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Cristina Orozco
Cristina Orozco
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23 Diciembre 2017 04:09:00
Embrollos navideños
El año culmina, el tiempo hizo lo suyo, estamos aquí listos para sobrevivir los embrollos navideños una vez más.

Es inevitable no reflexionar en el año que se diluyó entre meses, semanas, días y horas. Mientras andamos en los escenarios que marcan nuestra realidad destaca el tema del buen negocio económico que representa la Navidad.

Desde que se empiezan a instalar la ornamentación en ciudades, jardines, tiendas y casas, un espíritu navideño poco a poco, intenta poseernos: se inician planes de vacaciones y se arman las posadas; se incita a la compra de regalos para amigos, colegas y familiares; dan ganas de gastar en uno mismo para estrenar algo en las fechas; se reciben aguinaldos, lo que provoca una sonrisa y, se programan los gastos de viaje para como dicen por ahí “recargar la cruz” en los embrollos navideños, caerles a los familiares que viven fuera de la ciudad, en fin, es época de gastar.

La Navidad es la excusa perfecta para comprar alimentos que sobrepasan las finanzas de la economía familiar y, peor aún, trastornan la salud y la figura corporal por los excesos en la ingesta de: tamales, quesos, jamones, pastas, enlatados, alimentos procesados, vinos, licores, chocolates y demás postres compartiendo con las personas que, en la lotería de la vida, resultaron ser tus más allegados.

Acerca del significado religioso de la Navidad, los eruditos de instituciones católicas y protestantes celebran entre ritos la importancia de esta fecha, hablan de la felicidad que debe sentirse en los corazones y estar pletóricos de esperanza para contagiar a los niños y jóvenes del nacimiento del Salvador.

En general es la noche buena, por lo cual, en unos minutos de nuestros ocupados días se cimbran en la auto introspección, en el afán de renovarse, agradecer las bendiciones recibidas en el año; las venideras y, principalmente, como Miss Universo, deseamos paz mundial.

Temas bien entendidos, lo de gastar, de echarle al rebane y reflexionar en la vida en general. Pero, conforme la fecha se aproxima, lo general se torna particular, lo trivial es significante y, entrañablemente, se extrañan las horas y los instantes compartidos a quienes, en un rincón del alma, nos habitan en intervalos de insondables silencios, pero en esta época de golpe estallan. Son ellos y ellas, los de uno mismo, los presentes ausentes que nos visitan en sueños y nos alivian tras desbocar las cargadas lágrimas que no se analizan.

Declaro treguas de levedad para quienes estén desazonados por alguna ausencia del corazón y para quienes, por algún motivo, se apesadumbren en esta época de embrollos navideños.
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