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Carlos Gutiérrez Montenegro
Carlos Gutiérrez Montenegro
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Psicólogo, Maestro en Enseñanza Superior por la Universidad Autónoma de Nuevo León, actualmente desarrolla su campo en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Saltillo, como coordinador de investigación; en el Centro de Asesorías, A.C. como psicoterapeuta psicoanalítico; Asesor técnico del Centro de Investigaciones Psicopedagógicas, de la Dirección de Educación Especial de la Secretaría de Educación y Cultura del Gobierno de Coahuila; Productor de contenido del programa “De Frente” y editorialista del canal 7 RCG de televisión, además de articulista del periódico “Zócalo” de Saltillo. Algunos de sus escritos e investigaciones son: "PSICOANALISIS Y SOCIEDAD", publicado por la Universidad Veracruzana en 1982, el 'ESQUEMA DE LA PUBLICIDAD', también publicada por la Universidad Veracruzana en 1984, la 'ESCUELA PARA PADRES", publicada por la Secretaría de Educación Pública de Coahuila y el Instituto de Servicios Educativos del Estado de Coahuila, en 1993 (primera edición) y en 1994 (segunda edición). Además, la investigación llamada ‘ESTUDIO EXPLORATORIO Y PROSPECTIVA DEL PROGRAMA MECED EN EL ESTADO DE COAHUILA’, realizada en una colaboración conjunta de la UPN con el DIF Estatal y la Secretaría de Educación Publica de Coahuila y la investigación “ESTUDIO DE LAS CONDICIONES DETERMINANTES DE LA REPROBACIÓN EN LA UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE COAHUILA”, de reciente publicación.

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25 Junio 2018 03:00:00
Elecciones para una democracia imperfecta
Vamos a votar el próximo domingo y de nuestro voto universal y secreto surgirá el nuevo presidente que nos ha de guiar por los futuros seis años, hacia una catástrofe o a un desarrollo prometedor.

O lo más probable, hacia una medianía como en todo este tiempo transcurrido. Votaremos y nuestra decisión, aunada a muchas, escogerá el próximo proyecto de país.

Pero para que la democracia fuera más perfecta no todos los votos deberían contar igual. Así como no dejamos votar a los menores de 18 años, deberíamos hacer voto ponderado: si conoces el programa político de todos los candidatos, tu voto vale triple.

Si solamente el de un candidato, vale doble y si no conoces el de ninguno y tu acto es irreflexivo y emocional, solamente contará uno. Y es que en estas votaciones una gran cantidad de gente ha formado sus decisiones mediante criterios no reflexivos, más emocionales que objetivos e influidos por la propaganda de todo tipo que construye deformaciones perceptuales graves con sesgos basados en prejuicios, malos entendidos y sin estar atentos a la ideología de cada propuesta (en donde la ideología es la visión del mundo que dirige el proyecto político).

Estas campañas se han caracterizado por la polarización que fija criterios sin explicarlos y por la increíble influencia de dos instrumentos que sólo deberían ser de apoyo y se han hecho norma: las encuestas y las redes sociales, que han disparado el instinto gregario de manera inusitada y han declarado verdaderas muchas falacias lógicas y sesgos perceptuales, como el Efecto de Falso Consenso, en donde cientos de miles de personas están absolutamente convencidas que su elección de presidente la sigue todo el país, sin ninguna clase de duda.

O el Efecto de Anclaje, en donde se fijan para su toma de decisión en un limitado número de datos, como ese argumento de que López Obrador es honesto porque puede andar por la CDMX sin escoltas.

Estos errores perceptuales no son gratuitos ni espontáneos. Nacen de la falta generalizada de información, porque gran cantidad de gente no acostumbra la lectura o la exploración de las ideas ni le preocupa distinguir entre lo racional y lo emocional, la noticia falsa de la objetiva ni quiere dejar de pensar en imágenes para pasar a pensar en conceptos.

Eso lo saben los publicistas de todos los candidatos y se han dedicado a construir retratos vívidos pero cuestionables de las figuras presidenciales.

Las redes sociales prestan un servicio incomparable para construir estas representaciones icónicas, porque quienes las construyen saben que en base al efecto de la heurística de la disponibilidad, la gente común piensa que entre más fácil pueda recordar una imagen o la idea que la acompaña más importante y cierta pudiera ser en la realidad y es en base a este principio que ideas falsas pero persistentes se han mantenido como verdaderas durante siglos.

El otro instrumento que ha tenido acción sobresaliente en estos tiempos electorales es la encuesta. No las encuestas de verdad, porque no las conocemos (esas que se hacen con bases de datos actualizadas y nacionales, que son estratificadas y por cuotas) y que los estrategas de cada campaña se han cuidado mucho de no publicarlas, sino las encuestas-basura, que tienen una insignificante muestra, bases de datos antiguas y dudosa estructura metodológica, pero que son ampliamente difundidas por los medios masivos de comunicación y, lo peor, sus resultados creídos como si fueran reales.

Al margen del resultado que arrojan las encuestas, hay una fuerte probabilidad de que el candidato López Obrador gane las elecciones. Esto sigue asombrando no solamente por la evidente actitud de clientelismo político, en donde dice lo que la gente quiere oír (no importa que tan disparatado sea) y luego se desdice convenciendo a la gente que además hay otras ideas que deben valorar (vg. el nuevo aeropuerto).

A pesar de que su personalidad proyecta ese Síndrome de Hybris que el neurólogo David Owen se ha hecho popular personificación del atrevimiento, de la transgresión de las normas generales de la comunidad, la insolencia, con ideas preconcebidas que no cambia, el rechazo a todas las ideas que no sean acordes a las suyas, exceso de confianza en sí mismo, trato prepotente, conducta narcisista y sensación de ser insustituible y aun así es para millones de personas el líder perfecto que la nación necesita. O vos, qui intratis, omni spe auferte!

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