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José Gpe. Martínez Valero
José Gpe. Martínez Valero
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21 Mayo 2017 04:00:00
El Rey León es mexicano
Una de las cosas de que presumo aparte de mi vocación por la lectura, incluso al grado de tenerlo en mi tarjeta de presentación personal, es mi vocación por la música. Lo curioso es que este su sibarítico amigo no toca ningún tipo de instrumento musical, es más, hasta el tocar la puertas lo hago en mal tono y quizá por eso algunas de las más importantes en mi vida NUNCA se han abierto.

Pero mi afición por la música, raya igual a la de los libros, casi en obsesión. Algo he hablado al respecto en este espacio en más de un texto, y a la par que la casa de Ustedes, en una genuina biblioteca, es de igual modo una fonoteca.

Tengo música de todo tipo de géneros, desde regional hasta ópera, desde tropical hasta clásica, desde rock hasta el equivocadamente llamado canto nuevo. De hecho, creo que de estos dos últimos tipos de música es de lo que más tengo, y además en todas sus presentaciones: acetatos, casetes, disco compacto y música digital, y así como en todos los lugares de mi espacio vital hay libros, hay igualmente música en cada habitación.

Y lo malo de presumir es eso, que pretendes “saber” demasiado sobre tema alguno en lo específico, libros y música como es mi caso, y nunca falta quien venga y nos ponga en nuestro lugar, confirmando la cita aquella de que nuestro conocimiento sirve para confirmar cuán infinitamente grande es mayor nuestra ignorancia comparada con el mismo.

El caso es que recientemente algunas personas, que además ignoraba yo su también profunda vocación por la música, me han llevado por caminos, musicalmente hablando, que no había recorrido o de plano me había negado a seguir, permitiéndome descubrir artistas y propuestas que francamente me habían pasado de noche, confirmando lo que dije respecto al conocimiento, de que es mayor mi ignorancia que lo que pueda aspirar a saber.

Y una de esas propuestas que pusieron en la tornamesa de mi existencia es la del cantante Carlos Rivera, que por cierto, la semana pasada se presentó en el Auditorio del parque Las Maravillas de mi Saltillo amado, con muy buena respuesta de parte del público y, sobre todo, con un espectáculo digno de los mejores escenarios. ¿Pero quién es Carlos Rivera? Insisto, a mí me había pasado de noche su propuesta, de hecho, aunque mi hijo el mayor tenía uno de sus discos, y reconozco no haberle puesto atención, ahora que de algún modo me los descubrieron me di a la tarea de averiguar un poco más sobre él.

Primer sorpresa: Carlos Augusto Rivera Guerra nació en Huamantla, Tlaxcala –¿cuándo Tlaxcala ha sido referencia musical en nuestro país?–. Fue ganador de La Academia, en su tercera generación –igualmente lo ignoraba, ya que no soy afecto a ver ‘realities’ de ningún tipo, aunque algo recuerdo al respecto vagamente relacionado con uno de esos domingos en que no encuentras qué ver entre todos los canales del sistema de paga y terminas poniendo la televisión abierta–.

Protagonista de varios musicales –Bésame Mucho, Mamma Mía y La Bella y la Bestia, entre otros–, destacándose su trabajo en El Rey León, donde curiosamente ha interpretado el papel principal, Simba, en dos países, España y México; habiendo hecho primero allá el protagónico y posteriormente en nuestro país, con más de mil puestas en escena con el cartelito de “entradas agotadas” colgado en cada uno de ellas, y siendo además la primera vez que alguien se convierte en el primer actor de la misma obra en distintas latitudes.

Tiene nueve discos –¡nueve! ¿Y por qué hasta ahora me entero de la buena música de este muchacho?– Siete de estudio y dos en vivo, y casi dos decenas de sencillos. Y bueno, como dije, una excelente propuesta musical en todos los aspectos: letras, acordes, y sobre todo voz; que francamente apostaría se convertirá en un corto plazo, si no es que ya lo es, en la mejor carta de presentación de nuestro país en cuestiones musicales.

Les dejo la letra de una de las que considero sus mejores canciones que no tienen ni una sola letra de desperdicio, si pueden conseguir sus discos. ¡Háganlo!, realmente valen la pena, yo ya ando en eso…

Gracias a ti

Todo lo intenté, hasta el alma me jugué

casi perdía, casi perdía;

y me acostumbré a esa forma de querer

pero no sentía , no sentía.

Pero un día pasó por enfrente tu amor

y te conocí y tu mundo me cambió; me devolviste la ilusión, la emoción de vivir;

de volver a soñar despierto

y a sentir que puedo tocar el cielo si estás aquí.

Tú me has dado el valor de creer en algo sin siquiera verlo.

Gracias a ti por existir,

gracias a ti podré seguir,

y valió la pena hacerlo.

No me cansaré de decir que te daré

toda mi vida, toda la vida.

Siempre tuve fe, aunque a veces lo dudé

y lo sabía, sí sabía.

Pero un día pasó por enfrente tu amor

y te conocí y tu mundo me cambió; me devolviste la ilusión, la emoción de vivir;

de volver a soñar despierto

y a sentir que puedo tocar el cielo si estás aquí.

Tú me has dado el valor de creer en algo sin siquiera verlo.

Gracias a ti por existir,

gracias a ti podré seguir,

y valió la pena hacerlo.

Que lo nuestro se quede nuestro.
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