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14 Junio 2018 04:00:00
El verdadero problema
Por: Edmundo Martínez Treviño

En junio de 2008 se reformaron los artículos del 16 al 22 de nuestra Carta Magna para implementar el sistema acusatorio penal; con esta reforma se deja atrás el sistema tradicional de corte inquisitivo y se instituyó un sistema penal de corte acusatorio y oral.

Este nuevo paradigma del derecho mexicano se recibió en forma contrastante entre los juristas e intelectuales de nuestro país, se realizaron desde duras críticas hasta los mejores augurios.

No era para menos la gran algarabía intelectual, ya que el cambio del sistema en comento era de raíz.

Fue un cambio estructural y transformó la forma de impartir justicia penal en nuestro país; al dejar atrás características del sistema tradicional como el sigilo del Ministerio Público, la desigualdad entre las partes; toda vez que el justiciable litigaba contra una autoridad en circunstancias de desventaja, el Ministerio Público actuaba con superioridad pues tenía fe pública y desahogaba pruebas ante sí mismo, también la prisión preventiva era la regla general, lo cual dejaba en “ letra muerta” el principio de presunción de inocencia, además el juez no estaba presente en las audiencias; el proceso era lento con expedientes hechos unos mamotretos y no se llegaba pronto a una sentencia.

En contraste, en el sistema acusatorio el sigilo del Ministerio Público de-sapareció, ya que no puede actuar a escondidas del imputado y su defensor; de la misma manera el fiscal ya no interviene como autoridad ante el juez, sino que se convierte en un sujeto procesal igual que el inculpado; el juez esta presente en todas las audiencias, se privilegia la presunción de inocencia y “grosso modo” se actúa bajo los principios de publicidad, contradicción, concentración, continuidad e inmediación.

Los precursores de la reforma de 2008 tuvieron grandes esperanzas respecto de que la justicia penal fuera más garantista, pronta y expedita; pero en la realidad esto no ha sucedido; en mi opinión, el problema de la implementación del Sistema Penal Acusatorio no es por deficiencias en la letra de la ley o por falta de presupuesto para nueva infraestructura o capacitación, sino por una situación sociológica que tiene que ver con la idiosincrasia del mexicano.

El tema de la idiosincrasia del mexicano es muy amplio, pero no es la cuestión central de este escrito y mencionaré sólo una característica: no tenemos “cultura de la legalidad”. Esta característica entra en conflicto directo con varios principios del sistema acusatorio, sobre todo el de lealtad entre las partes, así como en el de objetividad que debe observar el Ministerio Público, ya que para cumplir con estos se necesita tener la idiosincrasia de un inglés o un estadunidense, lo cual nos lleva a mencionar que el choque cultural es causado también porque el nacimiento de este sistema fue en un país cuya población tiene una forma de ser muy distinta a la de los mexicanos.

Al entrar al análisis histórico del sistema acusatorio encontramos que este surgió, como ahora lo conocemos, en Inglaterra y se desarrolló en países como Alemania y Estados Unidos. Es por demás evidente que la idiosincrasia de la población de esos países sajones es totalmente diferente a la nuestra y de ahí el conflicto cultural, que constituye una de las causas de que no funcione de manera práctica en nuestro país.

En conclusión, es evidente que por el choque cultural que produjo el implantar un sistema procesal penal que viene de una cultura sajona, se estén teniendo problemas sociológicos y culturales para que opere adecuadamente. No considero que la reforma de 2008 sea una mala idea, ya que idiosincrasia diferente o no, nuestro México debe ver hacia adelante y buscar día con día ser un mejor país, con una cultura de la legalidad arraigada y como consecuencia existan operadores del sistema penal que trabajen adecuadamente para que la impartición de la justicia sea pronta y expedita, pero esto se logrará no sólo reformando leyes, sino mejorando la formación de las siguientes generaciones mexicanas.
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