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Salvador García Soto
Salvador García Soto
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Salvador García Soto es periodista. Nació en Guadalajara Jalisco, donde cursó la licenciatura en Ciencias y Técnicas de la Comunicación en la Universidad del Valle de Atemajac. En Guadalajara colaboró en varios medios locales y en oficinas de los gobiernos estatal y federal. Fue reportero de la fuente política en El Heraldo de México y en el diario La Crónica de Hoy. Desde 1998 escribe la columna política Serpientes y Escaleras que se ha publicado en los periódicos La Crónica, El Independiente y actualmente en el Universal Gráfico. Fue director general de Crónica y ha colaborado en revistas como Vértigo y Cambio. Durante dos años fue conductor del programa Cambio y Poder que se transmite por Cadena Raza y desde noviembre 2003 colabora en W Radio como comentarista del noticiario Hoy por Hoy tercera emisión y en el programa El Weso.

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02 Julio 2016 04:00:47
El Presidente, la risa y los libros
Dos situaciones distintas relacionaron esta semana al presidente Enrique Peña Nieto con la risa. La primera fue una mención en la columna del periodista Ciro Gómez Leyva sobre que el Presidente se reía, aun con las derrotas electorales de su partido, con un conflicto magisterial que estrangula varios estados y un contexto económico internacional delicado; y la segunda ocurrió en redes sociales, donde un video de la reciente cumbre de Norteamérica, donde se ve al mandatario mexicano junto a sus homólogos de Canadá y Estados Unidos, fue editado con risas de fondo lo que volvió una escena formal de esa Cumbre en una imagen cómica e hilarante.

¿Está mal que el Presidente se ría? Por supuesto que no. La risa, decía Sigmund Freud, sobre todo cuando es carcajada, ayuda a liberar energía negativa. ¿Está mal que en las redes sociales se rían del Presidente? Tampoco está mal. Libertad de expresión es signo de fortaleza de una democracia y reírse de los políticos y poderosos, incluidos los presidentes, es signo de libertad y democracia. La sátira política siempre ha existido en México, donde nos hemos reído de los gobernantes sea en las antiguas carpas, en magníficos cartones de caricaturistas y moneros o en los actuales memes y videos que circulan por internet. Cosa muy distinta son los contextos, tanto en el que un presidente se ríe, y eso ya motivó análisis en la prensa sobre si la situación del país está como para que Peña se ría, como el contexto en el que los gobernados se ríen del presidente y si es signo de debilidad o de apertura.

En todo caso, tan saludable es que el Presidente se ría y se le vea de buen humor, como también que el Gobierno tenga la capacidad de aceptar que a veces ante la situación de humor involuntario (por sus decisiones o indecisiones) la gente prefiere reírse del poder para no terminar llorando ante su realidad. Es cierto que en México, particularmente la figura presidencial, ha estado rodeada una solemnidad –y en el pasado incluso sacralización– que una broma sobre el presidente aún se entiende en algunos sectores como una “falta de respeto”, cuando en otros países es común ver incluso en la televisión sketches y sátiras donde se burlan y ridiculizan a sus gobernantes en programas con altos niveles de audiencia.

Así que dejemos que el Presidente se ría, aunque puede no gustarnos si vemos el panorama en Chiapas y Oaxaca donde tras varios días de bloqueos carreteros la CNTE impidió el abasto de gasolina y víveres a poblaciones enteras de esos estados.

El buen humor que se respira en Los Pinos, según las crónicas, no se parece al pesado humor que se respira en Insurgentes norte, donde más bien hay incertidumbre por saber qué va a pasar con su dirigencia nacional y a quien enviará, precisamente el relajado Presidente que es su “jefe máximo”, a encabezar al PRI tras la sonada y sorpresiva renuncia de Manlio Fabio Beltrones, quien el pasado 20 de junio se fue de la dirigencia nacional con un discurso que provocó de todo menos risas entres los priistas. “Lo que los gobiernos hacen, sus partidos lo resienten”, dijo parafraseando a Colosio.

Por lo demás el presidente Peña no se rió, y por el contrario se le congeló la sonrisa, cuando en plena conferencia de prensa de la citada Cumbre norteamericana en Ottawa el presidente Barack Obama le corrigió la plana sobre su discurso en contra de los “populistas y demagogos que ofrecen soluciones fáciles y que buscan destruir lo construido”. A pregunta de los reporteros, sobre sus comparaciones entre Donald Trump y Hitler, el mandatario mexicano repitió su alocución sobre el peligro que representan “populistas y demagogos que se presentan en distintas partes del mundo” y pretenden “eliminar y destruir lo que ha tomado décadas en construir”, la misma que se le escuchó en septiembre de 2015 ante la ONU; después de escuchar a Peña Nieto, el Presidente de Estados Unidos pidió la palabra para precisar “qué significa el término populista”.

Obama definió: “populista es quién trabaja por la gente, por los pobres, porque los niños tengan una buena educación y una madre trabajadora tenga un cuidado de su niño en el cual pueda confiar y un sistema tributario que sea justo y que permita que personas, como yo, que se han beneficiado de las oportunidades ofrecidas, deban pagar un poco más para permitir que niños de otros menos afortunados puedan tener las mismas oportunidades”. Dijo que se deben poner límites al sistema financiero para no repetir el desastre de 2008, y transparencia en los sistemas para que no existan personas que evadan el pago de impuestos estableciendo cuentas extraterritoriales y se aprovechen de situaciones que otros ciudadanos no pueden beneficiarse porque no tienen abogados o contadores para usar esos trucos”.

“Supongo que por eso se podría decir que yo soy un populista”, dijo Obama, y pidió distinguir a quienes nunca se han preocupado por los trabajadores o ha luchado por la justicia social o por los niños pobres porque “esos no se transforman de la noche a la mañana en populistas porque dicen algo controvertido para obtener votos. Eso no es ser populista, eso es xenofobia quizás o aún peor, es ser un cínico. Entonces yo les diría, tengan cuidado en darle a cualquier persona que emerja en un momento de ansiedad el título de populistas”, pidió el Presidente de Estados Unidos. Tras la precisión –que para algunos sonó a regaño– desapareció la sonrisa.

Los dados mandan doble Escalera. Bien termina la semana.
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