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27 Abril 2017 04:00:00
El que perdona, se honra y enaltece
Hoy hacemos un paréntesis en los relatos de viaje, para dar paso a una iniciativa del diario español El País, misma con la que renueva su calidad internacional de los grandes rotativos.

Permítanme ubicar el tema en el contexto de nuestra vida, faltaban pocos días para que naciéramos, cuando por órdenes del dictador Francisco Franco, fue bombardeada por la Legión Cóndor alemana el apacible pueblo de Gernika, en día de mercado y con un saldo mortal de entre 100 y 1650 víctimas, desde niños hasta adultos mayores, según los historiadores que se han ocupado de lo ocurrido el lunes 26 de abril de 1937.

Pablo Picasso recogió en su famoso mural toda la angustia y el terror de esa insensatez del poder humano, su título lo dice todo: “Piedad y terror”. No es giro literario, hasta el caballo y el toro revelan en sus semblantes el pavor y el drama del momento. En la escuela primaria el profesor de cuarto año nos habló del impío ataque, desde entonces lo traemos en la memoria.

Gracias a una iniciativa que lo ennoblece, El País logró reunir a un superviviente del bombardeo de hace 80 años con los descendientes de un comandante y un piloto de la Legión Cóndor que masacró la villa vizcaína.

En su edición del pasado miércoles 26, relato: “Solo el decurso de la historia, con sus caprichos y sus crueldades, ha sido capaz de unir los destinos de Luis Iriondo Aurtenetxea, Dieprand von Richthofen y Karl-Benedikt von Moreau. El primero es, a sus 94 años, uno de los poquísimos supervivientes del bombardeo que hace hoy 80 años llenó de sangre y escombros la villa vizcaína de Gernika con la aquiescencia -si no orden-, de Franco, dejando un número indeterminado de muertos, entre los 200 y los 1.650 según las investigaciones y las tendencias del historiador de turno.

Sus dos amigos alemanes, 75 y 57 años respectivamente, son descendientes de dos de los hombres que perpetraron aquella masacre: Wolfram von Richthofen, comandante en jefe de la Legión Cóndor, y Rudolf von Moreau, uno de los pilotos encargados de soltar más de 7.000 bombas durante tres horas y cuarto, aquel lunes 26 de abril de 1937, día de mercado en Gernika, día de muerte.

Los tres se fundieron ayer en un emocionado abrazo, primero, y en un largo apretón de manos después, cuando se encontraron en el vestíbulo del Teatro Liceo de Gernika. El País los reunió para una fotografía histórica que simboliza, coincidieron los tres, “la reconciliación que todos queremos”. A la jornada acudieron el alcalde de Auschwitz y supervivientes del bombardeo estadounidense contra Nagasaki, que acompañaron a Luis Iriondo durante su salvaje, sereno e inolvidable relato de aquella tarde en Gernika.

“Tenía terror de morir en aquel refugio, enterrado vivo”, relató Luis Iriondo. “Tenía 13 años. Mis amigos y yo ya no hacíamos caso de las alarmas, llevábamos ocho meses de guerra y estábamos cansados. Ya ni íbamos a los refugios, ¡nos aburríamos en ellos! Ese día había mercado en el Pasealeku. Allí oímos las primeras bombas. La gente corrió a los refugios. A mí alguien me llevó en volandas hasta el fondo de uno de ellos. El suelo era de barro, las paredes estaban llenas de humedad, no había luz, no había oxígeno para respirar, yo tenía terror de morir allí enterrado vivo. Encima, el día antes había estrenado mis primeros pantalones largos y mi ama me dijo que no se me ocurriera manchármelos. Y me los manché. Salí hasta la boca del refugio para respirar. Quería rezar una oración que nos habían enseñado en la escuela pero no podía”.

Respetado amigos lectores y radioescuchas, los remitimos al diario para conocer todo el dramático relato de Don Luis, este superviviente quien a nombre de todas las víctimas, al perdonar, se honra y enaltece.

Agradeceré sus comentarios y críticas en HYPERLINK “mailto:[email protected] .(Javascript debe estar habilitado para ver esta direccion de correo)


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