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Otto Schober
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Otto Schober. Profesor y Licenciado en Educación Primaria; Comentarista radifónico con cápsulas en Núcleo Radio Zócalo; Funcionario de la Secretaría de Educación Pública nivel Primarias en Piedras Negras, Coahuila, Mex.; Historiador de Piedras Negras, Coahuila, México

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26 Junio 2017 04:00:00
El primer auto de Piedras Negras
En el número 15 de la revista Marte del 1 de enero de 1952, apareció un artículo de Manuel Faz Villarreal, donde narra las aventuras de Fructuoso García Zuazua, propietario del primer automóvil que circuló en Piedras Negras. José Vasconcelos en su obra Ulises Criollo cita a “Tocho”, o sea a Fructuoso, como aquel “niño rico, atrevido y buen mocito”, así que no sorprende que tuviese los recursos para comprar en 1904 el primer auto que circuló por las calles de Piedras Negras, entonces Ciudad Porfirio Díaz. “Era un poderoso Oldsmobile que devoraba las distancias a 18 millas por hora”.

El auto lo compró en la ciudad de México en $2,500.00. En ese entonces Tocho vivía en Eagle Pass y poco después de realizar la compra llegó desde Detroit, Michigan un auto idéntico para el Dr. Andrew Evans. Los autos se enviaron desarmados y como no existían garajes con mecánicos, los propietarios siguieron las instrucciones adjuntas para armarlos.

Evans tardó más de 4 meses y Tocho no tuvo tantos problemas, aunque batalló en aprender el complejo mecanismo de aquel artilugio y animarse a tripularlo. En la frontera no se vendía gasolina y debían encargarla para luego establecer cada uno su propia estación de abastecimiento. Los insólitos medios de transporte despertaron la curiosidad y el susto de los habitantes de las dos ciudades fronterizas, pero era común que los autos se quedaran en el camino por falta de combustible, los choferes no sabían calcular los kilómetros que podían recorrer con un litro de gasolina y tenían que regresar a pie, estudiar los instructivos y regresar en un buggie, que era un vehículos de tracción animal y regresar en él con gasolina y el caballo atados a la defensa trasera después.

García y Evans se prepararon llevando mozos que les acompañaban para que regresaran por combustible si se quedaban sin él, por el manual o por el buggie. Tocho solía contar presuntuosamente, que el doctor Evans le pedía con frecuencia arreglar las descomposturas de su auto, que Tocho resolvía poniendo el crank al frente del motor y le daba vuelta para que el motor funcionara. Con el tiempo detectaron que de tanto mover un fierro aquí y otro allá, el doctor Evans ahogaba el motor, llamaba a su amigo y en lo que éste tardaba en cruzar el puente el motor se desahogaba, así que al dar vuelta al crank, el auto funcionaba al primer intento.

Si Tocho salía en su vehículo por las calles de Ciudad Porfirio Díaz, la población se conmocionaba. Los cocheros le temían más que al granizo, apenas veían que se aproximaba, trataban de ganar las calles transversales aunque en su ansia por escapar rompieran los ejes y las ruedas de sus propios muebles. Si Tocho visitaba al doctor Evans en Eagle Pass, los celadores aduanales de ambas garitas se hacían señas de lado a lado del puente, detenían el tráfico y despejaban el camino, hasta entonces lo dejaban avanzar. Como el auto no podía subir el desnivel que existía entonces entre el piso del puente y el de las dos poblaciones, los celadores tenían que subir en peso al vehículo.

Como dato curioso, la primera dama de Ciudad Porfirio Díaz en confiar su vida al subir con Tocho a su auto, fue la señorita Anita Velasco.
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