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Dan T
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07 Agosto 2018 04:00:00
El síndrome Toño Esquinca
Un tipo llama a la casa de su novia y en cuanto oye que descuelgan, le dice:

–¿Estás lista para esta noche, mamacita? Yo nomás te digo que ahora sí vas a tener que usar esa boquita.

–Mire, cabrón, habla el papá de Laura. ¿Por qué dice usted que mi hija va a tener que usar la boquita esta noche?

–Aaah. señor. Es que esta noche ¡es de karaoke!

¡Pum! En esta vida se vale estar loco, pero no pendejo. Y si no lo creen pregúntenle a todos esos empresarios, periodistas, artistas y políticos que durante años se dedicaron a criticar a Andrés Manuel López Obrador y ahora andan desesperados por sacarse una selfie con el virtual presidente electo. Es lo que los expertos llaman “El Síndrome Toño Esquinca”, el cual se caracteriza por tener que tragarse sus palabras, sin hacer caras y hasta sonriendo. Obviamente el nombre de este mal surgió en honor del conductor radiofónico que dijo al aire que si ganaba AMLO, se iría de México. Y no sólo eso: días antes de las elecciones se volvió loco frente al micrófono (no es albur) y comenzó a decir una serie de incoherencias en contra del de Morena que obligaron a sus patrones a suspenderlo más de un mes o, mejor dicho, a ponerlo a salvo de sí mismo. ¿Por qué no lo corrieron? Pues porque, paradójicamente, resulta que este sujeto que se quedó a la mitad entre el chango y el humano es una de las mayores estrellas de la radio. Su programa es más cursi que una telenovela libanesa de las que pasan a las 2 de la tarde por televisión. Pese a eso, tiene una audiencia gigantesca, lo cual confirma que las mayorías no siempre tienen la razón y que, por supuesto, el mal gusto se pega. Bueno, el caso es que el tal Toño ya regresó a la radio y lo hizo, ooobviamente, con la cola entre las patas y los calzones en los tobillos, diciendo que ahora está del lado de López Obrador. Habló tan bonito del tabasqueño, que hasta parecía que estaba hablando de san Francisco de Asís. ¿Por qué cambió de opinión? Por lo que decía al principio: está por loco, no por pendejo. Igualito pasó con los principales empresarios de México que se dedicaron durante años a hacer todo lo posible para que AMLO no ganara (no los culpo), y ahora resulta que le ven más beneficios que al nopal. Hay quienes dicen que eso es la civilidad democrática. A mí, más bien, me parece que es el miedo a que el loquito de Andrés Manuel busque venganza contra cualquiera de ellos. Porque, finalmente, una cosa es llevar la fiesta en paz y otra, muy distinta, ponerse de tapete para que el próximo presidente se limpie los zapatos contigo.

‘Ora que del otro lado, el de AMLO, pasa algo muy similar: hasta a Enrique Peña le encuentra atributos y se los halaga en público. López Obrador está tan desesperado por parecer bueno, que invitó a desayunar a José Antonio Meade y el muy indigno aceptó. Debe sentirse muy solo Meade para aceptar reunirse con quien lo llamó señoritingo, le dijo corrupto, lo acusó del gasolinazo y, por supuesto, lo calificó como un integrante más de la mafia del poder.

Los más confundidos, sin embargo, son los seguidores de López Obrador, pues ahora resulta que “los malos” no eran tan malos sino que, en realidad, son unos patriotas. Y en una de esas. ¡hasta hueso agarran en el Gobierno!

Ya iba a cerrar esta columna, pero me acabo de enterar de que ya reapareció Ricardo Anaya. El panista se esfumó después de perder las elecciones presidenciales. Dicen que Anaya viene renovado, el nuevo modelo de este robot cuenta con GPS para que no se pierda cuando ande de campaña por México, incluye una nueva función para sonreír al menos dos veces al día, le pusieron un nuevo lubricante en las venas porque tenía la sangre bastante pesada y, lo más importante, ahora no sólo toca todos los instrumentos, sino que baila hawaiano y se sabe completa la letra de Despacito.

¡Nos vemos el jueves!
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