de su lógica en el ejercicio de poder, donde no existe el interés común, sino el de unos cuantos reducidos a una familia y, en el mejor de los casos, a una cofradía de poder. No quiero seguir formando parte del partido político de hombres como Humberto y Rubén Moreira, no quiero formar parte de un partido político cuyo candidato presidencial es sólo un producto de mercadotecnia’, dijo ante AMLO.

“Si la presencia de Humberto Moreira en el máximo puesto político del estado conllevó a atropellos y escándalos por el mal manejo de las finanzas públicas, con el relevo entre hermanos, la situación no mejoró. Rubén tuvo la oportunidad histórica de separarse de las malas costumbres de Humberto e instaurar su propia agenda política, pero no lo hizo. No sólo ignoró los ilícitos que desencadenaron la megadeuda, sino que exoneró a su hermano en un proceso exprés, a espaldas de la ciudadanía que exigía justicia. Por si no bastara, la Auditoría Superior del Estado (ASE) informó sobre el desvío de 410 millones de pesos provenientes de su Gobierno a empresas fantasma en 2016”.
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