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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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28 Mayo 2017 04:01:00
Elecciones inéditas
Dentro de siete días los coahuilenses tendremos unas elecciones a las que con toda justicia se les aplica el adjetivo de inéditas. Y lo son por diferentes causas. Una de ellas, quizá la principal, es el número nunca visto de aspirantes al Gobierno del Estado, los que, como usted sabe, son cinco, ya descontando al que abandonó la competencia para unirse al candidato de Morena, Armando Guadiana Santana Tijerina.

Otra de las novedades: por primera vez en la historia de la entidad estarán presentes dos candidatos independientes. Uno de ellos, Javier Guerrero, dejó las filas del Revolucionario en busca del triunfo sin el cobijo de un partido. El otro independiente fue una sorpresa: Luis Horacio Salinas Valdez, miembro de una familia de antigua raigambre priista –su abuelo fue alcalde de Saltillo, diputado federal y funcionario público, y uno de sus sobrinos es hoy candidato a Presidente Municipal de Saltillo– se apuntó inesperadamente en la competencia.

También, después de los sonados tropiezos sufridos con anterioridad por quienes realizan sondeos, las encuestas dejaron de pesar en el ánimo de los electores. Ahora las hay cortadas al gusto del cliente, de todos los colores, sabores y medidas. Difieren tanto en los resultados unas de las otras, que en el remoto caso de que alguien intentara guiarse por ellas, de seguro acabaría sumido en la más oscura confusión. El de encuestador político es una profesión en agonía, herida de muerte por sus continuos errores de cálculo. Sin embargo, de seguro no faltarán todavía los que, víctimas del síndrome de Blanca Nieves, continúen preguntándoles quién es el más popular del reino.

Un nuevo factor cuyo impacto se verá el domingo próximo, es el de las redes sociales. Por primera vez son parte de una contienda preelectoral en Coahuila, y resulta ahora imposible predecir su efectividad como herramientas influyentes en el ánimo de los votantes. El abuso que se ha hecho de ellas, tanto para trasmitir información falsa como servir de vomitorio donde arrojar frustraciones y antipatías, acabaron por convertirlas en indeseable aportación al desconcierto general. Lo ideal es que los electores sean capaces de separar la inútil paja cibernética del trigo de la información respaldada.

Lo mismo puede decirse de las noticias falsas, a las que algunos periodistas mexicanos prefieren llamarlas en inglés: fake news. (Seguramente les parece muy elegante). El fuego graneado de las noticias falsas se disparó en todas direcciones, y puede decirse que casi ninguno de los aspirantes a ocupar el despacho principal del Palacio Rosa salió sin mancha de la guerra de lodo, aunque los blancos predilectos fueron, lógicamente, quienes tienen posibilidades de obtener una votación abultada.

Tampoco es de olvidarse el entorno nacional plagado de noticias desalentadoras, suspicacias y revelaciones escandalosas sobre actos de corrupción de dimensiones nunca antes vistas.

La barahúnda ha sido ensordecedora. ¿Cómo podrá el elector ponderar los pros y los contras de los candidatos y sus propuestas después de haber transitado durante meses por una selva de información, desinformación, noticias sin fundamento y señalamientos mutuos? Dada esta atmósfera, las ya inminentes elecciones exigirán en las urnas a ciudadanos reflexivos, capaces de meditar detenidamente el valor de su voto y el modo en que este podrá influir en el futuro de la entidad, sin esperar que otros decidan por él. 
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