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Gabriel Martínez García
Gabriel Martínez García
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Editor de la sección de Negocios de Periódico Zócalo Saltillo

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03 Octubre 2016 03:00:00
Elevar la tasa, error del Banxico
Vaya que le ha llovido a Agustín Carstens por parte de analistas, economistas y gente que le sabe al tema de los intereses, por haber incrementado en medio punto la tasa de interés referencial, de 4.25 a 4.75%, adelantándose a la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos, que todo parece indicar que tomará esa decisión en diciembre próximo.

La medida, consideran los que saben, llega definitivamente en el momento menos adecuado porque lo que más necesita actualmente nuestro país es crédito, financiamiento para crecer, y el hecho de haber incrementado la tasa va a encarecer severamente los recursos. 

Así, en lugar de impulsarse el crecimiento, la economía se va a contraer porque todo se va a encarecer, y las deudas, llámense públicas o particulares, van a aumentar por los intereses más altos.

El incremento de las tasas llega en un momento en el cual el peso está muy presionado y así lo refleja el tipo de cambio, y no sólo por el “efecto Trump”, también por la excesiva deuda pública y los continuos errores del Gobierno federal que tienen a los ciudadanos sumamente decepcionados.

Y es que en lugar de implementar una política fiscal que represente un estímulo para el crecimiento, el Gobierno federal sigue incrementando el precio de las gasolinas, y aunque ya no tuvo el descaro de hacerlo con las gasolinas, al diésel sí le subieron el precio, con todo lo que ello impacta al transporte en todas sus modalidades.

Por si fuera poco, salvo el proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, no hay obras de infraestructura por parte del Gobierno federal que vengan a generar derrama económica en las diversas regiones del país, y para acabarla de amolar, la mayoría de los estados tampoco puede generar una dinámica en ese sentido, pues están sobreendeudados.

Y para terminar de enturbiar el panorama, al presidente Enrique Peña Nieto se le ocurre decir públicamente que en México “la corrupción somos todos” y que aquel que esté libre de culpa que lance la primera piedra.

¿Todos, kimosabi?, diría Toro, el fiel compañero del Llanero Solitario.
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