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Federico Muller
Federico Muller
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16 Marzo 2018 04:00:00
El suicidio, arma letal desde siempre
Uno de los primeros suicidios que registra la historia del Nuevo Testamento, y que precisamente se dio cuando el movimiento cristiano iniciaba en la lejana Palestina, fue el de Judas Iscariote, quien probablemente abatido por la frustración y la culpa de haber traicionado a su Maestro, prefirió poner fin a su existencia, evitando con ello el desprecio y la vergüenza del resto de los apóstoles. Si bien es cierto las causas de los suicidios en el mundo han sido multifactoriales, una de las que no han perdido vigencia es la frustración, o poca tolerancia al fracaso.

Llama la atención el alto índice de suicidios en México en relación con el resto del mundo, por ejemplo con Japón y Canadá, naciones con un elevado Índice de Desarrollo Humano (IDH), que mide la escolaridad de la población, el crecimiento económico y la esperanza de vida al nacer, factores que no han desincentivado la decisión de privarse de la vida. A priori parece ser que no se presenta una correlación estadística entre el número de suicidios y la pobreza y desigualdad de las sociedades.

En el caso de la población nipona, es su código de valores humanos, y sobre todo el gran respeto que se tiene por ellos, lo que la hace poco tolerante al incumplimiento de algún principio ético, como pudiera ser la honestidad, que cuando se llega a quebrantar, y ante la deshonra familiar, frecuentemente orilla a optar por la senda del suicidio. En ese sentido, los mexicanos tenemos la epidermis más gruesa, particularmente la clase política.

El suicidio en México. Sobre este tema conversamos con la especialista en enfermedades mentales Ana Luisa Martínez, quien labora en el Centro de Salud Mental (Cesame) y es autora del libro Electromedicina en Salud Mental: Compilación de Evidencia Terapéutica (ISBN 978 960 796 24906). La siquiatra menciona el suicidio por impulso, que generalmente ocurre entre jóvenes con carencias en sus relaciones afectivas interpersonales, que tienen el umbral de la frustración muy abajo, que muestran reacciones extremas hasta la muerte ante la negativa de compra o prohibición en el uso de algún producto por parte de sus padres o tutores. Otro motivo que no debe descartarse pudiera ser el fracaso en las relaciones sentimentales.

En la población adulta mayor, el de-sempleo, la soledad y la desesperanza en el porvenir han sido factores que han contribuido a la privación de la vida. En cambio, en personas con algún padecimiento mental como la depresión, el suicidio se lleva a cabo de manera más estructurada, se planea la forma y fecha de realizarlo. En el suicidio todavía no se presenta la equidad de género, pues la mayor incidencia se presenta en la población varonil, sobre todo en aquella mayor de 60 años, que recurre más este medio.

El suicidio desde la óptica económica. La doctora Martínez prioriza las desgracias que pueden surgir ante un suicidio: en primer lugar, si se trata de un joven, es la pérdida de una vida humana que representaba potencialmente un proyecto de vida, que pudo aportar conocimientos, energía e innovación a la economía del país; en el seno del hogar, vienen los costos económicos y emocionales que representan los cuidados hospitalarios y familiares cuando el suicidio no fue letal, pero la persona quedó con serios problemas de salud que le impiden llevar una vida autosuficiente; tampoco son irrelevantes los costos que representan para la salud pública extender una incapacidad permanente que cubra la pensión del fallido suicida. Y por último, las afectaciones siquiátricas y sicológicas que pueden sufrir los familiares y amistades. El proceso de duelo puede ser tortuoso y caro, y más si se extiende por un largo tiempo.
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