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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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20 Enero 2017 03:00:00
El voto de bolsillo
“La gente siempre vota por su bolsillo”, escribe Ronald Reagan, expresidente de Estados Unidos, en sus memorias Una Vida Americana. El avance económico de su primer mandato le permitió una victoria aplastante para un segundo periodo. En los ocho años de su gobierno, comprendidos entre 1981 y 1989, el PIB pasó de menos 0.3% a más del 4%, se crearon 20 millones de nuevos empleos y la inflación bajó de 13.5% a 4.1%. La gente premia o castiga al Gobierno según va la economía.

En nuestro país, el bolsillo de los mexicanos no le importa al presidente Peña Nieto, sino ganar elecciones. ¿Pero cómo? Con dinero de los contribuyentes, mediante deuda e impuestos aplicados a las gasolinas y el diésel. Haber dejado la economía en manos de Luis Videgaray, político soberbio e inescrupuloso, tiene a México al borde de la quiebra. Sostenerlo después del escándalo por la compra de una casa de 7.5 millones de pesos en Malinalco, Estado de México, al mismo contratista (Juan Manuel Hinojosa) que vendió la “casa blanca” a la pareja presidencial (The Wall Street Journal 11.12.14), fue un premio a la corrupción.

Peña ofreció un crecimiento anual del PIB del 6%, pero el mayor registrado hasta ahora ha sido de 2.5% en 2015 (INEGI). El año pasado cerró en 2.1% y para 2017 se prevé entre 1.5 y 1.7%, de acuerdo con especialistas. El gasolinazo y los aumentos al gas y a las tarifas eléctricas podrían elevar la inflación a 5%. El dólar se devaluó casi 60% en los dos últimos años, y la deuda bruta del sector público, con respecto al PIB, se disparó de 31.8% (2010) a casi 51.9% (2016) (FMI). Videgaray no fue despedido de Hacienda por su fracaso. La influencia del flamante secretario de Relaciones Exteriores sobre Peña es sospechosa.

Entre 2001 y 2005, Videgaray se desempeñó como director de Finanzas Públicas de la consultora Protego, cuyo propietario Pedro Aspe fue secretario de Hacienda de Carlos Salinas de Gortari. En ese sexenio se gestó la crisis financiera de 1995, conocida popularmente como “el error de diciembre”. Videgaray organizó la visita de Donald Trump a nuestro país, el 31 de agosto pasado, por lo cual se le considera traidor, junto con el Presidente. Peña recibió al entonces candidato republicano sólo para ser humillado frente a la prensa nacional y extranjera.

Antes de asumir hoy la Presidencia, Trump respondió la cortesía del tándem Videgaray-Peña: forzó a empresas estadunidenses a cancelar proyectos en nuestro país. Ford se resistió varios meses, pero el 3 de enero anunció la suspensión de una planta de mil 600 millones de dólares en San Luis Potosí. La empresa trasladará parte de esa inversión a sus instalaciones en Flat Rock, Michigan. México perdió 2 mil 800 nuevas fuentes de trabajo. General Motors y Fiat Chrysler –con fuerte presencia en Coahuila– también están en la mira del nuevo inquilino de la Casa Blanca.

Mientras Trump avanzaba su agenda contra México y el país bullía por el gasolinazo, Peña jugaba golf en Mazatlán y José Antonio Meade provocaba a la población. Decir que los aumentos no afectan el bolsillo de los mexicanos es absurdo y lo descalifica como secretario de Hacienda. La economía se maneja desde Los Pinos, como en tiempos de Echeverría. El país vuelve a entrar en crisis. Ofuscado, el presidente y el PRI piensan que ganarán las elecciones de este año y de 2018. Tampoco han leído a Reagan.
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