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Francisco Garfias
Francisco Garfias
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18 Diciembre 2016 04:00:00
El que mandó a volar a Trump
Me encantó la retadora carta que Terry Gou, fabricante de iPhone, le escribió a Donald Trump ante las presiones para que Apple fabrique los dispositivos en Estados Unidos.

La misiva exhibe al magnate inmobiliario, advenedizo en política, como un verdadero charlatán y, obvio, lo manda a volar con todo y su exigencia de que los celulares de Apple se fabriquen en territorio de la Unión Americana.

Sé que algunos ya la leyeron. Pero vale la pena retomarla.

El presidente de Foxconn, fabricante de los iPhones, le dice con realismo a Trump:

“Si usted quiere que los iPhones se fabriquen en Estados Unidos también puedo hacerlo. Diablos. Puedo montar una línea de producción en las Trump Towers si quiere, pero los costos serán enormes.

“Tengo que cubrir mis gastos, que incluyen fábricas, mano de obra y transporte. Sabe, no fabrico en China solamente porque es más barato, sino porque miles de proveedores están allí, a un paso de mis fábricas y el millón de personas que empleo durante la temporada pico”.

Le hace notar también que puede desplegar más robots en Estados Unidos, pero que entrenarlos puede llevar meses, mientras que los humanos aprenden en horas.

Más robots significan menos empleos, recuerda. Y remata: “Aumentar aranceles de importación no cambiará demasiado la ecuación, pero si me da exenciones impositivas, subsidios para contratar trabajadores, electricidad barata y terrenos gratis, estoy seguro de que podemos llegar a un arreglo.

“Hágame saber qué números quiere tuitear, y yo lo atiendo. Pero recuerde: igual que con el muro que planea construir, alguien tendrá que pagar. Y permítame decirle que no seré yo”.

Gou, nacido en Taiwán, empieza por presentarse ante el presidente electo de Estados Unidos de una manera muy singular: “Usted no me conoce pero soy Terry Gou, el hombre que fabrica su iPhone (el aparato desde el cual habla usted)”.

Enseguida se mete hasta la cocina: “Usted y yo tenemos muchísimo en común. Los dos somos millonarios (aunque yo soy más rico), a los dos nos gusta construir cosas, los dos estamos casados con espléndidas mujeres más jóvenes, los dos odiamos Wall Street…”.

¿Cómo ve la carta? Necesitamos a alguien así, ¿no?

Dice el refrán que más vale tarde que nunca. Tomas Yárrington, prófugo de la justicia, fue expulsado de las filas del PRI. Al exgobernador de Tamaulipas se le vincula con el crimen organizado.

Roberto Borge, exmandatario de Quintana Roo, fue suspendido de sus derechos como militante. Sus corruptelas son del dominio público. Es el siguiente en la lista de expulsados, nos dicen en el CEN. Los dos se suman al también prófugo exgobernador de Veracruz, Javier Duarte, cuya ambición dejó al rico estado al borde de la quiebra. Fue el primero de los expulsados en la era de Enrique Ochoa al frente del PRI.

Fuera de la Revolución Institucionalizada quedaron también varios exfuncionarios veracruzanos que formaron parte del gobierno de Duarte:

Arturo Bermúdez, exsecretario de Seguridad Publica, Antonio Chara Mansur, extesorero, y Gabriel Deantes, principal operador financiero del exgobernador.

Las sanciones parecen patadas de ahogado que se dan en el otrora partidazo para que creamos que ahora si va en serio. La bronca es que la ciudadanía ya se hartó y el PRI dejó de ser el partido mayoritario en México, según las encuestas. Difícilmente le alcanzará para retener la Presidencia de la República en 2018.
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