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María del Carmen Maqueo Garza
María del Carmen Maqueo Garza
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Originaria de Torreón, Coahuila, médico cirujano con especialidad en Pediatría Médica. Trabajó para el IMSS hasta agosto del 2008 cuando se jubiló por años de servicio. Es miembro fundador del Capítulo Norte del Colegio de Pediatras de Coahuila desde 1996. Aficionada a las Letras, comenzó su trayectoria como editorialista en 1975, colaborando para diversos diarios regionales; para periódico ZOCALO escribe desde su arribo a la ciudad de Piedras Negras en 1984. Por otra parte ha publicado tres libros y tiene dos en revisión que saldrán a la luz a finales del 2009. Inquieta por los problemas sociales busca compartir sus puntos de vista en el papel, con cada artículo hace una propuesta al lector para que se involucre en la solución de dichos problemas que a todos afectan, particularmente a nuestros niños y jóvenes.

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13 Agosto 2017 03:00:00
El principio del cambio
En estricta justicia aplica la presunción de inocencia en los casos de Rafa Márquez y Julión Álvarez. Estados Unidos los señala como testaferros de un capo de la droga, aún falta comprobar las ligas entre unos y otro, sin embargo es una excelente coyuntura para la reflexión.

En el supuesto de ratificarse la participación de ambos en el blanqueo de capitales, lo primero que viene a la mente es por qué razón figuras que ganan tanto, y en el caso del futbolista, que además de sus ingresos cuenta con beneficios fiscales millonarios, pudieran considerar meterse en actividades ilícitas como las mencionadas.

Bajo el término “avaricia” o su hermana “codicia” se engloba el deseo desmesurado por adquirir o poseer más de lo que uno necesita, hacer hasta lo imposible por tener más y más, y teniéndolo, escatimar al utilizarlo, algo que habitualmente atribuimos al plano material y que nos lleva a recordar a Ebenezer Scrooge, el inmortal personaje de Charles Dickens. Sin embargo, este afán de poseer no se limita a bienes materiales, sino que también pueden ser beneficios de orden moral, social o de reconocimiento, de manera que un individuo es capaz de cualquier cosa con tal de tener o figurar más que los demás.

Ahora bien, ¿por qué alguien se empeña en tener más allá de lo que realmente necesita? Los estudiosos de la conducta humana señalan que lo que inicialmente nos impulsa es un miedo a que más delante, cuando necesitemos, no haya disponibilidad de aquel bien, y por ello la necesidad de acumular más de la cuenta por anticipado.

Fromm relaciona el materialismo con la creación de necesidades, y vaya que el mundo actual tiene dentro de sus características la constante creación de necesidades. El teléfono móvil, el pantalón o los zapatos “deben” cambiarse porque así lo marcan las tendencias de la moda o del mercado, así estén en excelentes condiciones para seguirse usando. Y partiendo de ese maligno supuesto de que “todos” lo hacen, se genera una angustia interna que llevará a conseguir aquel cambio de indumentaria o de tecnología a toda costa. Los objetos o las prebendas obtenidas son los símbolos de una condición frente al mundo. No importa si las características del nuevo teléfono móvil no representen ventaja alguna frente al modelo anterior, lo que importa es adquirirlo.

Loewestein establece una relación entre la esfera emocional y la economía, haciéndonos ver cómo una es termómetro de la otra, y de qué modo los valores tradicionales de una sociedad quedan sujetos a la urgencia precipitada de adquirir, tener, o acumular más que los demás.

Frente al desapego del Budismo, estas conductas de apego absurdo ponen en evidencia que detrás de ellas hay una gran inseguridad del ser humano. Y pudiéramos afirmar que esa inseguridad está dada por falta de autoestima del individuo, quien no reconoce en sí mismo ningún mérito, de modo que concluye que los méritos se compran y se ostentan, pero no se desarrollan dentro de uno mismo.

Si vamos por la vida sin una conciencia cósmica, creyendo que nuestro destino termina bajo una pila de tierra, por supuesto que vamos a querer poseer y acumular desesperadamente, para sentir que vivimos Y vamos a depender de aquello que acumulemos, y buscaremos tener más y más, como oxígeno vital, y en aquel apego jamás podremos conocer la serena alegría de estar bien dentro de nuestra piel, o la libertad, o la creatividad, o el amor transformador, al que ni la muerte logra apagar.

El principio del cambio radica en el corazón, en sabernos parte de un todo superior a través del cual somos plenos y trascendemos.
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