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Carmen Aristegui
Carmen Aristegui
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Carmen Aristegui Flores. Periodista y conductora de programas de radio y televisión de amplia experiencia y reconocimiento en México.

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27 Mayo 2016 04:00:02
El pulso de las cosas cotidianas
Tenemos un nuevo retrato sobre lo que los mexicanos perciben del estado de cosas que impera en temas que impactan todos los días a millones de personas en su vida diaria. Abrir la llave del agua, prender la luz, cruzar una calle, pasarse un semáforo, hacer un trámite, pagar un servicio, pedir un permiso, ir a la escuela, subirse al Metro, sortear un bache. Millones de esas pequeñas e incesantes acciones y su impacto en la vida de la gente en alguna medida es lo que queda registrado en la Tercera Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (2015), publicada por el INEGI esta semana.

El levantamiento refleja las experiencias sobre el fenómeno de la corrupción sufridas por la población al realizar pagos, trámites y solicitudes de servicios públicos, además de lo que ocurre al contacto con autoridades y servidores públicos.

El registro marca más de 30 mil actos de corrupción por cada 100 mil habitantes, la mayoría producidos con autoridades de seguridad pública, gestiones ante el Ministerio Público y trámites en pagos y solicitudes de servicios públicos. Se mide también la incidencia y se desagregan datos estado por estado. Por lo pronto, 30% en este indicador de corrupción no es un dato menor.

No se miden situaciones de corrupción a gran escala o se rescata la percepción que pueda tener la sociedad acerca de grandes escándalos conocidos o percibidos entre las grandes esferas de poder. Se trata “sólo” de un pulso nacional sobre las pequeñas raterías, mordidas, transas y pillerías que ocurren todos los días desde patrullas, ventanillas, oficinas de trámites y gestorías desde donde se esquilma y abusa de miles en este país. El INEGI lo dice así: “Cabe aclarar que la cobertura conceptual y el alcance metodológico de este proyecto estadístico, contemplan actos de corrupción en actividades relacionadas con la vida cotidiana de los hogares y no de las actividades que permiten el desarrollo de las unidades económicas”. Si el INEGI incorporara alguna que otra pregunta para medir la percepción ciudadana acerca de esos otros hechos de corrupción, el retrato quedaría más completo.

La encuesta revela también cómo andan los ciudadanos en relación con los servicios más básicos, esos que según su grado de funcionamiento pueden no solo entorpecer, sino estropear la vida diaria de millones de personas en temas como agua potable, drenaje, alumbrado, basura, calles, alcantarillado, transporte, etcétera.

La encuesta está disponible y ofrece una buena carga de datos, algunos presentados de cierta manera seguramente para minimizar su impacto. Por ejemplo, se dice: 62.1% considera que el suministro de agua es constante y el 25.3% considera que el agua es potable. Es decir, que ¡el 74.7% piensa que no! Se lee también: “... 12.6% afirma que los hospitales no están saturados de usuarios”, es decir, ¡87.4% piensa que sí!

Sobre energía eléctrica, transporte público y autopistas con casetas el promedio en satisfacción, a nivel nacional, fue de 43.5%. En calles y avenidas, policía y alumbrado público, el nivel de satisfacción fue de 20.7%, 25.3% y 33%, respectivamente, es decir, bajísimo. De “panzazo”, pero los servicios de educación pública obligatoria aprobaron, en el nivel de satisfacción, con un 61%. El Seguro Social sólo alcanzó el 38.8%, mientras que el transporte público masivo automotor apenas llega a 28.9 por ciento.

El número de mexicanos que dijo haber tenido una experiencia de corrupción fue superior a la registrada en 2013. No en balde ese tema se ubicó en el segundo lugar de los asuntos que más preocupan a los mexicanos con 50.9%, detrás sólo de la inseguridad y delincuencia que alcanzó 66.4 por ciento.

Así como la corrupción incrementó sus niveles, la opinión sobre los servicios que ofrece el gobierno cayó 5.5 puntos en dos años. El promedio de los servicios básicos y los llamados bajo demanda a nivel nacional fue de 43.5%, abajo del 49% reportado en 2013.

El panorama es lamentable por donde se le vea: servicios públicos depauperados, niveles de corrupción que no ceden y un creciente nivel de insatisfacción en una población cuya vida cotidiana no mejora.
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