×
Antonio Navalón
Antonio Navalón
ver +
Periodista, voyerista de la vida y vendedor de libros. www.antonionavalon.com

" Comentar Imprimir
15 Noviembre 2011 04:00:11
El último noviembre
Noviembre es un mal mes para el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa y en especial para sus más leales amigos. Antes era únicamente una mala fecha en el terreno personal, ahora también lo es en el político tras lo sucedido en las elecciones de Michoacán.

Fue el noviembre de hace tres años cuando, casi al mismo tiempo que el mundo conoció la victoria de Barack Obama, el presidente Calderón sentía la pérdida de su amigo, su hermano, el arquitecto de su éxito –según confesión propia–, Juan Camilo Mouriño.

Siempre lo he dicho: amo mi pertenencia a este país porque en México nunca se sabe. Sin duda, todas las muertes son inconvenientes tanto para quienes la sufren como para quienes les rodean, sin embargo, ésta ha sido una de las de mayor significación política, sobre todo en el ocaso sexenal.

Francisco Blake Mora no fue en vida un político brillante. De hecho, fue el único secretario de Gobernación que, en los últimos 50 años, mostró una imagen de completa soledad. Por ejemplo, en el cumpleaños del Presidente estaba solo, absolutamente solo.

¿Quiere decir eso que no importaba? No, significa que cuando el Presidente de México eligió a Blake entre otros candidatos lo hizo pensando en su amigo fiel con la idea de que él haría lo que debía: sería el secretario de Gobernación visible del gobierno que quería hacer Felipe Calderón. Sólo eso, nada más.

Los helicópteros y los aviones se llevan muy mal con el gobierno panista. Recuérdese a Ramón Martín Huerta, recuérdese aquel helicóptero que también se cayó. ¿Mala suerte? Ya lo decía Napoleón: quiero que mis generales sean hasta apuestos, quiero que sean valientes, quiero que sepan lo que hacen, pero, sobre todas las cosas, quiero que tengan buena suerte.

En lo personal la muerte de Francisco Blake Mora es muy trágica y en lo institucional significa una decisión muy delicada para Calderón. Aunque en democracia todo está muy claro y todo es muy transparente, hay una parte que pertenece al lado oscuro –que no es ilegal o malo, es sólo oscuro–: la maniobra presidencial que el primer mandatario deberá hacer y que, sin duda, ya está barajando entre sus dedos.

En este momento, jugando tan fuerte como lo ha hecho –contra todo y todos–, tener un buen encargado de despacho en Gobernación es fundamental.

Juan Camilo Mouriño era más que un secretario, más que un amigo, más que un hermano: era un socio vital del Presidente. Fernando Gómez Mont es un gran abogado y una gran personalidad política, pero no era el encargado de despacho que quería y necesitaba Felipe Calderón para llevar a cabo su juego. Para eso necesitaba al discreto, silencioso y muchas veces incomprensible de Francisco Blake Mora.

Así como Lady Macbeth, en la tragedia de Shakespeare, le da el cuchillo para asesinar al sueño, ahora la consejera del presidente de México quiere colocar a Alejandro Poiré como secretario de Gobernación.

Elija a quien elija, y parece que la elección será de alguien muy cercano –tal vez la puerta de enfrente–, Calderón debe saber que ya nada será igual porque ponga a quien ponga, aunque le quiera servir, no lo hará hasta el extremo de ser un secretario de Gobernación solo, absolutamente solo, sirviendo únicamente a lo que el señor Presidente le diga.

P.D. En Michoacán hay claro ganador: contra todo, pese a todo, contra cualquier pronóstico, el PRI del muy desgastado y fogueado Humberto Moreira ganó.
Imprimir
COMENTARIOS



5 6 7 8 9 0 1 2