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Antonio Navalón
Antonio Navalón
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Periodista, voyerista de la vida y vendedor de libros. www.antonionavalon.com

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01 Febrero 2011 05:06:42
El PRI vence al PRI
Guerrero tuvo que ser para que, como en la canción de Agustín Lara, nos acordáramos de Acapulco, pero no porque María Bonita, María del Alma, nos fuera a endulzar la vida, sino porque se marcó el punto y aparte del sistema democrático.

Aguirre gobernador: la elección de Guerrero —que se desarrolló en medio de fuertes dispositivos de seguridad, pero con un saldo blanco— ha dado grandes lecciones.

En primer lugar, el PRI debe saber que la desesperanza y la crisis general de la sociedad mexicana han provocado que las movilizaciones de la gente para votar hagan insuficiente su aparato electoral constante; segundo, las figuras del PRI, tantas y tan variadas, de tan distinto pelaje, intereses y color, deben saber que los comicios actuales ya no se ganan a golpe de talón, presupuesto, gobierno e interés, sino que está pasando algo más importante que es que la gente vive sometida a una doble presión: la de las armas y la desesperanza.

Como lección, el PAN debe estar muy preocupado, porque no es lo mismo impedir que vuelva el PRI a ir cediendo posiciones de poder, porque la verdad es que es mejor ni preguntar quiénes son sus candidatos, porque no sólo se declinan y tienen un peso más bien pequeño en la elección de unos y de otros, sino que de esa cantera no sale nadie que pueda ganar una gubernatura.

Por su parte, Marcelo Ebrard debe estar teóricamente contento, es uno de los ganadores del momento, pero ¿qué ganó? ¿Una entidad que es fundamental pero que debe ser complementada con otras como Michoacán o Nayarit?

La victoria, ¿para qué va a servir o qué va a dejar en relación con López Obrador?

Dos priístas, los dos adscritos a la misma familia, han servido como la gran prueba de fuego de que todo aquel que tiene un presupuesto para invertir en una elección, sea el gobierno de la Ciudad de México —o el partido y los gobernadores colindantes en el caso de Añorve—, se ha dedicado a invertir y a tratar de luchar por su candidato. Los dos priístas representarán con grandes avales del pasado lo que se puede hacer en el futuro.

Para ganar Guerrero, además del fracaso habitual de las estructuras políticas, del mapacheo, se ha hecho uso de jugosos contratos para la telecracia; se ha puesto en evidencia que hay otros jugadores y que la piel, la sangre, el hábito y el alma del país son diferentes.

Estas son elecciones de sangre y fuego. No importa quién se siente en el palacio de gobierno de Guerrero, los gobernantes, como los dueños y los jugadores, están más allá de los partidos, aunque estos no se den cuenta o no lo quieran saber.
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