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Rubén Aguilar Valenzuela
Rubén Aguilar Valenzuela
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Rubén Aguilar Valenzuela. Licenciado en Filosofía, Maestro en Sociología y Doctor en Ciencias Sociales. Presidente Ejecutivo de Afan y Asociados, S.C. Es profesor de Ciencias Políticas y de Comunicación en la Universidad Iberoamericana. Fue Coordinador de Comunicación Social y portavoz de la Presidencia de la República (2004 al 2006) y también de la Secretaría Particular del Presidente (2002 al 2004). Ha sido consultor de UNICEF, UNESCO, OEA, PNUD, BID, BM, UE y agencias de cooperación de Holanda, Alemania y Estados Unidos. En México del IMSS, DIF-Nacional, INI, la Secretaría de Desarrollo Social del gobierno de la Ciudad de México y de la Coordinación Presidencial para la Alianza Ciudadana. Fue editor de la revista Cuadernos del Tercer Mundo. Editorialista de El Universal (México), El Financiero (México) y articulista de las revistas Estrategia y Proceso. Actualmente su columna se publica dos veces por semana en El Economista (México) y una veintena de periódicos de los estados. Escribe mensualmente en la revista Etcétera temas de comunicación política. Es autor de quince libros. Los más recientes: La comunicación presidencial en México 1988-2012 en colaboración con Yolanda Meyenberg Leycegui (2015), Los saldos del narco: el fracaso de una guerra, en colaboración con Jorge Castañeda (2012), y La Sociedad Civil en México (2012).

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13 Agosto 2018 04:00:00
El triunfo del nacionalismo revolucionario
Al término del mandato de Lázaro Cárdenas (1934-1940) se crea al interior del Partido de la Revolución Mexicana (PRM), –que va de 1938 a 1946–, y después en el Partido Revolucionario Institucional (PRI) –que se extiende de 1946 al presente–, la corriente del cardenismo que se identifica con el nacionalismo y el compromiso social.

Cuando termina el período del presidente Miguel Alemán (1946-1952) surge la corriente del alemanismo, que se asocia a la modernidad y la participación de la empresa en el desarrollo de la economía. A partir de ese momento al seno del PRI se enfrentan dos visiones de la política y el mundo.

Las diferencias entre estas corrientes nunca fueron radicales y convivían, pero sí expresaban énfasis en la interpretación del legado de la Revolución Mexicana y hacían también relación a la manera de hacer política y relacionarse con las bases del partido y con la sociedad.

El mayor enfrentamiento entre el cardenismo y el alemanismo, que después se identifican con los nacionalistas revolucionarios y los tecnócratas neoliberales, tiene lugar a mediados de los 80, formalmente en 1986, con el surgimiento de la Corriente Democrática al interior del PRI.

La crean Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Navarrete y Rodolfo González Guevara, ente otros. Al grupo se incorpora Andrés Manuel López Obrador. Piden al presidente Miguel de la Madrid (1982-1988) reglas claras para elegir al candidato del PRI en la próxima elección. Ellos quieren participar en el proceso.

El Presidente, como lo habían hecho todos sus antecesores, nombra al candidato de su partido y elige a Carlos Salinas de Gortari (1988-1994). En 1988, la Corriente Democrática opta por dejar el PRI y se asume como la legítima representante del nacionalismo revolucionario. En el PRI se queda el grupo de los tecnócratas neoliberales.

En 1988, Cuauhtémoc Cárdenas postulado por el Frente Democrático Nacional (FDN), agrupación de fuerzas políticas, compite por la Presidencia de la República.

Las dos corrientes se enfrentan por primera vez fuera del PRI. Los nacionalistas revolucionarios pierden en una elección muy cuestionada. En 1989 esta corriente, con otros grupos, funda al Partido de la Revolución Democrática (PRD).

El PRI y el PRD se enfrentan en las elecciones de 1994 con Ernesto Zedillo y Cárdenas, gana el PRI; en 2000 con Francisco Labastida y Cárdenas donde por primera vez triunfa el PAN; en 2006 con Roberto Madrazo y López Obrador y otra vez gana el PAN; en 2012 con Enrique Peña Nieto y López Obrador, el PRI se hace de la victoria.

En 2012, López Obrador se separa del PRD e inicia la construcción del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), que en 2014 obtiene su registro como partido. Con López Obrador se va el nacionalismo revolucionario. A lo largo de 2017 y ya en 2018, ante su éxito en las encuestas, se suman más integrantes de esta corriente que abandonan al PRD y al PRI.

López Obrador triunfa de manera contundente en la elección presidencial de 2018. La corriente del nacionalismo revolucionario gana la Presidencia de la República 30 años después de haberse salido del PRI.

Ahora Morena es su expresión. Es una victoria aplastante y definitiva sobre los tecnócratas neoliberales.
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