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Salvador García Soto
Salvador García Soto
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Salvador García Soto es periodista. Nació en Guadalajara Jalisco, donde cursó la licenciatura en Ciencias y Técnicas de la Comunicación en la Universidad del Valle de Atemajac. En Guadalajara colaboró en varios medios locales y en oficinas de los gobiernos estatal y federal. Fue reportero de la fuente política en El Heraldo de México y en el diario La Crónica de Hoy. Desde 1998 escribe la columna política Serpientes y Escaleras que se ha publicado en los periódicos La Crónica, El Independiente y actualmente en el Universal Gráfico. Fue director general de Crónica y ha colaborado en revistas como Vértigo y Cambio. Durante dos años fue conductor del programa Cambio y Poder que se transmite por Cadena Raza y desde noviembre 2003 colabora en W Radio como comentarista del noticiario Hoy por Hoy tercera emisión y en el programa El Weso.

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11 Diciembre 2018 04:05:00
El PRI, huérfano y perdido
Quién sabe si sea el espíritu navideño que los embarga o si de plano siguen sin sobreponerse al golpe del tsunami lopezobradorista que los arrolló hace ya 5 meses, pero en el PRI no dan señales de vida ni de un intento serio de reanimación o recuperación de ese partido. Con sus liderazgos agachados y agazapados ante el embate de la Cuarta Transformación y del nuevo Gobierno, los priistas ni siquiera en la orfandad, tras la salida de su jefe máximo, Enrique Peña Nieto, se deciden a iniciar un movimiento en busca de una sacudida real que los lleve ya sea a una refundación o a un replanteamiento total del partido al que el peñismo dejó casi aniquilado, tras sus escándalos de corrupción y su fallido Gobierno, y que fue brutalmente rechazado por los mexicanos en las urnas.

Tanto dijeron que “en cuánto se fuera el presidente comenzarían la revuelta y la noche de cuchillos largos”, que la calma chicha que hoy se observa en el PRI –donde hay una dirigencia nacional paralizada y solo algunos políticos y liderazgos medios se mueven con propuestas de refundación y democracia interna, como Ulises Ruiz que recorre el país, o la corriente LIDER presentada el fin de semana– parece confirmar que, en la orfandad, sin un liderazgo definido y con el desánimo y división interna que trajo la derrota, el que fuera hasta hace muy poco el partido gobernante y la primera fuerza política nacional, hoy navega a la deriva y resignado a ser una cada vez más débil y desdibujada tercera fuerza.

Porque aun los personajes que en corto dicen que van a buscar el liderazgo nacional y que quieren encabezar una refundación y una nueva definición del priismo como fuerza opositora al Gobierno de Andrés Manuel López Obrador, en público no se atreven todavía a asomar la cabeza, como si temieran que alguien desde el Palacio Nacional se las pudiera cortar. Y se mueven, eso sí, tras bambalinas en espera de mejores tiempos para lanzar abiertamente una campaña por la recuperación y el rearmado de los pedazos y fragmentos que quedaron de la vieja estructura y la maquinaria priista en los estados, que fueron arrasadas por el fenómeno de Morena y el lopezobradorismo.

En ese caso están los dos priistas más fuertes que se sabe podrían enfrentarse en una contienda interna: el coordinador de los senadores, Miguel Ángel Osorio Chong, que en privado dice que “sí va por el PRI”, pero en público cuida cada movimiento; y el gobernador de Campeche, Alejandro Moreno Cárdenas, que después de un arranque acelerado y de hacer alianzas internas con fuerzas como Rubén Moreira, decidió meter el freno para concentrarse en el apoyo entusiasta a los proyectos del presidente López Obrador en el sureste que beneficiarán a su estado, como el Tren Maya o el proyecto del corredor transístmico. Tanto Osorio como Moreno son vistos al interior del priismo como los dos aspirantes más fuertes a buscar la dirigencia partidista, una vez que se defina la ruta y el calendario que seguirá a una Asamblea Nacional refundatoria y una elección abierta y por voto directo de los militantes, como la que ha planteado la mayoría del priismo.

El problema es que la actual dirigente, Claudia Ruiz Massieu, no parece tener ni prisa ni claridad para trazar esa ruta. La inactividad de la dirigente nacional, concentrada en su labor como senadora, es una queja constante de un priismo que no ve una estrategia clara desde su Comité Ejecutivo Nacional, que parece ausente y apático ante la necesidad de reanimar a lo que quedó del priismo. Un priista de la cúpula dice sobre el papel que está jugando hasta este momento Ruiz Massieu al frente del CEN del PRI: “Es como Enrique Ochoa, pero con falda”.

Mientras tanto, otros liderazgos del priismo, como los 12 gobernadores que aún le quedan, o exdirigentes nacionales como Manlio Fabio Beltrones, también parecen ausentes o en espera de definiciones. Ni Alfredo del Mazo, el heredero del Grupo Atlacomulco, ni otros mandatarios estatales, parecen querer asumir en estos momentos un papel protagónico.

Así que se fue Peña Nieto y en el PRI huérfano y perdido no ha habido ni cuchillos largos ni navajas cortas. Más bien, parecen un partido a la deriva que nada “de a muertito” en espera de que le cambien las corrientes.
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