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Guadalupe Loaeza
Guadalupe Loaeza
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09 Mayo 2017 04:00:00
El presidente Macron
Más joven que John F. Kennedy, que Justin Trudeau, que Tony Blair, que Louis Napoleón Bonaparte (y que mis tres hijos, incluyendo la menor de la familia), resulta ser Emmanuel Macron el presidente más joven que ha tenido la V República Francesa. Macron no nada más representa la juventud, la consolidación de la Unión Europea, un programa económico moderno y eficaz, la derrota de un programa demagogo y xenófobo que representaba su contrincante, sino una nueva etapa para Francia, que hace años está de capa caída, especialmente después del pésimo Gobierno de Hollande. A pesar del 33.90% que obtuvo Marine Le Pen, de los votos anulados y del importante abstencionismo, con Macron es que como si a millones de franceses les hubiera llegado una ráfaga de oxígeno, una esperanza y una luz al fondo del túnel. Al otro día de las elecciones del domingo 7 de mayo, La Marianne, el símbolo francés, durmió tranquila y con una sonrisa en los labios. Durmió mecida por los tres valores del triunfo de la República: libertad, igualdad y fraternidad. La que seguramente durmió también en absoluta paz ha de haber sido la canciller alemana, Ángela Merkel, quien antes de acostarse le llamó a Macron porque: “Él lleva las esperanzas de millones de franceses y de muchos alemanes (...) Lideró una campaña proeuropea valiente, defiende la apertura al mundo y está comprometido decisivamente con una economía social de mercado”.

Por mi parte, ese domingo, me dormí con las notas del Himno de la Alegría de Beethoven, con el cual Emmanuel Macron hizo su entrada en la explanada del Louvre para saludar a sus seguidores. No fue casual que eligiera esta oda, extracto de la Novena Sinfonía, representativa de la Unión Europea, y un mensaje de paz, alegría y amistad. Dormí tranquila porque había ganado mi candidato por el que voté en la primera y segunda vuelta. Todavía tenía parte de su discurso en mis oídos: “Esta tarde Europa es el mundo que nos contempla y espera que defendamos el espíritu de las luces”. Además, dormí tranquila pensando en sus promesas de campaña respecto al programa para las mujeres del que se llama a sí mismo “feministe”. ¿Cuál es su compromiso?: igualdad en el salario, lucha contra la violencia, interrupción voluntaria de la maternidad, 50% de mujeres diputadas, publicar el nombre de las empresas que no respetan la igualdad salarial “para que las mujeres puedan vivir de su trabajo”, y un nuevo status con responsabilidades bien específicas para la primera dama, “para poner fin a una forma de hipocresía muy a la francesa”.

Hay que decir que ahora Brigitte Macron, la esposa omnipotente del nuevo presidente, está en la mejor disponibilidad, como profesora de literatura, de cooperar en la educación nacional. “Tendría que ser un rol oficial, dependiendo como se entienda esto. Ella tendrá un rol que siempre ha tenido a mi lado. Siempre me ha acompañado, porque es el equilibrio en mi vida, así es como funcionamos. Nunca ha sido remunerada por la República y jamás lo será”, dijo Macron en una rueda de prensa en marzo. Ya hablaremos de “Bibi”, como la llama Macron, 25 años mayor que él y de su historia de amor, que dura desde que su alumno, es decir el presidente, tenía 15 años.

¿Quién es este líder encantador, inteligente, inspirador y que nadie conocía hace apenas tres años? ¿Quién es este político sin experiencia quien dice no ser de derecha, ni de izquierda, ni nacionalista y que en sus discursos no deja de citar a Antonio Gramsci, Victor Hugo, Albert Camus y Charles de Gaulle? ¿Quién es este seductor profesional quien osa lanzar a toda una multitud palabras de amor como “Je vous aime farouchement, mes amis”? Escuchemos algunos testimonios de intelectuales y líderes publicados en la revista Marianne de abril: “Adoro la audacia de este cuate, tiene una gracia (panache), como no se lo he visto a nadie”, dijo Jean-Marc Dumontet, productor de espectáculos. “Emmanuel es espléndido en lo que se refiere a las relaciones con los demás”, Gael Duval. “Fascina como Obama”, dice Renaud Dutreil. “Cuando le habla a uno, entra inmediatamente en resonancia con lo que usted le dice”, comenta Cédric Villani, matemático. “Es un personaje entre Pierre Mendes y Antonin Artaud”, Roland Castro, arquitecto.

Y para mí, Macron es el antónimo de Trump.
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