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Carlos Gutiérrez Montenegro
Carlos Gutiérrez Montenegro
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Psicólogo, Maestro en Enseñanza Superior por la Universidad Autónoma de Nuevo León, actualmente desarrolla su campo en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Saltillo, como coordinador de investigación; en el Centro de Asesorías, A.C. como psicoterapeuta psicoanalítico; Asesor técnico del Centro de Investigaciones Psicopedagógicas, de la Dirección de Educación Especial de la Secretaría de Educación y Cultura del Gobierno de Coahuila; Productor de contenido del programa “De Frente” y editorialista del canal 7 RCG de televisión, además de articulista del periódico “Zócalo” de Saltillo. Algunos de sus escritos e investigaciones son: "PSICOANALISIS Y SOCIEDAD", publicado por la Universidad Veracruzana en 1982, el 'ESQUEMA DE LA PUBLICIDAD', también publicada por la Universidad Veracruzana en 1984, la 'ESCUELA PARA PADRES", publicada por la Secretaría de Educación Pública de Coahuila y el Instituto de Servicios Educativos del Estado de Coahuila, en 1993 (primera edición) y en 1994 (segunda edición). Además, la investigación llamada ‘ESTUDIO EXPLORATORIO Y PROSPECTIVA DEL PROGRAMA MECED EN EL ESTADO DE COAHUILA’, realizada en una colaboración conjunta de la UPN con el DIF Estatal y la Secretaría de Educación Publica de Coahuila y la investigación “ESTUDIO DE LAS CONDICIONES DETERMINANTES DE LA REPROBACIÓN EN LA UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE COAHUILA”, de reciente publicación.

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03 Septiembre 2018 04:00:00
El retrato sicológico del alcohólico
Una enorme mayoría de personas en el mundo, no solo en nuestro país, consumen alcohol en sus diferentes presentaciones, desde las cervezas, vinos y licores de presencia internacional, como sería el whiskey, el tequila, el brandy, hasta los más regionales, como el calvados, el pulque, el soju o el vodka.

Es una sustancia clasificada como depresora del sistema nervioso central y su uso más extendido es recreativo. Pero bajo ciertas circunstancias personales se torna adictivo, patológico, cuando el consumo rebasa el punto en el que los efectos negativos sobrepasan cualquier efecto positivo y su consumo es frecuente, intenso o ambos, implicando siempre síntomas y cambios mal adaptativos de la conducta.

¿Y cómo saber que alguien ya tiene un problema con el alcohol?, cuando afecta su vida personal e interpersonal, descuidando a la familia, sus actividades de recreación en favor del consumo de alcohol, agreden física o verbalmente a quienes manifiestan preocupación por su nivel de ingesta y siguen consumiendo aún conscientes de los problemas interpersonales que les causa.

En su empleo empiezan a tener problemas de ausentismo o son despedidas. Tienen poco control de su ingesta y consumen en cantidades o durante periodos superiores a los que pretendían; sin éxito intentan abandonar o limitar el consumo a pesar de que se lo prometen insistentemente a sí mismos. Tienen comportamientos que les implican riesgos físicos, como manejar autos o no hacer caso a su salud y a las complicaciones fisiológicas que implican, desde la posibilidad de cirrosis o hepatitis C, hasta el desarrollo de tolerancia y la negativa a reconocer los síntomas de abstinencia. Estas son las características esenciales del trastorno por consumo de alcohol.

Pero el alcoholismo tiene su origen en una relación fallida por defecto o por exceso con figuras fundamentales en la infancia, por eventos traumáticos o por carencias ambientales que hicieron que el alcohólico estableciera una relación de dependencia, de amor apasionado con un objeto mágico: el alcohol, cuyo placer sale del control de su voluntad y del cual acaba convirtiéndose en esclavo.

Ha decidido ser feliz a costa de lo que sea y deja de lado la felicidad de los demás para buscar la propia cerrando los ojos al dolor de los suyos para buscar su placer egoísta. Tiene vacíos internos que no lo dejan tranquilo, que no le permiten estar satisfecho consigo mismo y que ha decidido llenarlos con una sustancia que le promete placer y, lo que es peor, que se lo cumple por un tiempo.

Ha encontrado que puede solucionar sus problemas de una manera fácil y rápida mediante un líquido milagroso, evadiéndolos y creyendo que así se resuelven, complicándose la vida de forma tal que necesita de una ruptura drástica y total si quiere salir de ahí. Está en una constante lucha contra la realidad de adentro, en sus profundos huecos internos que llena y vacía constantemente y contra la realidad externa, que le muestra momento a momento su error y su fragilidad de juicio.

No puede evitar ser dominado por una mágica sustancia que le hace perder la consciencia de la realidad, deformándosela de tal manera que lo hace creerse superior a lo que realmente es y obligándolo a tomar decisiones erróneas y a defenderlas contra todos.

En su amor apasionado llega a robar, abandonar, hacer sufrir y hacer llorar, destruir lo más querido, hasta matar y, en un sacrificio total, ofrecer su vida para mantener su relación de amor con el objeto. Sufre más de lo que se da cuenta, porque constantemente pierde su objeto amado y aunque lo puede recuperar tomando, entre más se acerca a él, menos lo goza.

Al amar al alcohol se degrada, se humilla ante él y en vez de que el amor lo enaltezca, lo envilece y lo destroza, aprendiendo a convertir todas sus relaciones en sadomasoquistas. Sacrifica sus cualidades personales para poder estar en contacto con el objeto de amor, que acepta disminuir su memoria, su capacidad de abstracción, su atención, sus habilidades sicomotoras, sus tiempos de reacción, su capacidad de procesamiento espacial y sus habilidades verbales en un trueque con el placer inmediato.

Es impulsado muchas veces hacia el alcohol por la desilusión experimentada con las relaciones afectivas con sujetos del sexo contrario, de sus padres en adelante, y pone en personas de su mismo sexo una intensa carga libidinosa inconsciente que se puede hacer permisiva bajo el influjo del alcohol y que nunca acepta como propia. Ha desarrollado, como sobrecompensación a su profundo sentimiento de inferioridad, un delirio de grandeza en el que se presenta una supervaloración sexual del propio “yo”, y que es un reflejo de la supervaloración de su objeto erótico mágico.

Y, sin embargo, el alcohólico es una persona que puede luchar para salir de ese infierno, que puede recuperar, en abstinencia, con la sobriedad a largo plazo, la salud de su cerebro, pues en virtud de la plasticidad cerebral, la mayoría de funciones neurológicas pueden volver a la normalidad. Si permanece sobrio recupera la mayor parte, o toda, la función cerebral a pesar de años de bebida excesiva, porque ha renunciado al canto de las sirenas, porque la vida siempre se abre paso hacia la salud y porque la salud es una tendencia muy fuerte.

Porque nada está perdido para el alcohólico que renuncie a su intensa historia de amor con la botella, que es, básicamente, una historia de amor consigo mismo.
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