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Yuriria Sierra
Yuriria Sierra
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09 Abril 2016 03:00:17
El ‘tapado’: fórmula letal
Como si no existiera, como si fuera un mal sueño del que eventualmente despertarán, como si tuvieran la certeza de que, al igual que en las dos contiendas anteriores, un error (o varios) cometidos por su propia soberbia y/o excesiva confianza se convertirá en el factor salvador de la contienda.

O como si no representara peligro o competencia alguna. Para los priistas es como si López Obrador fuera sólo un mal recuerdo del pasado.

Aunque hoy, en el presente, sea puntero en las encuestas que apuntan a 2018. O sea, al futuro.

Hemos escrito en anteriores ocasiones que a veces parece que el PRI regresó no sólo a Los Pinos, sino a los años 70, en los que la estrategia del “tapado” era el único código de reemplazo sexenal. Como en aquellos tiempos en los que no había competencia electoral.

Al PRI se le olvida que ya lo sacaron una vez de la Presidencia; se le olvida que hoy hay opciones políticas que, según las encuestas, están siendo valoradas por el electorado. Las partidistas, claro. Pero existe ya la posibilidad de las candidaturas independientes.

Margarita Zavala, por ejemplo, se encuentra bien ubicada en los sondeos; Mancera (al menos hasta antes de la crisis por la contingencia) y ni qué decir de AMLO, quien ha aprovechado las plataformas que ha construido en los últimos 15 años.

A pesar de los pronósticos, “El Peje” hoy cuenta con un partido propio y ha logrado acaparar al menos la mitad del territorio capitalino. López Obrador es, actualmente (y aunque me enerve aceptarlo), la figura mejor posicionada rumbo a la sucesión.

Los priistas ya deberían tener toda una estrategia electoral diseñada, cuartos de guerra armados, todos los escenarios de campaña contemplados.

Pero su brújula los ha llevado a su lugar común (porque es el único que conocen): a sus elucubraciones de la era de la hegemonía, de partido único, de partido que no tenía que disputar el voto de los ciudadanos.

Y es visible en más de una pista, pero, sobre todo, por la forma en que están comunicando.

Pareciera que se miran en Los Pinos durante otros 71 años, pero no hacen nada para lograrlo en una lógica de competencia electoral.

¿Cómo esperan dar batalla en un escenario distinto al México de los 70? Ya no pueden revivir las viejas usanzas como el “ratón loco” o la “operación carrusel”.

Y las estrategias de campaigning, de comunicación política y de estrategia electoral son conocidas y estudiadas en el mundo democrático.

Pero pareciera que en el PRI piensan que una campaña se hace sólo con despensas y eventos de matraca.

A un año de que arranque formalmente el proceso por la Presidencia, los priistas parecen no tener ninguna prisa por ser competitivos. Parece que ahora son ellos los que están súper confiados en su voto duro, en su cada vez más flaca “maquinaria electoral”.

Por eso creo que bien hizo Aurelio Nuño en cuestionar las acciones de AMLO. Aunque todavía con timidez y con un tono en demasía institucional, él es el primero en enfrentar al verdadero contendiente, pues el tabasqueño ha prometido un secretario de Educación en Oaxaca a los miembros de la CNTE.

Nuño se armó de valor y dijo: “porque quiere restituir un viejo sistema de privilegios para un pequeño grupo sindical en detrimento de los derechos de los niños y de las niñas, por qué quiere restituir un viejo sistema donde se venden y se heredan plazas en lugar de tener un nuevo sistema de evaluaciones y de capacitación para los maestros, para que ganen con su propio trabajo y con su propio mérito estas plazas y sus futuros ascensos...”.

Ojalá que en el PRI también desmonten el “viejo sistema” del tapadismo.

Es momento de que todos los personajes que se escriben hoy en las encuestas, como el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, el de la Sedesol, José Antonio Meade, el de Segob, Osorio Chong y el propio Aurelio Nuño comiencen a trabajar no sólo en su “name recognition”, pues para cualquiera de ellos sería letal convertirse en candidato, si antes no ha logrado conectar con un buen sector del electorado.

Y para conectar con éste, hace mucho que ya no basta, ni lejanamente, el beneplácito del Presidente. Sobre todo, si el Presidente ya no cuenta con el beneplácito de los votantes.
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