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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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20 Julio 2018 04:08:00
El sepulturero del PRI
La designación de Rubén Moreira como secretario general del PRI tiene la relevancia del vuelo de una mosca después de asistir a una degustación en el estercolero de moda, es decir, ninguna. Los nuevos líderes de ese partido representan a dos de las corrientes más protervas y nefastas: los Salinas (Claudia Ruiz Massieu es sobrina del expresidente Salinas) y los Moreira. El mensaje es congruente con la soberbia patológica y la desconexión de la realidad, características del gobierno de Enrique Peña Nieto. Los nombramientos son reflejo de la in-sania del poder.

Políticos de pueblo con delirios de grandeza, los Moreira se echaron en brazos de Carlos Salinas de Gortari y de Enrique Peña Nieto. Ambos asistieron a la segunda boda de Humberto, en Piedras Negras, frontera tan dolorosa para el clan, pero más para los coahuilenses por las masacres en Allende y en el Centro de Rehabilitación Social, y otros miembros distinguidos de la “mafia del poder” como Manlio Fabio Beltrones, don Corleone (AMLO, dixit), cuyas ínfulas de “genio electoral” estallaron cual pompas de jabón –igual le pasó a Rubén Moreira– el 1 de julio. En Sonora y Coahuila el PRI fue pulverizado por Morena.

Para ganarse la voluntad del villano favorito de los mexicanos y ser admitidos en su organización, los Moreira le ofrecieron, primero, una comida en La Laguna con empresarios afines y una visita al ejido Batopilas, donde los hermanos Carlos y Raúl Salinas, junto con Hugo Andrés Araujo, ensayaron proyectos políticos y sociales que a la postre traicionaron para abrazar el neoliberalismo. (En política, ciertas especies se juntan nada más para rascarse, decía el exgobernador Óscar Flores Tapia).

Quizá la vía de los Moreira para acceder a Peña Nieto fue Salinas. Ya con un pie en Atlacomulco, el clan doblegó con facilidad a Beltrones y a otros miembros distinguidos de la mafia, como Emilio Gamboa Patrón, muñidor de Salinas desde hace 40 años, a base de cañonazos. Mientras el destino de la megadueda siga rodeado de tinieblas, la sociedad tiene derecho a pensar que sirvió para fabricar nuevos ricos y financiar campañas, incluida la de Peña Nieto. La presidencia del PRI para Moreira I y la secretaría general para Moreira II formarían parte de la recompensa.

Entre el salinato y el moreirato existen paralelismos: nepotismo, violencia y persecución política (a escala federal, los asesinatos del cardenal Posadas Ocampo, Luis Donaldo Colosio, José Francisco Ruiz Massieu, padre de la nueva presidenta del PRI; y en el ámbito local, el asesinato de Jorge Torres McGregor, sobrino del goberndor interno del mismo nombre, acoso contra el obispo Raúl Vera, periodistas, activistas, liderazgos del PRI y la muerte de figuras clave de los Moreira), altos grados de corrupción, negocios a la sombra del poder y crisis derivadas del manejo discrecional de la economía nacional y de la deuda estatal por 40 mil millones de pesos.

Hay otras similitudes: un Salinas (Raúl) pasó 10 años en un reclusorio de máxima seguridad por el asesinato de Ruiz Massieu y lavado de dinero; un Moreira (Humberto) estuvo entre rejas, en Madrid, también por blanqueo de capitales y malversación de fondos. Ambos figuran en la lista de “Los 10 mexicanos más corruptos” de 2013 de la revista Forbes. Un Salinas (Enrique) murió asesinado; y también un Moreira (José Eduardo, hijo de Humberto). La secretaría general no premia a Rubén, lo castiga: recibe los despojos de un partido moribundo. Ironías: un coahuilense fue el partero del PRI (Manuel Pérez Treviño) y otro será su sepulturero (Rubén Moreira).
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