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Verónica Marroquín
Verónica Marroquín
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24 Junio 2018 04:11:00
El tren de la vida
QUERIDOS AMIGOS: con el gusto de siempre los saludo, confiada en Dios que ustedes y sus familias están gozando de salud y de momentos bendecidos.

¿Saben?, aún traigo en mi mente una imagen y varias preguntas, así como algo de adrenalina, muy raro. Verán, el lunes pasado iba yo rumbo a una de las escuelas donde presto mis servicios y en mi ruta tengo que pasar por donde pasa el tren, muchas veces tengo que esperar a que pase, se tarda de 5 a 10 minutos. A esas horas son eternos porque se hace tarde para entrar al trabajo y todos queremos llegar a tiempo. Pues bien, termina de pasar el tren, y al medio minuto, se escucha el sonido de otro que se avecina y delante de mí sólo un carro más, y que se arranca, el tren ya casi llegando, el carro se queda a media vía, mi corazón empezó a latir tan fuerte que literalmente lo sentí en la garganta, siento que la sangre me abandona, y mi respiración se para… Veo que el carro en lugar de avanzar, ¡retrocede! ¡DIOS SANTO!, sentí un impulso de salir corriendo y empujar el carro, gritar, sacar a la persona de ahí, sólo alcance a decir ESPÍRITU SANTO ILUMÍNALO! Dios obra sin duda alguna, y como en las películas de suspenso, y a un pelo de rana calva, por fin avanzó el bendito carro y pasó el tren… Como alma que lleva el… para qué mencionar a ese ángel caído.

Claro que es importante llegar a tiempo, pero de eso a jugarle al tren, por lo general las personas que deciden ganarle al tren entran en una especie de adrenalina, piensan que sí le van a ganar, o más bien no piensan, ¡por Dios! Y bueno, han de sentir que sí la libran, pero la verdad es que los nervios son traicioneros, y eso pasó con el conductor, entró en pánico y en lugar de avanzar, fue lo contrario, dio reversa. Son momentos (segundos) de verdad que ponen la vida en un hilo, que paraliza a cualquiera. Las preguntas son muchas, de igual forma las respuestas, la más viable sería, "se me hacía tarde, y pensé que sí la libraría". Platicando la anécdota con un amigo, me cuenta que a un hermano de él y unos amigos les pasó algo similar, pero este carro no arrancó y ellos salieron como alma que lleva el… Y salvaron su vida y, obviamente, el tren arrolló el vocho. Y cuántas historias parecidas hay día a día, y cuántas vidas se han perdido, son muchísimas sin duda.

Y bueno, en el transitar de la vida así es, vamos tomando decisiones minuto a minuto, algunas son de vida o muerte, en un segundo se define si vives o mueres. Así, el tren de nuestra vida amigos. Los primeros que se suben a nuestro tren son los padres, que en algunos casos se bajan de inmediato, incluso antes de nacer, como los que engendran y salen corriendo. O bien, puede ser que nosotros seamos quienes nos subimos al tren de nuestros padres, es cuestión de percepción.

El caso es que desde que venimos al mundo van sumándose personas a nuestra vida, padres, hermanos, tíos, amigos, personas que durarán toda la vida, o bien segundos, minutos, horas, días, meses, años, pero todo tiene un propósito: vienen a enseñarnos o ellos a aprender algo de nosotros, inclusive, hay personas que se bajan de nuestro tren y después de tiempo vuelven a subirse, no se concluyó el aprendizaje, eso es definitivo. Habrá que atesorar a las personas que vienen con amor, y de ser posible, regresarles ese amor. En esto de las relaciones personales, cuando alguien se aleja de nosotros habrá que dejarlos ir, el desapego es parte de los procesos de vida amigos, doloroso sin duda, pero nadie es indispensable en la vida, aunque creamos que nos moriremos sin tal o cual persona, no es así. Aunque conozco algunos casos de matrimonios que muriendo uno, al otro día muere el otro, también a sólo semanas, o por espacio de un año. Como se dice, murió por amor, o de tristeza, volvemos a la percepción nuevamente, según como cada uno vea la situación. Aquí la reflexión es: vivamos al 100 % la vida que Dios nos regaló, cuidemos de nuestra alma y espíritu, y del cuerpo que la aloja. No ponernos en riesgo, vayamos con tiempo a nuestros compromisos, todo en algún momento puede fallar, y en el momento menos esperado.

Valoremos nuestra vida y la vida de los demás, así como ellos la nuestra, el tiempo que estén.

Les dejo un abrazo fraternal amigos queridos, su amiga Verónica, hasta la próxima, Diosito por delante.

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