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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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30 Mayo 2018 04:09:00
El túnel del tiempo
Las luces de alternancia en México –orientada esta vez hacia la izquierda– atraen la atención de la prensa internacional y de escritores como el Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, quien ha advertido en diversos foros sobre el riesgo de elegir a AMLO. En agosto de 1990, cuatro meses después de perder la Presidencia del Perú frente al populista Alberto Fujimori, y en plena borrachera salinista, Vargas Llosa acuñó una frase revulsiva que, en la circunstancia actual, quizá resulte premonitoria (entrar en el túnel del tiempo y regresar al pasado): “México es la dictadura perfecta”.

Durante su participación en el encuentro El Siglo XX: la Experiencia de la Libertad, el autor de La Fiesta del Chivo precisó que “La dictadura perfecta no es el comunismo. No es la URSS. No es Fidel Castro. La dictadura perfecta es México”. Aunque camuflada, “tiene de hecho, si uno escarba, todas las características de la dictadura: la permanencia, no de un hombre, pero sí de un partido. Un partido que es inamovible”. Por cortesía o acaso para matizar su “inelegancia”, celebró la “democratización actual” de México.

¿Ironía? Dos años antes, la elección fraudulenta de Carlos Salinas dejó en el camino decenas de muertos, entre simpatizantes y colaboradores de Cuauhtémoc Cárdenas, principal candidato opositor. Apenas en 1989, el PRI había reconocido su primera derrota estatal (en Baja California) después del “fraude patriótico” en Chihuahua. Vargas Llosa incomodó a sus anfitriones, entre ellos Octavio Paz, pero no bajó la guardia: “Yo no creo que haya en América Latina ningún caso de sistema de dictadura que haya reclutado tan eficientemente al medio intelectual, sobornándolo de una manera muy sutil”.

Con La Verdad de las Mentiras recién salido de la imprenta, Vargas Llosa no se fue por las ramas: “Tan es dictadura la mexicana que todas las dictaduras latinoamericanas, desde que yo tengo uso de razón, han tratado de crear algo equivalente al PRI”. Alberto Fujimori, quien lo derrotó en segunda vuelta, le dio la razón: con argucias, reformas a la Constitución y un autogolpe de Estado, devino en dictador. Su gobierno resultó ser uno de los más corruptos y represivos de América Latina.

Fujimori se apropió de 600 millones de dólares durante la década que ostentó el poder, según Transparencia Internacional, de los cuales, hasta 2009, el Estado sólo había recuperado 160 millones. El Presidente aprovechó una cumbre del Foro de Cooperación Asia-Pacífico (APEC, por sus siglas en inglés) para exiliarse en Japón, cuya nacionalidad también poseía. Extraditado en 2007, dos años más tarde fue condenado a 25 años de prisión por las masacres de Barrios Altos (1991) y La Cantuta (1992), cometidas por el escuadrón militar La Colina, así como por el secuestro del empresario Samuel Dyer y del periodista Gustavo Gorriti. En 2009 se le agregaron siete años y medio de pena por los delitos de peculado doloso, apropiación de fondos públicos y falsedad ideológica en agravio del estado (Wikipedia).

El presidente Pedro Pablo Kuc-zynski indultó a Fujimori el 27 de diciembre pasado por razones “humanitarias”, pero en realidad lo hizo para cubrirse las espaldas. Sin embargo, la sombra de Odebrecht lo alcanzó. La constructora brasileña pagó casi 800 mil dólares a una de sus empresas cuando desempeñaba la cartera de Economía y presidía el Consejo de Ministros en el gobierno de Ollanta Humala. Kuczynski renunció el 21 de marzo pasado tras la difusión de videos que lo relacionaban con un intento de soborno en el Congreso para evitar el segundo pedido de vacancia presidencial y continuar en el cargo. ¿México entrará al túnel del tiempo?
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