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Alejandro Irigoyen Ponce
Alejandro Irigoyen Ponce
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04 Diciembre 2014 05:08:06
El profeta Fuentes
Volver a leer las entrevistas que concedió el escritor Carlos Fuentes (entre noviembre de 2011 y marzo de 2012), a diferentes medios de comunicación, tanto nacionales como extranjeros, y revisar las contundentes advertencias sobre el tamaño de la clase política que entonces se disputaba el poder, resulta una verdadera sacudida. Cuánta razón tenía; qué lástima por todos los que aquí nos quedamos, que sus palabras no fueron suficientes para cambiar el escenario. Y eso lo debemos pagar hoy.

El 22 de noviembre del 2011, en una entrevista con la agencia española EFE, el también diplomático mexicano (aunque nació en Panamá por azares del destino), dijo que no le daría su voto a ninguno de los candidatos a la Presidencia, ya que consideraba a los tres como malos, situación que lamentaba “porque siento que es la última oportunidad política que tiene México para evitar el caos y la violencia en el país”.

Después, luego de que el entonces candidato Enrique Peña Nieto atribuyera su obra “La Silla del Águila” a Enrique Krauze, Fuentes dijo que el priista “es un hombre muy ignorante, y los problemas exigen a un hombre que sepa algunas cosas, no quién es el autor de una novela, sino en general tener un concepto del mundo, poder conversar como par con Obama, con Angela Merkel o con Sarkozy, y no es este hombre capaz de hacerlo”.

Para rematar, el escritor dijo pocos días después que “en serio, le pido a Enrique Peña Nieto que lea la Biblia… Yo no pido que sepan quién es Platón o que hayan leído la Suma Teológica de Santo Tomás. Quiero que sean inteligentes, que entiendan la realidad del país, que entiendan qué está pasando, que entiendan al mundo”.

El periódico colombiano “El Tiempo” publicó en su edición del 29 de enero de 2012, otro fragmento de la visión de Fuentes: “Son tres candidatos, tres distintos, ninguno tiene la solución a los problemas. La situación política se va a complicar, porque los problemas son muy grandes y los candidatos son muy pequeños”.

El ganador del Premio Cervantes de Literatura 1987 y del Príncipe de Asturias en 1994, advirtió en marzo de 2012, que el pueblo mexicano es muy resistente, pero tiene un límite. “Los problemas están ahí y el que no los quiera ver va a fracasar y el que no los atienda se lo van a comer vivo, porque creo que la gente ya llegó al tope de su aguante en México”.

Como una suerte de profeta, el eterno candidato al Nobel (que méritos le sobraron) apuntó a la médula y simplemente sus palabras no encontraron el eco suficiente. Y ese es el punto, la trágica ecuación de una clase política pequeña, muy pequeña, que además se negó a ver la realidad hasta que le estalló en el rostro.

Y sólo como un apunte suelto, otro escritor, Juan Villoro, acaba de afirmar, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que “Enrique Peña Nieto está bastante aislado, cayó en el espejismo de pensar que declarar es una forma de gobernar y lanzar iniciativas es ya hacer política y transformar la realidad… de manera particularmente grave, el descontento ha crecido porque es un descontento acumulado que tiene que ver con el desastre que vivimos en México desde hace muchas décadas, pero también con la falta de respuesta real de este gobierno, o sea, prometer mucho y celebrarse mucho a sí mismo en vez de cambiar la realidad; Enrique Peña Nieto parece atrapado en un guión de telenovela”.

Sin embargo y ante la exigencia de miles, tal vez cientos de miles, de que renuncie el Presidente, cabría preguntar ¿y luego? Desafortunadamente el panorama es mucho más grave: no existe una receta mágica y tampoco un personaje o grupo político que se encuentre a la altura de conflicto.

Sí, cuánta razón tenía Carlos Fuentes y lo más grave es que en el más optimista de los escenarios, tendrán que pasar años, tal vez generaciones, para que el entramado político, la clase gobernante en su conjunto, cambie justo donde debe cambiar, en lo más difícil dado el nivel de corrupción e ineficiencia demostrado, en su estatura intelectual, ética y moral.
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