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José Gpe. Martínez Valero
José Gpe. Martínez Valero
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30 Abril 2017 04:03:00
El signo hace la diferencia
“Si me gusta tu ortografía, es porque me sugiere que sabes poner las cosas en su lugar, que puedo confiar en ti porque quien respeta hasta la forma correcta de escribir una palabra seguro sabrá respetar cosas más importantes en la vida”. Anónimo.

“Bebes y mamas gratis”, decía el cartel en la entrada de aquel restaurante al que había ido a comer con un grupo de amigos electoralistas con los que suelo reencontrarme cada que hay proceso en algún lugar del país. ¡No podíamos creerlo! Porque además, aquel parecía más bien un lugar familiar que un antro de esos que los fines de semana están a reventar.

Obvio, cuando nos asignaron mesa, TODOS preguntamos en qué consistía la promoción esa anunciada en el pizarrón neón de la puerta y el mesero, con sonrisa medio socarrona, nos dijo: lo siento, pero no aplica para los señores y señoritas, no veo ninguna mamá en el grupo, y mucho menos veo bebés.

¡Ah no! Dije yo ya francamente encabroenojado, ahora nos cumplen la promoción y de no ser así nos la compensan de algún otro modo, exigiéndole que llamaran al gerente del local. Este se presentó y nos atendió de tal modo que, finalmente obtuvimos, si no bebidas y lo otro gratis; sí por lo menos la comida con un descuento sustancial gracias a la incorrecta utilización de las reglas ortográficas de quien era el encargado de los promocionales de dicho lugar.

Pero el manejo de los signos ortográficos no es un recurso novedoso usado sólo para promocionarse en la actualidad. Desde tiempos inmemoriales los augures los utilizaban para no errar en sus vaticinios desde antes de que Grecia o el Imperio Romano existieran. E indefectiblemente estos, los signos ortográficos, me llevan a una anécdota atribuida a Carlos V en la que se cuenta que al emperador le pasaron una sentencia para firmar que decía lo siguiente: “Perdón IMPOSIBLE, que cumpla su condena”.

Pero al monarca le ganó su magnanimidad y antes de firmarla cambió de sitio una coma y agregó otros signos, para dejarla del siguiente modo: “Perdón, ¡Imposible que cumpla su condena!”, haciendo que cambiara, derivado de dicho manejo distinto de los signos ortográficos, el destino de algún pobre desgraciado.

Por eso hoy me he atrevido a traerles la letra de una canción del grupo Playa Limbo, precisamente para ejemplificar cómo una canción por ellos cantada, si es cambiado el sentido de los signos ortográficos, puede traer detrás de sí una NUEVA y absolutamente distinta pieza musical; la canción detrás de la canción original, parafraseando aquella cita de que todo texto tiene un texto detrás de sí: es decir el llamado texto detrás del texto.

La del recuadro izquierdo es la pieza original, la del derecho es la modificada por una nueva y distinta utilización de los signos, para producir lo que pretenciosamente he bautizado haciendo paráfrasis de lo citado, como la canción detrás de la canción, espero les guste.

¿Verdad que el manejo adecuado de los signos ortográficos puede darnos de una misma pieza, canciones con sentidos y afirmaciones muuuy distintas? Disfruten de su puente largo quienes puedan y aprovechen que es quincena para irse a la Fiesta de las Letras; lleven además a sus niños y háganles en su día el mejor regalo para la vida, como lo es la imaginación a través de la lectura.
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