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Raymundo Riva Palacio
Raymundo Riva Palacio
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05 Abril 2018 04:00:00
El Viacrucis que desquició a Trump
Fray Tomás González es un hombre que combina amabilidad con un carácter fuerte. Hacia finales del año 2010 fundó, en Tenosique, Tabasco, un albergue para acoger a los migrantes centroamericanos que vienen escapando de Honduras, El Salvador, Nicaragua y Guatemala, por razones siempre humillantes, violentas e injustas.

La 72, Hogar Refugio para Personas Migrantes, es un oasis en medio de una ruta de viaje donde ocurren eventos horrendos. Ahí son albergadas mujeres violadas, niñas y niños que viajan sin compañía, jóvenes torturados por el crimen organizado, adultos mayores cuya condición física les impide seguir adelante.

La casa fundada por fray Tomás González recibió en el año 2016 a 13 mil 800 personas. Más que una casa de acogida, La 72 es un campo de refugiados: alimentar, alojar, sanar, atender sicológicamente y acompañar legalmente a tantos seres humanos no es, en modo alguno, tarea sencilla.

El Gobierno mexicano fue, desde el origen, enemigo feroz de la tarea emprendida por este padre franciscano y sus compañeros de orden religiosa. En febrero del año pasado, por ejemplo, fray Bernardo Molina, quien también trabaja para La 72, fue denunciado por el delegado del Instituto Nacional de Migración en Tabasco: lo acusó de traficar con personas. La Procuraduría General de la República dio cauce a esa denuncia y abrió investigación en contra del religioso.

Fray Bernardo se defendió explicando que su labor se limita a recorrer las rutas de la migración, que atraviesan por Palenque y Tenosique, con el propósito de llevar a los migrantes más necesitados a La 72, para que encuentren paz por unos cuantos días.

Es frecuente esta persecución del Estado mexicano en contra de los defensores de derechos humanos que protegen a las personas migrantes. Se trata de un síntoma más de la política represiva que, desde la Federación, se mantiene en contra de esos centroamericanos.

A principios de año, la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), publicó un reporte sobre la situación de los migrantes en la frontera sur de México donde se advierte que: “los delitos y abusos contra migrantes que viajan a través de México siguen ocurriendo a niveles alarmantes y los albergues han observado un grado más intenso de violencia”.

La administración de Enrique Peña Nieto decidió nombrar al frente del Instituto Nacional de Migración (INM) a quien fuera jefe del Estado Mayor de la Policía Federal y luego comisionado de la policía federal: Ardelio Vargas Fosado.

Ese día el Presidente decidió que la política migratoria mexicana tendría como columna vertebral el criterio policiaco, y así le ha ido a los migrantes desde entonces: de un lado los violenta el Gobierno y del otro las bandas del crimen organizado, muchas veces protegidas por la misma autoridad.

Donald Trump no tendría por qué quejarse: hemos sido el cadenero feroz del antro, tal como nos fue instruido.

Para denunciar las políticas aberrantes en contra de los migrantes centroamericanos que cruzan por nuestro territorio, los frailes de La 72 organizan, desde el año 2010, una caravana de denuncia, que llaman Viacrucis del Migrante porque sucede en fechas de la Semana Santa. Aclaran los convocantes que no se trata sólo de un acto religioso, porque abarca una dimensión humana amplia.

Este año, el Viacrucis reunió a más de mil 500 personas que partieron de la ciudad de Tapachula, el día 25 de marzo, y pretenden llegar a la frontera con Estados Unidos a más tardar este próximo fin de semana.

En un 80% son migrantes hondureños, pero también se cuentan entre ellos hombres, mujeres y niños guatemaltecos, nicaragüenses y salvadoreños. No es su propósito cruzar al país vecino, sino visibilizar en México un fenómeno alarmante –por sus proporciones y consecuencias– en contra de la dignidad humana.

Pues esta caravana es la razón por la cual el Presidente estadunidense montó en cólera, al punto de ordenar la militarización de su respectiva línea divisoria. Por este mismo motivo ordenó a sus amigos mexicanos que endurezcan –todavía más– la violencia contra las víctimas centroamericanas de la migración forzada.

ZOOM: Si José Antonio Meade, Ricardo Anaya, Andrés Manuel López Obrador y Margarita Zavala tienen algo que decir al respecto, mejor que se sumen al Viacrucis del Migrante, en vez de responder con demagogia a la demagogia del señor Donald Trump. ¿Qué tal si esos cuatro, y muchos otros mexicanos, nos damos cita este fin de semana donde los frailes de Tenosique hayan convocado para repudiar la barbaridad?
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