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Ricardo Torres
Ricardo Torres
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22 Enero 2016 04:00:24
El privilegio de la extradición
Es difícil dejar pasar la oportunidad de verter alguna opinión por insípida que sea, sobre el caso del exgobernador Humberto Moreira, mayormente cuando quien tienen la posibilidad de hacerlo, en este caso yo, se siente o se considera con la plena capacidad y autoridad para hacerlo, es decir, cuando se tiene una conciencia limpia y en virtud de ello, no se corre el riesgo de que la propia culpa aparezca y me reprima al decir palabras en contra del profesor y terminar considerándome como un ingrato.

Lo anterior en virtud de que algún sector de la población considera que lejos de inculpar al profesor Humberto, debiéramos estarle profundamente agradecidos, principalmente por lo que dicen que hizo en Coahuila de manera desinteresada. Pues bien, para no caer en el malagradecimiento, debo reconocer que hay algo que debo agradecerle al multicitado profesor Humberto Moreira Valdés, y es la manera tan explícita en que ejemplificó la palabra “ambición”. Y es que si de resumir la carrera del político se trata, debemos sin duda utilizar en más de una ocasión dicho término.

Desde el inicio de su carrera política, el exmandatario estatal, ahora reo en un reclusorio de España, dio clara muestra de que querer es poder y que si se camina siempre en una sola dirección con los ojos fijos en la meta, sin duda alguna se alcanzará la finalidad; lo malo es que la meta del político coahuilense siempre lo fue el hacerse del poder para luego servirse del mismo.

En días de su mandato y aun hace semanas, era imposible comentar abiertamente lo que todos los coahuilenses sabíamos y que pocos señalaban: que durante su gestión como gobernador del estado de Coahuila firmó decretos por los que se adquirió una deuda de más 33 mil 100 millones de pesos, en la que se utilizó documentación apócrifa y que probablemente con esos recursos se financiaron diversas campañas políticas a lo largo y ancho del territorio nacional, incluso la campaña del actual presidente Enrique Peña Nieto y que en consecuencia de esa deuda, el estado pasó de tener una calificación A+ a BBB- en el índice de Standard & Poor’s, es decir que en dicho sexenio se cometió el mayor desfalco que la historia de nuestro estado haya sufrido y que en consecuencia de dicha acción los coahuilenses tendremos que apoquinar durante más de 20 años con elevados impuestos y costosos precios por los servicios que el estado nos presta.

En días presentes el amago sigue vigente, sólo que ahora es la conciencia de quienes pudieron decirlo en su momento con todas sus letras y prefirieron callar la que les evita desplegarse con sendos comentarios veraces.

Debo confesar que yo mismo llegué a dudar de la posibilidad de que el extitular del Poder Ejecutivo del estado en algún momento de su vida tuviera que rendir cuentas, por lo menos parciales, de sus acciones ante alguna autoridad terrenal. Incluso, y a pesar de que eso ya sucedió, hoy sigo pensando que la megadeuda de Coahuila llegue a esclarecerse en su totalidad; es casi un sueño, por lo menos no en nuestro territorio nacional, en donde una pequeña esfera de poderosos tratará de evitarlo a toda costa, o si no, cómo se explicaría que los propios panistas pugnen de manera excitada para que el “profe” sea juzgado en México, país en donde desde noviembre de 2012 la PGR lo absolvió en el caso del endeudamiento por no contar con las evidencias suficientes para acusarlo formalmente… ¡Esos panistas!
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